Por: Mariángel Solomita
El productor es un término complementario, tiene una falsa necesidad y, aunque sea difícil de descifrar, una utilidad insustituible." La definición que hizo Federico Fellini de uno de los roles más importantes de la realización cinematográfica, no es muy distinta de la imagen que se presenta en esas películas que muestran la cocina de la industria: personajes que mantienen una relación simpáticamente antagónica con los directores- principalmente porque son quienes deben controlar los números- pero que terminan cediendo a sus pedidos, seducidos por sus ideas y amarrados a la película.
"El que viene para formarse como productor ya sabe que se trata del oficio más riesgoso y más crítico. Si bien son los productores quienes reciben el premio a la Mejor Película, tenemos un perfil más bajo que el director y los actores". Pepi Goncalvez es antes que nada una emprendedora. Dibujante, gestora de Proanima (cluster que agrupa a los principales animadores del país) y fundadora de Motor Films, productora de Aparte (2003), No a los papelones (2006) y que prestó servicios durante el rodaje en Uruguay de Miami Vice. De los proyectos que tiene entre manos hay dos que buscan cooperar en la formación de un nuevo productor: desde 2007 es la encargada de darle un nuevo rumbo a la especialidad de producción ejecutiva en la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños (Cuba); y con el mismo razonamiento se apronta a dictar un curso en la Escuela de Cine del Uruguay (ECU) que pretende acercarse a la formación de productores creativos.
La sustitución del término "ejecutivo" por "creativo" surge de una toma de conciencia, a nivel mundial, de la necesidad de generar profesionales que además de dominar los números estén inmersos en las diferentes ramas artísticas, en definitiva de generar un productor artista. "Debemos potenciar un tipo de productor capaz de aportar, criticar y hasta escribir al mismo nivel o mejor que el guionista o realizador. La razón es industrial: simplemente ganar tiempo", explica.
Según comentó Goncalvez, en nuestro país no existe una oferta de formación específica orientada al emprendedor en materia audiovisual. Sí hay una preparación más generalista que incluye materias que integran a todo el departamento de producción, y hace énfasis en los roles de servicio de la especialidad; esto contribuye a que el mayor porcentaje de los productores emergentes ingrese automáticamente en el universo publicitario.
"Este taller surge de una necesidad que el medio ha tenido desde hace mucho tiempo que se refleja cuando se presentan siempre los mismos a los concursos, y los ganan. Hay pocos que ingresan al circuito y eso se debe a la falta de herramientas para emprender un proyecto para cine, televisión u otros medios. La escasez de "caras nuevas" en el medio profesional además de propiciar una monotonía atenta contra el futuro de nuestra pequeña industria audiovisual, porque de alguna manera se reduce el campo de la innovación, y eso significa la decadencia y, tal vez la desaparición del sector."
-¿Cómo se está trabajando este replanteo a nivel mundial?
- En algunos sitios productores profesionales participan en la transformación de los planes de estudios de las escuelas y universidades, y han propuesto la formación del productor creativo, es decir un productor que sea emprendedor, que a nivel creativo participe en la creación de igual a igual con el director, y el guionista e incluso en muchos casos es quien origina la idea de la que se parte. En 2005 se introdujo un plan de estudios específico para productores en la Sam Spiegel Film and Television School de Jerusalem lo que ha servido de inspiración para otras escuelas del mundo.
-¿En Uruguay qué medidas se tomaron al respecto?
- Aún no se tomaron medidas, se habla sí en diferentes instancias sobre "la producción creativa" y creo que es saludable porque a veces, al ponerle nombre se empiezan a reconocer los roles.
-¿A tu parecer existen productores creativos aquí con capacidad para formar a otros?
-Sin dudas. Existen también muchos directores devenidos en productores por obligación que han aprendido mucho sobre la manera de trabajar en la edición del guión, en la gestión del film, en la etapa de festivales, etc. Hay muchos que no sólo tienen capacidad y experiencia, sino que son muy buenos transmitiendo lo que saben. Aún no ha sucedido como si pasó en la música popular uruguaya, que un músico reconocido produzca a una banda de contemporáneos, pero tarde o temprano se dará en el campo audiovisual. Sería también una forma de enseñar.
DISCUSIÓN NECESARIA. Frente a esta necesidad, cabe preguntarse si la débil formación en esta área es un punto que deberían atender las instituciones educativas. Si bien ha tomado mayor difusión la nueva carrera de Gestor cultural que se dicta en el CLAEH-donde la producción tiene un peso esencial- se presentan varias disyuntivas que el sector debería solucionar. A modo de ejemplo se puede citar la problemática que rodea el proyecto de generar una escuela de cine pública: ¿Debería ser absorbida por la Universidad de Bellas Artes o por la de Comunicación Social? Al respecto Goncalvez opina: "yo consideraría la necesidad de promover dos pequeños centros diferentes, uno vinculado al arte bajo la tutela de Bellas Artes y otro dedicado a la producción narrativa bajo la órbita de Comunicación Social."
En cuanto al panorama de la formación, la entrevistada cree que hay muchos aspectos a tener en cuenta lo que hace difícil hacer una crítica: "hay varias discusiones, la formación generalista versus la especialista, si formaremos técnicos o artistas, si trabajamos para la industria o para propiciar el patrimonio cultural. Soy partidaria de la coexistencia de modelos diferentes y que el estudiante elija el que le quede mejor."
Sin embargo asegura que una debilidad a mejorar es la capacidad de los profesores para detectar desde un principio a quienes tienen condiciones emprendedoras, que según afirma no superan al 10% de los alumnos por generación. "La mirada de cada escuela varía pero si en el ingreso hay un 70% de los alumnos que quiere ser director, los planes se orientan mucho más a lo que se conoce como realización y el productor queda bastante oculto en su verdadero rol."
Estos estudiantes son los que a la hora de presentar sus proyectos no saben cómo enfrentar los requirimientos. El principal ejemplo es la inscripción a fondos concursables: cada festival, cada concurso tiene su perfil pero es común que quienes recién comienzan no sepan reconocer cuándo su estilo no se ajusta al del concurso. Además de que al carecer de preparación, un alto número de postulantes desiste convencidos de que no podrá competir con productores profesionales. Hay que considerar también lo ventajoso que sería la enseñanza de los métodos de trabajo sin presupuesto, considerando que la mayoría de las películas nacionales-y varios ejemplos del cine mundial, hasta Hollywoodense, actual- que triunfaron en festivales internacionales no superaron los 150 mil dólares de costo, lo que demuestra que el dinero no es esencial para generar buenas obras.
-¿Qué cambios estructurales generaría en la industria cinematográfica uruguaya la profesionalización de la figura del productor?
- No se necesita solamente la profesionalización de más y nuevos productores sino una maduración de todo el medio en conjunto y superar problemas colectivos clave como la inexistencia de un gremio de trabajadores, de una forma colectiva de gestión de la propiedad intelectual, la revisión de la ley de derechos de autor vigente, la gestión de la obra audiovisual nacional por medios como Internet, los derechos sociales del sector cultural, etc. No basta con producir más y mejor, hay que levantar el nivel hasta de la discusión porque el productor sólo puede movilizar una parte pero es todo el colectivo el que debe avanzar. La formación permanente puede ser una respuesta a las demandas principales pero hay necesidad de trabajar en el colectivo que depende más de cuestiones humanas que de la oferta educativa.