Por: Luis Ventura
Los líderes más populares suelen ser estentóreos, apasionados, expuestos y expuestos. Pero también están los caudillos silenciosos, los estrategas grises que pasan desapercibidos y son los que desde lo simple llevan adelante las grandes empresas. Los que hacen realidad objetivos y sueños que en la realidad parecen inalcanzables, pero ellos los hacen posibles.
Todo sin ostentaciones, desde el casi anonimato y sin a gritar los goles que se hacen en el arco contrario. Siempre la mesura, la palabra medida, el control de las emociones. Es el caso de Suar, el "Chueco" de Villa Crespo. El pìbe que hizo los primeros pininos en la juvenil Pelito y el que paseaba por los canales mostrando, sin que muchos lo oyeran, el piloto de Poliladron, ese exitazo en el que él sólo creía y soñaba desde la ilusión de los que llegan.
Le prestaron un dinero para grabarlo, lo consagró, metió otra ficción y otra. Metió el primer ladrillo de una productora que terminó siendo un monstruo empresarial y hasta le puso Pol-ka, de la misma manera con que llamaba a la abuela que más quiso.
Simple, todo simple. Y siendo aún jovencito, quizás más cerca del austero Atlanta que de la grandeza de Boca Juniors, lo eligieron gerente de Programación de una potencia como Canal 13, como gran eslabón del Grupo Clarín.
Y fue de menor a mayor, sorteando tormentas, trabajando, escapándose de los periodistas y las notas promocionales. Así conquistó a los Alcón, a los Francella, a los Brandoni, a los Weich, a los Tinelli, a los Maradona, he hizo relevante su gestión de programador hasta darle el liderazgo del rating, destronando al invencible Telefé.
¡Golazo tras golazo! Campeonatos y scudettos, los sumó a su foja personal, pero nunca para festejarlo o gozar. Podría hacerlo pero no lo elige. Su mayor preocupación es el trabajo porque los líderes como él, prefieren el perfil bajo como herramienta de poder. Y no se equivocan porque eso les dará permanencia, aunque haya más grises que colores. Chau, hasta el Sábado... Show