Siempre es una fiesta verlo sobre un escenario, solo o acompañado, caracterizado en alguno de sus personajes, con o sin disfraz. Cada uno de los arquetipos que describe son clásicos de la vida argentina: la empleada pública, la maestra autoritaria, Mamá Cora, Inesita, la millonaria. Desde el estreno de Más respeto que soy tu madre, una obra de Hernán Casciari, es el artista que más espectadores convoca en los teatros porteños. Allí encarna a Mirta, una mujer de pueblo que convive con su suegro, un marido desocupado y tres hijos adolescentes.
Su personaje es un espejo más que cotidiano en el que reflejarse. Antonio Gasalla es un artista en el verdadero sentido de la palabra. Aquel que tiene la capacidad de reflejar una sociedad y sus creencias. El que mejor expresa el mundo en el que vive.
Tenerlo frente a frente es un poco atemorizante: mantiene una distancia prudencial con el periodista, provoca respeto y admiración. No es muy alto, no es muy delgado, tiene siempre el pelo enrulado, una sonrisa muy austera. Nunca lo vi reírse a carcajadas. Además de sus textos, son elocuentes sus ojos. Como no le interesan demasiado los reportajes, en una charla periodística lo más fuerte siempre es su mirada.
-¿Le gusta más hablar a través de un personaje o de usted mismo?
-Tuve la suerte de desarrollar las dos vertientes. Mis espectáculos empiezan conmigo de frac, hablando de la actualidad. Aunque es un "yo" entre comillas. Uno no es exactamente tal como es. A mí me gusta actuar. Las dos horas de función en el teatro me dan el mismo placer, vestido de una o de otra forma.
-¿Le pasa lo mismo con la televisión?
-No. La televisión es otro tema, porque no se trata de dos horas. Es todo el día. La televisión no existe hasta el momento en que vos grabás. Y cuando lo hacés, queda en un rollo que tampoco existe hasta el día en que se pone en el aire. La televisión es una serie de acuerdos tácitos. El teatro es más concreto.
-¿Cómo ve el escenario político actual?
-En este país muchas veces se vota porque se ama a determinado candidato. O para no votar "al otro". Recordemos: ¿cómo llegaron a gobernar?
-¿Haría el personaje de Cristina Fernández, si pudiera?
-No, no soy un imitador de personajes.
-Usted pasó de ser un actor de culto, el del café concert, a convertirse en un artista masivo. ¿Fue una estrategia?
-En los años 70 pasé de un sótano a un teatro más chico y de allí, a la calle Corrientes, encabezando un cartel. Cuando llega la democracia empiezo a hacer televisión, donde seguí durante catorce años. La estampida popular se produjo con la televisión. Ahora, llenar un teatro de 700 personas es importante. El teatro hace menos ruido que la televisión, pero establece una relación más profunda con el público.
-¿Extraña la televisión?
-No. Por suerte no soy un tipo que extrañe o viva las cosas como pérdidas. Al contrario. Felizmente, no he tenido que mendigar trabajo ni esperar que suene el teléfono. Siempre hice cosas muy fuertes y distintas, con mucha plenitud; que necesitaban la aprobación del público, y la tuvieron.
-¿Por qué la gente se identifica tanto con esta obra?
-Es muy argentina, con lenguaje y temática muy nuestros. Habla de la familia, la convivencia, de los que piden afecto y de los que lo dan.
-¿Haría un texto de un autor clásico, como Beckett?
-¡Me encantaría! O hacer una obra de Shakespeare, un Ricardo III...
-¿Qué tal un compañero como Alfredo Alcón?
-También eso me encantaría. Sería un aprendizaje para mí. Alcón es uno de los actores más entrañables y más maravillosos, con un conocimiento de la profesión que nadie más tiene.