FOTOGALERÍA

El Prado, paisaje del primer amor de Jorge Luis Borges

“Villa Esther”, la quinta que aún conserva secretos de la infancia del escritor.

Jorge Luis Borges. Foto: Gentileza Pelayo Amorim
Villa Esther, la quinta de la familia Haedo en el Prado. Foto: Gentileza Pelayo Amorim
Esther de Haedo, la prima de Jorge Luis Borges, descansando en el Chalet Las Nubes de Salto. Foto: Gentileza Pelayo Amorim
Francisco Borges, abuelo uruguayo de Jorge Luis Borges. Foto: Gentileza Pelayo Amorim
Jorge Borges y Leonor Acevedo de Borges, padres de Borges. Foto: Gentileza Pelayo Amorim
Leonor Acevedo, madre de Borges, en Buenos Aires. Foto: Gentileza Pelayo Amorim
Leonor Suárez Haedo de Borges. Foto: Gentileza Pelayo Amorim
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DIEGO FISCHER06 ago 2017

En una quinta de la avenida Lucas Obes y 19 de Abril, en el Prado, transcurrieron los veranos de la infancia del escritor argentino Jorge Luis Borges. La enorme casona y su parque circundante, en el que hoy sobreviven las caballerizas convertidas en una residencia familiar, ocupaban casi dos manzanas. No existía entonces la calle Juan Carlos Blanco, por lo que la finca se extendía hasta la avenida Suárez. Borges evocó decenas de veces su infancia en esa quinta del "Paso del Molino", como se le denominaba al barrio entonces. La zona también es mencionada en varios de sus cuentos. La historia menos conocida es que allí, el autor de El Aleph se enamoró de su prima Esther de Haedo y los padres de ambos planearon un casamiento, que nunca se concretó.

"Villa Esther" se llamaba la quinta, en honor a la hija mayor de los dueños de casa: Francisco de Haedo Suárez y Clara Young.

De Haedo era primo hermano de Leonor Acevedo Suárez, madre de Borges, y tanto con ella como con su marido, Jorge Guillermo Borges, los unía además del parentesco, una gran amistad.

En más de una ocasión, el propio Borges afirmó que "había sido concebido" en la estancia San Francisco de los Haedo, en el departamento de Río Negro. El establecimiento permaneció en poder de la familia hasta hace algo más de una década, cuando fue comprado por un argentino. Tiene una extensión de casi 5 mil hectáreas de las mejores tierras que se pueden encontrar en Uruguay.

Su señorial casco en forma de U data de 1868, pero su historia se remonta a comienzos del siglo XVIII e involucra a las misiones de los jesuitas. Su patio central estaba poblado de centenarios olivos.

Por si le faltaba historia al establecimiento, Leonor Acevedo y Jorge Guillermo Borges concibieron allí a su primer hijo, que resultaría ser uno de los escritores más extraordinarios de la lengua española.

Se habían casado en Buenos Aires el 1° de octubre de 1898. Leonor tenía 22 años y Jorge Guillermo, 24. Pasaron parte de su luna de miel en el campo de sus parientes orientales. El 24 de agosto de 1899, en la capital argentina, nació Jorge Luis Borges. Dos años después, en marzo de 1901, llegaría Norah, la segunda hija del matrimonio.

Los Haedo tuvieron tres hijos: Esther (nacida en octubre de 1899, dos meses después que Borges); Aurora, nacida en 1891, y Carlos en 1895. De los tres, solo Esther vio la luz en la casa en que vivían entonces sus padres, en el centro de Montevideo. Sus dos hermanos nacieron en la quinta.

Se presume que la casona del Prado fue construida al promediar la década de 1880 y perteneció a la familia hasta 1948. Al principio, y a la usanza de aquellos tiempos, era la finca de veraneo. Quedaba en las afueras de la ciudad y la zona toda era el reducto que el patriciado y la alta burguesía habían elegido para edificar lujosas residencias en las que pasaban los meses más cálidos del año. Muy cerca estaba el Hotel del Prado, el paseo más elegante de aquellos tiempos, y el arroyo Miguelete, donde los jóvenes aprendían a nadar o pescaban.

Borges en Uruguay.

Los Borges llegaban a Montevideo a mediados de enero y permanecían en Villa Esther hasta comienzos de marzo. Durante esas largas vacaciones había escapadas al campo. En la estancia San Francisco, Jorge Luis practicaba natación en el arroyo Coladeras que bordea el establecimiento.

"El pobre Jorge ya era muy corto de vista", recordaba Esther de Haedo en una entrevista realizada por César Di Candia en 1990 y publicada en Búsqueda. Esther tenía entonces 91 años y recordaba que su primo se pasaba leyendo.

"A nosotros no nos gustaba que leyera tanto, queríamos que jugara, y nuestra venganza era esconderle los libros. Le hacíamos una especie de chantaje: si jugaba conmigo y con su hermana, le devolvíamos los libros. Esa era la única forma de apartarlo de la lectura, porque se trataba de un chico retraído, juicioso, demasiado juicioso para mi gusto".

Aunque Esther, en ese mismo reportaje sostuvo que ella veía a Borges como un amigo y compañero de andanzas —"No tengo dudas que fue mi amigo de la niñez", aseveraba—, reconoció que sus padres pensaban en un pronto noviazgo y posterior matrimonio. Ambos tenían 12 años. Era 1911.

Enamorado.

El amor de Borges por su prima fue con-firmado a El País por Pelayo Amorim Haedo, sobrino nieto de Esther y sobrino del escritor Enrique Amorim. En más de una ocasión, su padre le contó que Borges estaba enamorado de Esther y que ella correspondía a sus galanteos. Amorim también sostuvo que los padres de ambos querían que se casaran.

Eran tiempos de estricta moral, al menos en apariencia. Un episodio sucedido en la estancia San Francisco durante un verano pinta cómo se manejaban ciertos temas en aquellos años.

Don Francisco de Haedo sorprendió, a la hora de la siesta, a su hija Aurora besándose apasionadamente con su primo Ricardo. No dudó un instante: al mes y medio Aurora y Ricardo se casaron y fueron a vivir a Suiza. Allí permanecieron más de 20 años. Volvieron al finalizar la Segunda Guerra Mundial.

La casa del Prado.

Villa Esther fue loteada en la década de 1940. Hasta mediados de los 50, los Haedo mantuvieron la casa principal y un amplio terreno. Luego se vendió y los nuevos dueños la demolieron. En su lugar edificaron una casa de estilo moderno. Pelayo Amorim nació y vivió los primeros años de su vida donde eran las caballerizas y las dependencias del personal, que fueron remozadas por sus padres. Esa casa fue ocupada en la década de 1930 por Esther y Enrique en sus estadías en Montevideo. La entrada da a la calle Irigoitía y de su historia, a la vista, quedan sus techos. Son iguales a los que guarecían a Villa Esther y que supieron del primer amor de Jorge Luis Borges.

La historia quedó inconclusa. Nunca conoceremos por qué el noviazgo no se concretó. Ambos se siguieron viendo durante muchos años. Borges entabló una gran amistad con Enrique Amorim, el marido de Esther. Esta y Leonor Acevedo siguieron en comunicación permanente a través de extensas cartas. En ellas, la madre de Borges no dejaba de expresar su angustia cuando su hijo comenzó a quedar ciego a fines de la década de 1938.

Siendo un adolescente, Amorim conoció a Borges en "Las Nubes", el famoso chalet de Salto de sus tíos Enrique y Esther. Lo vio por última vez en Buenos Aires, en la confitería del Hotel Dorá, en 1984.

Borges estaba con María Kodama. Pelayo se acercó y Kodama trató de detenerlo alzando su mano. Amorim no se dio por enterado y se presentó. Recuerda que al principio, Borges lo confundió con su padre, que tenía el mismo nombre, pero luego entendió quién era. Conversaron largo rato. El escritor tenía muy nítidos los recuerdos de Villa Esther, de la estancia San Francisco y del chalet Las Nubes. Cuando se despidieron, Borges le mandó un recuerdo "muy especial" para Esther.

Los abuelos uruguayos.

Se sabe, el autor de Historia Universal de la Infamia tenía dos abuelos orientales: por parte de madre, Leonor Suárez Haedo de Acevedo, casada con el argentino Isidoro Acevedo Laprida; y por parte de padre, el coronel Francisco Borges Lafinur, casado con Frances Haslam. La actuación de mayor destaque como militar del coronel Borges (foto izquierda) se produjo en Argentina a las órdenes de Bartolomé Mitre. Murió en el campo de batalla enfrentando a las fuerzas de Sarmiento, en noviembre de 1874.

ENTRE LÍNEAS.

"El muerto": orígenes de un cuento inmortal.

El muerto es uno de los cuentos de Borges más conocidos, al menos por los uruguayos. Fue llevado al cine en la década de 1970 y su rodaje —casi íntegramente— se realizó en Colonia. Cuenta la historia de Benjamín Otálora, que en palabras de Borges era "un triste compadrito porteño sin más virtud que la infatuación del coraje", que se interna en la Banda Oriental en 1891, cerca de la frontera con Brasil, y llega a jefe de contrabandistas. La historia transcurre en Tacuarembó y narra cómo Otálora se va apropiando de las cosas más valiosas de su jefe Azevedo Bandeira, un brasileño acriollado. Primero es el caballo "el colorado", luego el apero y finalmente irá por la mujer de Bandeira.

Borges se inspiró en un hecho real para escribir esta historia.

Sucedió en 1947 estando de vacaciones en Salto, en el chalet "Las Nubes" de Enrique Amorim y Esther de Haedo.

Pelayo Amorim padre, que por esos años era funcionario técnico del Ministerio de Ganadería, tuvo que trasladar en su auto al juez letrado a una estancia donde se había producido el crimen. Amorim y Borges quisieron ir con ellos y allí marcharon los cuatro. La historia, con nombres y fechas cambiadas, es la que narró en El muerto.

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