Un actor en su madurez

Por primera vez presentará en Uruguay una obra de teatro, la segunda de su carrera. Confiesa que esta comedia negra marcó para él un punto de inflexión.

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Por: Analía Filosi

Esta obra llegó 9 años después de mi debut en teatro. Con tanto impasse y en el umbral de los 40, provoca un punto de inflexión". La idea de estar pisando su cuarta década de vida será recurrente en esta charla telefónica con Pablo Echarri (38), pero no como una carga o una crisis generacional que se aproxima, sino como el arribo a una etapa en la que los horizontes y los tiempos que lleva alcanzarlos han cambiado. Y dentro de ese contexto se ubica The Pillowman, la obra teatral que vendrá a representar el próximo fin de semana a Montevideo, como última escala de una gira que comenzó en el interior argentino. La comedia negra del irlandés Martin McDonagh ya pasó por su examen bonaerense, que superó con éxito de crítica y público. Era una de las preocupaciones pre-estreno de Echarri, que no subía a un escenario desde Puck, sueño de una noche de verano, obra de William Shakespeare que representó junto a La Banda de la Risa. "Necesité sumergirme en un nivel de disciplina bastante mayor al que estaba acostumbrado. De alguna manera, eso modificó el horizonte. Primero había que bajar y trabajar mucho a destajo para ver si estábamos a la altura de lo que íbamos a contar. Luego del trabajo y de que la gente lo recibiera, nos dimos cuenta de que estábamos a la altura de las circunstancias y que podíamos tocar las teclas que pedía el guión; entonces empezó a ser un punto de inflexión para todos". Todos son -además de Echarri- Carlos Belloso, Carlos Santamaría y Vando Villamil. Los cuatro estuvieron desde un principio en la cabeza de Daniel Grinbank, productor del espectáculo, que logró convencerlos de dejar de lado otros compromisos para ir adelante con éste. "La verdad que eso también fue una muy buena señal… Todos se dieron cuenta de que en la mano tenían el gran proyecto, el mismo que vi yo cuando lo leí", cuenta Echarri. Él y Belloso encarnan a dos hermanos sospechosos de haber matado a tres niños judíos. ¿Por qué? Porque los pequeños fueron ultimados con los mismos métodos que se describen en tres cuentos de Katurian, el escritor de ficción que interpreta Echarri.

"Si no fuera una comedia, la gente no podría prestarle atención ni dos minutos. Lo genial del autor radica en eso, intenta contar un conflicto indecible, realmente insoportable si se tocara en un tono realista. Cuando lo mete en un marco de comedia negra, permite que la gente pase dos horas y pico de función hablando de un tema que en otra situación ni siquiera lo hubiera soportado. Hasta intentando reírse a veces, como una forma de descompresión. Eso es lo genial de la obra, que más allá del horror que te pueda causar, en algún momento te sugiere y hasta casi te obliga a la risa", adelanta el actor sobre lo que define una y otra vez como "una gran, gran obra" en la que la gente "termina siendo atravesada por un texto que tiene muchísimo espesor, muchísima carne, mucho para reflexionar… intenta cachetear al espectador".

Por todo esto es que el actor considera que The Pillowman le llegó en el momento justo. En realidad tocó a su puerta dos años atrás, pero compromisos del momento llevaron a que se concretara recién en este 2008. "Creo que cuando apareció el ofrecimiento y quedó trunco, fue porque no tenía que abordarse el proyecto en ese momento. Dos años atrás, yo no habría tenido la carnadura necesaria o el espesor necesario como actor para poder interpretarlo. Se necesita de mucha vivencia anterior para poder saber medianamente de qué estoy hablando. Tocar esta obra de oído o tratar de interpretar a Katurian de una manera más despersonalizada hubiera sido, la verdad, un error y no hubiéramos llegado al puerto que teníamos pensado llegar", destaca y agrega con tímida risa que "dos años después este actor está más viejo y, de alguna forma, en lo que es la profesión, eso suma mucho. Dos años en la vida de una persona, parece poco, pero depende de qué dos años sean. Y la verdad que fueron muy intensos".

Y aparece nuevamente en la charla la cercanía de los 40 y una escala de prioridades que, tanto personal como artísticamente, adquirió un nuevo orden a partir de este trabajo. "Me ordenó mucho también lo que tiene que ver con el deseo de qué hacer de acá en adelante o, al menos, me fue quedando un poco más claro el camino que hasta ahora no estaba tan claro", confiesa.

UN NUEVO CAMINO. ¿Y cómo quedó ese orden de prioridades al que Echarri hace referencia? "Tiene que ver con sentirme muy lleno artísticamente. Siempre, de alguna u otra manera, los pasos que fui dando fueron muy meticulosos, nunca fueron tomados al azar. Pero la verdad es como si necesitara, de aquí en adelante, que cualquier cosa que tenga que hacer, deba tener un contenido artístico suficiente como para sentirme cómodo y sentir que estoy transmitiendo algo, más allá de que sea una película, un programa de televisión o una obra de teatro. Tengo que sentirme muy identificado con lo que voy a contar y darme cuenta de que uno también es un poco un instrumento para que el espectador se siente y reflexione sobre un montón de cosas". Por ese lado considera que transita The Pillowman y por ese lado tendrá que ir todo lo demás. "Hace 10 años el contenido para mí era menor. Con los años, uno va creciendo y va prestando atención a todo lo pasado".

De todas formas, es fácil advertir que Echarri ya hace tiempo que dejó atrás al galán carilindo y estereotipado, para irse metiendo con un tipo de galán más vulnerable, más cercano al ser humano común y sus defectos, más real. En Los buscas se fue perfilando, en Resistiré el salto fue notorio y en Montecristo terminó de consolidarse. "No creo mucho en las casualidades. Tanto Resistiré como Montecristo marcaron, un poco dentro de mi carrera y dentro de lo que se venía dando en televisión, como un pequeño cambio dentro de lo que eran ciertas estructuras ya conocidas, como las telenovelas. Pero no sé si hubo una jugada muy deliberada en meterme en cuestiones comprometidas; esto se dio así, fue una búsqueda más interna que en un momento concluyó con un ofrecimiento". A lo que el actor alude es que ninguno de esos proyectos fueron generados por él, sino que cayeron en sus manos en el momento justo del click interno. Lo que siempre estuvo presente, desde el primer momento, fue el deseo de no aburrirse con lo que hacía. "Cuando empecé a contar los primeros galanes, me di cuenta de que, tanto el formato de la telenovela como el personaje de galán, si no les buscaba aristas un tanto diferentes, se agotan fácilmente. Entonces busqué un personaje que me representara un poco más, que fuera un poco vulnerable, que no tuviera esa cosa invencible del héroe, que tuviera la posibilidad de contar un costado más humano". Igualmente se preocupa de aclarar que eso no significa que, de ahora en más, sólo lo veremos inmerso en temas comprometidos, como fue el tráfico de sangre en Resistiré, los desaparecidos en Montecristo, el sida en el especial de ficción Reparaciones, "mi misión no es exclusivamente esa… también estoy esperando divertirme y también me dan ganas de contar cosas más livianas y desplegar mi oficio de actor sin tanto prurito y sin tanta predeterminación. La verdad es que quiero seguir divirtiéndome como cuando empecé. Lo que pasa que ya hacer el galán liviano me queda muy lejos".

TURNO DE LA TV. Desde que unió su vida a la de Nancy Dupláa, la familia que formó ha podido instrumentar con éxito un sistema de trabajo que hace que se turnen, un año cada uno, en lo que respecta a someterse a la extensa carga horaria que la televisión demanda. Este año fue Dupláa la que dedicó su agenda a la pantalla chica, apareciendo como una de las tres protagonistas del unitario Socias, aunque ya desde fines del año pasado se la veía en la pantalla de Canal Trece con El hombre que volvió de la muerte. Mientras tanto, Echarri era el protagonista de Montecristo en Telefé. "Hasta ahora eso nos salió bastante bien… Somos bastante dichosos de poder ir manejándolo de esta manera. Porque, la verdad, si hoy por hoy necesitáramos laburar y tuviéramos que hacerlo, por ahí uno tiene que olvidarse de las estrategias armadas. Pero debe ser que el deseo nuestro es tan profundo de querer armarlo de esta forma, que al final termina organizándose así", dice quien no sólo comparte su hogar con Dupláa, sino también con Morena, la pequeña de 5 años hija de ambos, y Luca, el hijo de ella con Matías Martin.

Volviendo a la agenda, la del actor indica que Montevideo es la última parada de la gira de The Pillowman. Luego la obra se tomará un descanso, con posibilidad de volver a la cartelera porteña por unos tres meses el año próximo. Antes de eso, Echarri filmará en Rosario una película de Rodrigo Grande escrita por éste y por Roberto Fontanarrosa en base a un cuento del autor rosarino titulado Cuestión de principios, compartiendo elenco con Federico Luppi y Norma Aleandro. Quizás para ese momento ya esté más definido el panorama televisivo, dentro del cual se maneja la posibilidad de una telenovela o comedia de horario central en Telefé. "Se está definiendo cuál es el cuento. Por mi experiencia, sé que sin texto, sin un buen cuento para contar, no vale la pena arriesgarse absolutamente a nada". De ese cuento dependerá también quién sea su heroína, más allá de que se manejen los nombres de Celeste Cid, Paola Krum y hasta la propia Dupláa. "Cuando los proyectos son tan prematuros, el abanico de nombres es muy amplio. Cuando yo empecé en televisión, primero se tenían los actores y después se empezaba a escribir. Y la verdad que yo lo concibo al revés: una vez que tenés la historia, veamos cuál es la persona adecuada para ocupar el personaje. Me parece que esa es la manera o el camino correcto. Si encaro el camino de la forma inversa, me estaría equivocando".

De todas maneras, no es algo que le quite el sueño ya que abundan los proyectos cinematográficos, su otra gran pasión. "Está la intención de filmar la próxima película de Marcelo Piñeyro, Un tango arde en Manhattan, a comienzos de año; después hay un proyecto en común con la gente de Pampa Films por la adaptación de un libro de Reynaldo Sietecalles dirigido por Adrián Caetano, y tengo otro proyecto personal de Caetano. Hay mucho y simplemente hay que poner energías para intentar que se concrete, porque el cine, particularmente, es un medio que, para lograr la concreción de un proyecto, tienen que unirse muchas voluntades".

Como el tiempo no lo corre y no hay urgencias que impongan ritmos, Echarri se toma todo con mucha calma, calma propia de ese umbral de los 40 que sobrevuela todo lo que dice. "En esta instancia de mi vida me están llegando personajes mucho más ricos, más interesantes, que tienen que ver con el paso del tiempo y con que, más allá del galán respectivo que pueda contar en una u otra historia, aparecen personajes que me dejan artísticamente un sabor mucho más dulce", deja como reflexión antes de despedirse compartiendo la expectativa que le provoca su próxima visita a nuestro país. "Me da mucha ilusión poder ir a Uruguay porque hace mucho tiempo que no voy y sería la primera vez que iría a presentar un trabajo, sin ser una película. Poder ofrecerles algo en vivo me da mucha ilusión, me crea mucha expectativa…". A nosotros también.

"Compraron los libros de resistire y los destrozaron"

A&E Mundo está emitiendo Watch over me (lunes a viernes, 19 horas), la versión americana de Resistiré, la impactante telenovela argentina que protagonizaran Pablo Echarri, Celeste Cid y Fabián Vena, y que tuviera que ver con una visión muy particular del tráfico de sangre. "La he visto -comenta Echarri-, pero no entiendo nada. Compraron nada más que los libros y los destrozaron. Para mí es lo mismo que estar viendo cualquier otra novela, no reconozco los personajes, no reconozco absolutamente nada. Este tipo de productos son únicos. Lo que pasó con Resistiré acá fue porque había una impronta muy nacional, una leyenda urbana de que te secuestraban para darte un pinchazo, sacarte sangre o los órganos y te devolvían. Era un run run de Argentina, querer extenderlo a los Estados Unidos era improbable. Fue lo mismo que Montecristo, que se ha vendido a varios países del mundo, tanto en lata como el formato, pero la verdad que como pegó en Argentina o en Uruguay, por el tema que se abordaba, no pegó en ningún otro lado. ¿Por qué? Porque era el momento justo para contar la historia, e imaginó que también el grupo que se armó y cómo se trabajó tuvo mucho que ver. Después son formatos que se compran y se hacen como chorizos, entonces son más despersonalizados, pierden identidad, y eso relativiza mucho los resultados. Pero bueno… es condición y consecuencia de la televisión globalizada, que trata de tomar o copiar ideas brillantes para instalarlas en otros lugares donde pueden hacer un buen papel, pero es difícil que hagan el papel que lograron en el lugar de origen", sentencia el actor.

TP

The Pillowman (El hombre almohada).

Autor: Martin McDonagh (irlandés).

Sinopsis: Comedia negra que cuenta lo que sucede con Katurian, un escritor, y su hermano Michal, detenidos por la policía acusados de terribles y sangrientos asesinatos a niños. Las sospechas recaen sobre ellos porque los métodos empleados en los crímenes se parecen mucho a los que describe el escritor en sus relatos de ficción. Los detectives que los interrogan se toparán con un oscuro secreto que revela la intransigencia y maldad de un estado policial totalitario.

Elenco: Pablo Echarri (Katurian), Carlos Belloso (Michal), y Carlos Santamaría y Vando Villamil (detectives Tupolski y Ariel).

Dirección y Adaptación: Enrique Federman.

La obra debutó en el Royal National Theatre de Londes, el 13 de noviembre de 2003, dirigida por John Crowley. El elenco lo conformaban David Tennant, Jim Broadbent, Nigel Lindsay y Adam Godley. Llegó a Broadway dos años después con Billy Crudup, Jeff Goldblum, Zeljko Ivanek y Michael Stuhlbarg. También se representó en Sydney (Australia), este año.

Premios: Lawrence Olivier, Drama Critic Circle Award y dos Tony, entre otros.

En Montevideo: Viernes 31 de octubre y sábado 1° de noviembre. Teatro Metro.

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