Por Luis Ventura
El insomnio es el peor castigo que me puede deparar la vida. Porque después de todas las horas que le dedico a mi actividad, del cansancio que llevo arrastrando por mis días, con todas las cosas que afronto, si llego a mi cama y no puedo dormir, es porque algo no está funcionando. ¡Una maldición!
Y cada vez que se cruzaba el nombre o el tema de Fernanda Vives jugándola de carmelita descalza con "La Tota" Santillán se me revolvían las tripas. Ni más ni menos. No lo podía soportar. Me superaba, era más fuerte que yo. No aguantaba mirar para otro lado con todas las mentiras que le escuchaba, con su victimización permanente respecto de su ex marido y el manejo siniestro que manipulaba con algunos medios que lo único que hacían era rendirle pleitesía a un personaje de poca fusta y perverso. ¡No se la podía tocar!
Por eso, los gritos del silencio que me rondaban en el estómago un día pidieron cancha y salieron todos juntos. Tremendos, estentóreos, brutales, desubicados y hasta salvajes. Me despaché con todo lo que sentía y parte de lo que sabía de Vives, definitivamente desbocado, pero no por eso sincero y con la satisfacción de sacarme de adentro una historia que me ponía mal. Porque lo que yo dije son cosas que las sabemos todos los que estamos en este pañuelo y pocos las dicen. No me pregunten por qué, pero es así.
Entonces quise escribirlo porque he recibido muchas cartas de seguidores uruguayos que me condenan, otros me ponderan y otros me piden que explique los motivos de mi incidente con esta muchacha mediática, filosa y agresiva, con nada de capacidades artísticas, que vive colgándose de escándalos para poder perdurar en un medio que, sin "La Tota", se le hace cuesta arriba.
Por eso, aquí estoy, asumiendo que no debe hacerse lo que hice en televisión. Que no es aconsejable discutir con una dama en pleno aire. Que mi vocabulario no fue el ideal… En fin, ya está. Pero no podía andar faltando a mi trabajo para no verla ni escucharla, como hice en más de una ocasión, y terminar en lo que finalmente terminó.
Ese soy yo, con errores y aciertos, pero consecuente con mi temperamento, mis pensamientos, y aunque no haya utilizado la forma de una confrontación, no me arrepiento de haber expresado lo que pienso y siento de esta mujer que todavía está en deuda con todos los beneficios que el medio le regaló. Ahora sí, que noches de sueño profundo me esperan. Gracias a la vida… Chau, hasta el Sábado… Show.