La diva se dejó ver

Simpática, soltera y compinche con su hija Mercedes, Susana salió de su residencia La Mary, y no pasó desapercibida.

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Por: Mariel Varela

Con la simpatía que la caracteriza, aunque rodeada de seguridad, Susana Giménez decidió mostrarse este verano en el Este. Compras en la Barra, lanzamientos, fiestas, y conciertos fueron el escenario que la diva eligió para hacerse notar.

"No salgo nunca, sacando algún evento y fiestas con amigos", advirtió Su a los periodistas que la interrogaban durante la inauguración del edificio One. Su arribo a la calle Roosevelt fue lo más esperado de la noche, y apenas llegó se transformó en el centro de atención y comentarios del recinto.

"¡Atrás!", pedía a los fotógrafos que no la dejaban avanzar. Aunque siempre con un gesto cómico y sonrisa mediante, a pesar del mal momento que atravesaba por la muerte de su amigo Sandro. Pendiente del cuidado de su imagen, rogaba que no la tomaran desde abajo para evitar salir "carona".

Risas, gritos, corridas, y flashes recibieron la noche del 6 de enero a la platinada y a su hija Mercedes. Perfil bajo, siempre detrás de su madre, y sin hacer declaraciones, Meche fue la más afortunada. El apartamento que allí se exhibía, y que la dupla de arquitectos Atijas-Weiss tendrá listo para dentro de tres años, fue el regalo de reyes que Susana eligió para su única heredera. "La decoración la dejo a cargo de Meche que tiene gran gusto", mencionó sentada en el living del departamento, y transpirada por el calor. "Ay, ¡qué reina!", agradeció Susana a una chica que le arrimó un abanico. Y aprovechó para agregar su clásica expresión: "Mi amor".

"Patricio tampoco se puede quejar porque le regalé un Peugeot", respondió la diva a los paparazzi que la cuestionaron sobre su hermano.

Luces encendidas, cámaras high definition, y no hablar ni escuchar ninguna pregunta acerca del fallecimiento de Sandro fueron de las pocas exigencias que solicitó a la prensa. Y pidió a la organización del evento trasladarse a un lugar donde hubiera aire acondicionado. "No puedo más, tengo calor", dijo mientras se retiraba a la carpa donde tendría lugar el show de su hermano Patricio y la cena.

El 7 de enero la rubia volvió a salir de su búnker en Rincón del Indio para asistir al desfile de su amigo Carlos Di Domenico, el segundo gran compromiso por el cual retornó de Buenos Aires tras el entierro de El Gitano. Otra vez volvió a hacerlo en compañía de su hija, que se separó de Eduardo Celasco hace pocos meses, y está más compinche con su madre que nunca.

De blanco y con lentejuelas negras, se sentó en primera fila, y halagó el look de Teté Coustarout. Prefirió no dar declaraciones, ya que quería disfrutar del desfile, al que catalogó como "divino, y parte del verano de Punta del Este".

Aplaudió una por una las colecciones, a las modelos que atravesaban la pasarella, e hizo comentarios con Mercedes y sus amigas durante todo el evento. "¡Qué cuerpitos!", decía mientras se subía las gafas que no se sacó por nada del mundo, a fin de admirar las colecciones.

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