¡Lejelé, chinito gana!

Parece que hay gente que se ha quedado fascinada con la masiva ceremonia de apertura olímpica. A mí que me perdonen, pero esas cosas de masas actuando como hormigas, me espantan.

Esto de que tenemos que hacer como que estamos todos felices y nos amamos los unos a los otros y que el deporte ennoblece, ya no se lo cree ni mi Tío Simplicio Barilari.

No sé ustedes, pero yo no veía la hora de que se terminara la pesadilla olímpica.

Esta cosa de que tenemos que hacer como que estamos todos felices y nos amamos los unos a los otros y creemos en la nobleza del deporte y que el deporte ennoblece, ya no se lo cree ni mi Tío Simplicio Barilari.

Parece que hay gente que se ha quedado fascinada con la masiva ceremonia de apertura. A mí que me perdonen, pero esas cosas de masas actuando como hormigas, me espantan.

Esas ceremonias regimentadas tienen una cosa nazi, una cosa stalinista y una cosa maoísta total. Es la disolución del individuo en la multitud.

También sería conveniente averiguar por qué las dictaduras adoran el paso de ganso. Hitler, Stalin y Pinochet hacían marchar a sus huestes como robots, azotando el suelo con ese ridículo paso.

Los chinos, en su afán por venderse al mundo, no tuvieron mejor idea que hacer la misma gansada. ¿No se dan cuenta de las terribles asociaciones que despierta? ¿De veras son tan ciegos?

Claro, si la apertura Olímpica se hace en Estados Unidos, la cosa tiene un tono frutillita como de Walt Disney, que es también completamente imbancable. En vez de tratar al individuo como un punto anónimo en la masa, lo tratan como si tuviera ocho años, para siempre.

Esa es una de las razones por las cuales me opongo y anudo San Pilatos para que Chicago no gane el concurso para hacer los Juegos Olímpicos de 2016. Esta ciudad ya tiene servicios públicos que son un desastre, imaginatela en plena pesadilla Olímpica.

Si alguien quiere venir, durante las Olimpíadas cambiamos casas pelo a pelo, Chicago por Playa Verde o Malvín.

Las Olimpíadas son un hecho fundamentalmente POLÍTICO. Hace décadas, los Estados Unidos forzaron un boicot contra las Olimpíadas de Moscú. Ahora, como Estados Unidos le debe un ojo de la cara y la mitad del otro a los chinos, no hubo Tíbet ni boicot que valga. Y anda a cantarle al Dalai Lama.

Da risa ver a súper profesionales como los jugadores de básquetbol de la NBA, estadounidenses y extranjeros, incluidos los argentinos, pretendiendo encarnar el espíritu del deporte amateur. En la NBA se arreglan partidos cada cinco minutos. Hay gente en cana por eso.

Virtuosos de la argolla y de las paralelas, con músculos como bolsas de papas, tupidos de esteroides hasta tres meses antes de las Olimpíadas, son ensalzados como ejemplos para la humanidad.

Nadadoras con espaldas como las de Mike Tyson agradecen las medallas con voces como la de Alberto Kesman.

Pobres chiquilinas chinas, coreanas y americanas, son obligadas por los gobiernos o por sus padres a desgastar sus cuerpos en todo tipo de contorsión y esfuerzo, sus infancias robadas para mayor gloria de su patria y de alguna marca de ropa deportiva.

Y esta paraguayita, Leryn Franco (foto), con su linda carita tan guaraní. En cualquier momento termina en el programa de Tinelli.

En fin. Como si los escándalos de corrupción cuando los juegos de Salt Lake City no hubieran bastado.

Como si las investigaciones, tapadas de apuro, al Comité Olímpico Internacional, no bastaran.

Ahora tenemos esta farsa olímpica a mayor gloria de una dictadura comunista-capitalista que trata a sus ciudadanos como mano de obra esclava. Y que ha sobrepasado a Estados Unidos como mayor potencia contaminadora mundial.

Un país que inunda al resto del mundo comida contaminada y juguetes contaminados, así como ropa de ínfima calidad y chucherías de todo tipo que están destruyendo las economías regionales de América Latina y África. Desde México a Tanzania.

Un país que, al revés del resto de los países, no quiso turismo olímpico. China quiso robar cámara, no quiso gente. Testigos no.

Estas fueron unos Juegos Olímpicos casi privados. Hechas para la tele. Para engrandecer la marca "Made in China".

Los optimistas de siempre piensan que está bien, que las Olimpíadas y el sacrosanto Mercado, van a ir abriendo a China al mundo y a la democracia.

Por ahora, vení mañana que hay croquetas. Croquetas de arroz.

Y como decía el inolvidable Quique Almada: ¡Lejelé, chinito gana!

barilarius@yahoo.com

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