Comienza con una pequeña historia que ocurre en una aldea en el siglo XIX y que luego el espectador deberá discernir si tiene o no qué ver con lo que se va a contar en el resto del film. En el siglo XX, el protagonista es un profesor universitario de física que a fines de los `60 pasa por una serie de hechos desafortunados: su mujer quiere el divorcio para casarse con un amigo de la familia, un estudiante intenta coimearlo, el comité que está por nombrarlo catedrático recibe anónimos en su contra, su vecino invade su jardín, su hija se queja de todo, su hijo lo ignora y tiene alojado en su casa a un hermano que monopoliza el baño y se mete en líos con la policía. Decide entonces recurrir al consejo de tres rabinos. La historia está plagada de símbolos y situaciones judías, varias de ellas tomadas de la propia experiencia de sus directores -Ethan y Joel Coen-, que no abandonan el humor negro y absurdo que los caracteriza. Todo es "muy Coen", desde el abordaje de las situaciones hasta el hecho de que es una historia bien judía. Esto genera adeptos y detractores. Sin estar en ninguno de los bandos, se puede decir que es un muy buen film pero que la nominación al Oscar quizás es demasiado.