Para que las divas no hagan olas

Por: Luis Ventura

Más allá de los gustos personales que cada uno tenga con relación a la trilogía divina de Mirtha Legrand, Susana Giménez y Moria Casán, lo cierto es que sus pensamientos y movimientos siempre preocuparon al poder de turno. ¿Por qué si ellas parecen inofensivas?

En el fondo lo son, porque no está en la intención de ninguna de las tres el desestabilizar algún gobierno, ni emprender una guerra sin cuartel contra algún mandatario inseguro/a, pero las tres tienen identidad propia, personalidad y opinión que no siempre va con el oficialismo.

Estas discrepancias no suelen caer simpáticas a quienes tienen manejar la gran maquinaria de todo un pueblo que vive atento a cada gesto de sus divas y de sus referentes populares. Esto puede provocar olas, vientos y despertar temporales complicados si las divas generan coletazos, se enojan o reclaman lo que ellas creen que merecen.

Hoy, las tres divas piensan y en algunos casos lo expresan, que están estresadas, condicionadas y hasta censuradas por el gobierno argentino. Lo dijeron a su manera. ¿Por qué? Muy fácil, en la Argentina se viven tiempos proselitistas y se vienen elecciones muy peleadas. Una palabra fuera de lugar, una idea contraria al sentido del oficialismo puede ser desequilibrante.

Le pasó a Susana cuando explotó con aquel famoso tema de la inseguridad social que se vive del otro lado de la orilla: "El que mata tiene que morir…" y eso se constituyó en un verdadero escándalo nacional e internacional, a propósito del salvaje crimen del florista de la diva.

De ahí que su programa se anuncie para después de las elecciones, que sólo vaya en un formato semanal de domingos a la noche y que Susana siga en esa vida sabática que no genera ningún tipo de olas.

En cambio, Mirtha sigue golpeando las puertas de la Casa Rosada pidiendo a gritos una entrevista tramitada hace dos años con la presidenta Cristina Fernández y su marido, el candidato Néstor Kirchner, sin que haya respuesta. ¿Por qué el matrimonio presidencial no se sienta a la mesa de Chiquita? Ellos prefieren las preguntas previsibles y pautadas de Solita Silveyra o la nota libretada del periodista oficialista de turno. Una sugerencia o algún reclamo de la diva puede generar un efecto nocivo. Mirtha puede esperar, es la idea.

Y otro tanto ocurre con Moria Casán, que le dice a quien quiera escucharla, que hace años que está prohibida en televisión. Los últimos presidentes creen que es mejor tenerla como invitada estelar y no como conductora. O si no, protagonista de alguna ficción donde no vuelque mensajes. Es sabido, Moria no comulga con el oficialismo y su lengua puede resultar más cortante que filosa en momentos decisivo de la elección. ¡Que siga de gira con "What pass y más" que le va muy bien.

Así armamos la trilogía que sigue en su mundo divo, pero en cualquier momento, como volcanes en erupción puede convertirse en notas, cada vez que abran la boca. Chau, hasta el Sábado… Show.

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