¿Quién tiene la palabra?

| Luego de reposicionar su imagen la comunicadora vive el momento más pleno de su carrera.

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Por: Mariángel Solomita

Esta vez Victoria Rodríguez ganó la pulseada. El estigma de haber sido la conductora más recordada de Verano del... la enfrentó a un público que no aprobó enseguida su transformación en presentadora de programa de investigación pero que hoy le retribuye posicionando a Esta boca es mía como uno de los productos más vistos de la programación nacional. La tercera moderadora femenina en dos años fue quien finalmente logró captar el interés de los espectadores de talk shows en un territorio que la mayoría de las veces define como demasiado azaroso, pero que le permitió transformar un cuestionado error en un gran acierto.

LA TREGUA. La credibilidad fue la principal enemiga de Victoria Rodríguez durante un buen tiempo. Como ella misma explica, cada programa que la tuvo de conductora fue un escalón, pero la etapa del glamour forma parte del pasado y hoy quiere crecer. "En este país no es fácil construirte una carrera, significa mucho riesgo y muchas veces quedás limitada a lo que la gente quiere ver. El paso que di de dejar Verano... y hacer A conciencia fue un riesgo enorme, que yo lo barajé. Hubiera podido terminar hecha una vieja paqueta conduciendo veranos pero hubiera sido infeliz y deshonesta con mis intereses", concluye.

Quince años de carrera pueden parecer mucho, pero cuando el propósito personal es cambiar el rumbo profesional no son una garantía de que no hace falta partir de cero: "El que se crea que tiene el futuro asegurado en esto, va muerto. La última palabra siempre la tiene el publico, y no siempre coincide con lo meritorio que puede ser el producto que pongas al aire". Atenta a no dejar escapar ninguna lectura o posibilidad de lo que podría suceder con el apoyo de los televidentes, Victoria menciona que hay un algo que es lo que satisface o no las expectativas de los espectadores. Esta percepción subjetiva deja claro que no hay un recetario del éxito. "A conciencia fue un trampolín, o una bisagra, absolutamente fundamental en mi carrera para que yo hoy pueda estar moderando un panel y resultar creíble". Comenta que durante un año recorrió la parte oscura del país, visitando cárceles, cantegriles y, sobre, todo aprendiendo y que, a pesar de lo que se diga, ella siente que el programa salió bien: logró buenos testimonios y acercarse a las personas, intimidarlas, darles sentido a los informes. "Ahora la que estaba al aire, hablando dura, sin ninguna gesticulación y con un guión, no era yo". Pero no termina ahí: "Ojo, con todas las críticas posibles, A conciencia marcó mejor rating que muchos periodísticos que estaban en horario central entre semana. Así que también se puede hacer una lectura positiva", remata.

LA ÚLTIMA PALABRA. Esta boca es mía logró el mejor rating en su franja horaria desde su primer día de emisión. Este formato "viejo y conocido", como define su conductora, es su segunda colaboración con Contenidos TV (Vidas, Cámara testigo) y el tercer talk show con una comunicadora como moderadora que ofrece la televisión nacional entre 2007 y 2008. Luego de los cortos tiempos de emisión de Sin censura (Eleonora Navatta, Canal 10) y Tenemos que hablar (Sara Perrone, Canal 4), la dirección de la Tele logró ubicar a unas de sus figuras más fuertes en un formato donde dice sentirse como pez en el agua. "Lo que tiene que funcionar bien es la combinación: la gente mira Esta boca... porque le interesa el nivel de la discusión. Es una química general que tiene que funcionar". Respecto a su rol como moderadora, le exige estar pendiente de los seis panelistas, la tribuna, los invitados y la psicóloga que hace una devolución de cómo se ha ido desarrollando la discusión a lo largo del programa. Además de meses de ensayos con el panel -que lo armó la productora, aunque ella está totalmente de acuerdo-, Victoria dedicó varias semanas a buscar referentes en los cuales basarse para componer su rol, pero le fue difícil encontrar proyectos parecidos a los que quería hacer. "Me desesperé buscando talk shows, encontrás algún que otro español, pero ninguno era lo que quería. Los testimonios eran muy sensacionalistas y la moderadora tendía a buscar emocionar a los invitados. Pensé en María Laura Santillán y Causa común, pero era demasiado seria".

"Nuestra propuesta no coincidía con las de Canal 10 y 4 porque tenía otros desafíos paralelos. Para nosotros lo esencial es tener clarísimo la esencia del conflicto del tema a discutir, en lo que no siempre concordamos: éste es un formato debate en la pre y en la pro producción".

El equipo de trabajo está conformado desde hace más de un año, cuando se empezó a gestar el proyecto. "El poder descansar en el talento y el criterio periodístico del equipo es fundamental", aclaró. Tania Melgar y Yanina Kesman trabajan junto a Carlos Muñoz, al que Victoria refiere como "esa voz en mi oído". "Hay una dinámica que es la que percibe el televidente que es muy difícil tenerla clara desde donde yo estoy y ahí es donde aparece la voz de Muñoz. Es como si fuera mi monitor, él ve el programa y me va guiando". Para quienes vemos el programa desde fuera, imaginamos que por el hecho de ser una propuesta diaria en vivo y con más panelistas de los que estamos acostumbrados, imaginamos que se trata del proyecto más ambicioso en la carrera de la conductora, sin embargo ella asegura que no lo es, que pese a ser difícil, se siente tan cómoda que no ve grandes complicaciones. "Es difícil cuando sobre el tema que se va a discutir yo ya tengo una opinión bien formada. En esos casos me cuesta muchísimo ser imparcial. No descanso hasta que me parezca que las dos caras de la moneda se pusieron sobre la mesa", comenta.

COMPETIR CON LAS NOVELAS. La tarde siempre fue de las novelas. Esta boca es mía movió a Los profesionales una hora más temprano en la grilla y se paró frente a las heroínas caribeñas que vieron perder miles de ojos cómplices de sus tragedias. "Al principio dije `¿Qué voy a hacer, El show de Cristina?` No era mi objetivo ni el formato que me interesaba hacer hoy". Después de estar un año en la lista de espera, negociar un mejor horario en la programación es complicado. El encuentro con un público desconocido para esta conductora que siempre alternó entre la mañana (Bien despiertos) y la noche, fue un nuevo desafío que también es una de las causas de orgullo, "les gusta a personas de todas las clases sociales, eso quiere decir que el nivel de discusión que se logra es bueno. Esto me parece genial, es muy importante".

"Llaman todo el tiempo al canal, mandan cartas para que se cambie el horario, pero yo te pregunto: si lo ponemos en otro horario, ¿haremos tanto ruido?". Esta incertidumbre acerca del gusto de la gente y que Victoria define como las reglas del juego, es su explicación de por qué entiende la dilatación que tienen los programas nacionales, que se anuncian a comienzos de año y terminan transmitiéndose varios meses más tarde. "Desde mi lugar no está bueno, porque sos tú la que está en el aire o fuera de él. Lo que me pone nerviosa es que el canal anuncie un programa con bombos y platillos y se dilate tanto que después la presión del programa es enorme porque la gente está esperando la gran novedad, y todo eso cae sobre nuestros hombros". Del otro lado de la moneda está la visión del canal que dice, una y otra vez, es entendible: "Desde que empecé fui viendo cómo cambian las tendencias. Estamos en un momento de modas, donde se prefiere consumir entretenimiento argentino. El canal puede tener las mejores intenciones de poner a uno de sus comunicadores -a quienes además les paga el sueldo- al aire, pero no se puede forzar el gusto de la gente". ¿Si mira "Bailando por un sueño"? Sí. Pero también le interesan los programas periodísticos como Código País, Dicho y hecho, SIC y Memoria colectiva.

"Quiero ser la comunicadora que estoy siendo hoy. Ese personaje que es dúctil, que puede sentarse a entrevistar a Laura Bush o a un hurgador y que puede llegar a la esencia de las personas. Tal vez mañana el desafío será buscar fuera, si acá no tengo más lugar. Quiero crecer profesional y personalmente". Asumir riesgos deja esa sensación que hoy vive Victoria de "no hay mal que por bien no venga". 6 puntos de rating diarios le aseguran que está haciendo las cosas bien y que, aunque sea más complicado de lo que parece seguir el rumbo de los espectadores, eso hace que el terreno no sea accesible para todos y sólo puedan moverse los que tienen bien sabidas las reglas del juego.

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