Celebrando con mesura violeta: clemencia para los vencidos. El pop puede ser inteligente. Gilberto Gil nos compensa por los jingles de Shakira y Cía. Fritanga en el Museo, no lo entiende ni Magoya.
Permítanme celebrar, brevemente, que Defensor haya salido campeón. Lo haré con la altura y la misericordia que nos caracteriza a los tuertos. Para algo tenemos sangre violeta.
En el camino quedaron los dos grandes, plagados de jugadores que ya están de vuelta por su edad, o que pegaron la vuelta porque fracasaron en Europa.
En el camino también quedo el irreverente pero espiritualmente frágil River Plate del Juan Ramón.
Punta Carretas festeja. Y con el prócer decimos: "Clemencia para los vencidos".
Cambiando de tema, el que anduvo por el norte fue el brasileño Gilberto Gil.
El pop estadounidense está en la re-lona. Hay una dictadura de cosas pensadas como para capturar la fantasía de las nenas de ocho años.
Entre las melazas pop de los mexicanos y los jingles de Shakira, la cosa no pinta mucho mejor en América Latina.
Pero Gilberto Gil, uno de los fundadores del movimiento tropicalista y que por algo llegó a Ministro de Cultura de Brasil, ha demostrado en su gira por Estados Unidos que el pop puede ser pop, puede ser divertido y vibrante, puede ser verdadero arte, sin dejar de ser pop.
Gil se presentó en el Festival de Ravinia (Chicago), que es como que hubiera conciertos en un entorno onda el Fortín de Santa Rosa. Con sus rizos afro bastante más canosos que la última vez que tuve el placer de entrevistarlo, llegó acompañado de una banda predominantemente juvenil.
Al principio se vio un poco sorprendido por el estilo más bien domesticado del público estadounidense. De a poco, los dos o tres mil brasileños mixturados entre la audiencia fueron calentando el clima. Cuando se armó el bailongo fue cuando Gil, un "entretenedor" de primera, rayó a mayor altura.
Yo quedé embretado entre las ganas de zangolotearse al son del poderoso ritmo que tenía de mi Sra. Esposa y su pedido de que le fuera traduciendo las letras.
Se hace bravo traducir algo tan intenso y al mismo tiempo tan elaborado como la monumental canción Oco do Mundo.
Hice lo que pude y en un momento la gringuita, mientras agitaba, va y dice: "Esto es tremendo, es como estar bailando un poema de Ezra Pound".
Y es así: Gilberto Gil, como Caetano, y como nuestros Darnauchans, Cabrera o Drexler, se despacha con un bruto poema en medio de una música pop, que por pop, no deja de ser altamente elaborada.
En los Estados Unidos eso queda reservado para algunos exquisitos como Leonard Cohen, a veces Dylan, un poco Elvis Costello, y un público minúsculo.
El resto es silencio mental, chicle para los oídos.
En este mundo en decadencia, Gilberto Gil sigue siendo un faro, una referencia y un nutritivo alivio para las neuronas.
Cambiando otra vez de tema, me han presentado varias quejas de que en el Museo Nacional de Artes Visuales se realizó una fritanga en medio de los tesoros del arte nacional. El piscolabis ocurrió el 24 de junio y fue una recepción privada ofrecida por un banco.
Ya sé que hay antecedentes de fritangas en la Biblioteca Nacional. El tortafritismo se ha atrincherado en la Dirección de Cultura de la Intendencia. La tilinguería campea en la Dirección de Cultura del MEC. La Comedia Nacional hace Lorca como si fueran las Bodas de Italia Fausta. Ya casi nada puede sorprender.
Pero no es posible vender el rico patrimonio de los orientales al bajo precio de la necesidad. Ni alquilarlo.
Las obras de Sáez, Figari, Blanes y Nantes son un patrimonio que no tiene reemplazo. No da para andar flambeando carnes y fritando omelettes en medio de los cuadros.
Andá a alquilar el Louvre, el Guggenheim o el Art Institute para hacer una cuchipanda entre los cuadros.
¿Sabés lo que te van a decir?
¡JARIOLA!
barilarius@yahoo.com