Seis décadas de El Galpón

| Y Cómo los galponeros hicieron que Bob Marley vendiera cerveza para ellos, en una feria.

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Por: Bernadette Laitano

En 1980, Bob Marley terminó de tocar en Panamá, se bajó del escenario y se paró detrás de un puesto a vender cerveza para juntar algo de dinero. Lo recaudado no sería para él sino para un grupo de artistas uruguayos. Al lado de Marley estaba, también vendiendo cerveza, Arturo Fleitas. Y más allá, en otros puestos que también se especializaban en la comercialización de chorizos, se habían ubicado Mario Benedetti, Daniel Viglietti, Silvio Rodríguez y los integrantes de El Galpón, en exilio desde 1976. "Cada tanto organizábamos en diversas ciudades capitales lo que llamábamos las jornadas de la cultura uruguaya en el exilio, en las que durante una semana nos reuníamos todos, autofinanciados por nosotros mismos, y durante una semana hacíamos un bochinche enorme cultural. Lo hicimos en México, Venecia, Panamá, San José, Quito (...) Así que tenemos que agradecer a mucha gente, (El Galpón) siempre fue producto de gente de buena voluntad que ha apoyado a esta institución y ha posibilitado que siga su trabajo", cierra la anécdota Fleitas, director, actor, dramaturgo, egresado de la Escuela de Arte Dramático de El Galpón en 1972 y, actualmente, Secretario de la Comisión Artística de la institución.

Lo que señala Fleitas respecto al apoyo popular debe ser la característica más sobresaliente de la historia de El Galpón. La institución surgió en 1949 como un elenco integrado por jóvenes dirigidos por Atahualpa del Cioppo. Ensayaban y actuaban en un depósito de materiales que debieron transformar en teatro, y de allí tomaron su nombre. Es aquí, en esta primera etapa, cuando empieza a tomar forma esa característica que mencionaba Fleitas respecto al apoyo popular porque para acondicionar ese galpón, el elenco salió puerta por puerta recolectando dinero y objetos que pudieran vender para luego comprar ladrillos, madera o telas. Así se fue armando la sala de Mercedes y Roxlo. Lo que hoy conocemos como Teatro El Galpón no apareció sino hasta 1969, cuando los galponeros estrenaron nueva sala en lo que había sido el cine Grand Palace, sobre 18 de Julio.

Luego, de la mano del período dictatorial en Uruguay, vendría la represión cultural con la siguiente persecución a diferentes actores del ámbito artístico, entre ellos los integrantes de El Galpón, que debieron exiliarse en México, en 1976. Ese año, la dictadura había confiscado sus bienes y prohibido la actividad teatral y cultural del elenco. "La decisión fundamental que se tomó en la embajada (de México) fue seguir con El Galpón en cualquier país que tocara. Se había pensado en ir a Venezuela porque había contacto, pero después los compañeros cayeron en México y ahí inmediatamente se empezó a trabajar para conseguir apoyos, firmar contratos y para seguir trabajando en El Galpón. Hubo una decisión que fue heroica en ese momento porque no se sabía bien a lo que se iba o con qué se iba a encontrar, y los compañeros de El Galpón decidieron, en ese momento, en la embajada, que ninguno iba a buscar una salida individual", señala Fleitas.

De esa decisión a su vuelta a Uruguay pasaron ocho años, durante los cuales el elenco realizó varias giras, llevando sus espectáculos a distintas ciudades y pueblos de México: "Recorrimos México más que cualquier mexicano", recuerda el actor y director, que también señala que de las más de 2500 funciones que llegaron a hacer en el exilio, alrededor de 250 fueron hechas fuera del paísa azteca, en toda América y Europa.

Para esas giras internacionales, estaban en contacto con uruguayos también radicados en el exterior, comunicándose por carta ("eran otros tiempos, claro, y una carta demoraba una semana en llegar, otra semana en contestarse"), teléfono excepcionalmente o telegrama "en caso de apuro".

El regreso sucedió en 1984 y la decisión fue repentina: "Nos reunimos en Buenos Aires en julio del `84, fuimos a actuar al San Martín y ahí nos reunimos todos los galponeros y decidimos que El Galpón volviera después que volviera la democracia. Pero de Buenos Aires fuimos a Rosario, y en Rosario se nos ocurrió que ya era momento de volver. Nos reunimos en asamblea rápida, duró cinco minutos y decidimos regresar, sin comunicarle a nadie. De ahí salimos a una radio y le comunicamos a la radio que volvíamos, con esta característica, no sé por qué, de que Dervy Vilas estaba escuchando justo esa radio de Rosario y empezó a llamar por teléfono, `están locos`".

Hoy, cuando aún sobreviven algunas salas de ese período, otras han desaparecido al tiempo que surgieron nuevas, El Galpón logró posicionarse en el circuito de manera estable. Para esto también fue importante la gestión que hicieron ante el actual gobierno, del que recibieron dos millones de dólares como "reparación a los daños ocasionados por la dictadura" y que se usaron para reacondicionar la sala César Campodónico, reinaugurada en 2008.

El Galpón también tuvo iniciativas que beneficiaron sobre todo a los espectadores. Ejemplo de esto es Socio Espectacular, en sociedad con el teatro Circular. O el Abono Cultural, para extender el acceso a los bienes culturales de aquellos sectores que, en general, no pueden acceder a los mismos (la primera implementación fue junto al BPS, para beneficiar a los pasivos, y la última incluyó a las empleadas domésticas). Héctor Guido afirma que la creación de Socio Espectacular responde a los cambios que registraron en las últimas décadas, en la sociedad sobre todo, porque "la gente estaba pero no como antes". Así es que surge el proyecto de una cultura más amplia, que incluye espectáculos de otras disciplinas, cine y deporte, "la cultura de salir", que termina siendo Socio Espectacular. Actualmente, tienen 37 mil socios: "Confirmó que la gente estaba y que era necesario releer esa nueva realidad. Teníamos que adaptarnos a esa nueva realidad y por supuesto no cambiar los contenidos. Si de lo que hablamos es si al Galpón se le sigue exigiendo una fidelidad en cuando a los contenidos, es exactamente lo mismo. Al Galpón se le exige calidad y se le exigen los mismos principios que cuando se fundó porque en definitiva es lo que nosotros planteamos que está vigente, por lo cual existimos hoy".

Pero los proyectos no terminaron allí. En estos momentos se está armando una sala de cine, con capacidad para 70 espectadores, en coordinación con Ronald Meltzer, y que proyectará cine nacional y latinoamericano, principalmente. También están trabajando en la creación de un sistema de venta de localidades a distancia, que abarque no sólo los espectáculos de la institución sino también los de Montevideo. Tres salas de teatro, una sala de cine, una librería, una disquería y un presupuesto mensual de alrededor de 40 mil dólares es la propuesta de la institución, aunque Guido subraye: "Igual, El Galpón se va a identificar como una sala de teatro".

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