Humilde, como carrasco

| Si hay una cosa que me reconforta, es la nueva personalidad humilde de Juan Ramón Carrasco. Esa modestia, esa sencillez, sinceramente me apabullan y me llenan de orgullo. Y de esperanza.

Es que para ser franco, yo estoy pasando por la misma transformación que Carrasco.

Como el Juan Ramón, no es que uno haya dejado de creer que es el mejor. Pero tampoco es cosa de andarlo pregonando a los cuatro vientos, onda Muhammad Alí, como antes.

Uno lo sigue diciendo, pero lo dice bajito.

Es cuestión de estilo. Digo yo. Si uno SABE, y le consta, como a Carrasco y a mí, que uno es el mejor, entonces para qué andar haciendo pamento.

A Carrasco le ha hecho muy bien charlar con su psicólogo. Y a mí, con el mío, el Licenciado Jorge Pelonga. Y también con mi Guía Espiritual y Mentor, Don Waldemar Piedracueva, el Pensador del Reducto, el que me ha hecho ver la conveniencia de meter violín en bolsa.

La verdad es que a individuos como al Juan Ramón y a mí, el vulgo no sabe apreciarnos. No hay nadie que le puede enseñar nada de fobal al Juan Ramón. A mí, no hay nadie que me pueda enseñar nada sobre la historia de Billo Bello Ltda., que es la pasión de mi vida.

Documentar la invención de la Caja Boletera y su desarrollo son la verdadera causa secreta a la que he dedicado mi vida, como un moderno Caballero Templario del saber. Porque éste, sin duda, es un conocimiento para iniciados.

Pero no se lo ando refregando a nadie.

Como el Juan Ramón, he comprendido que son los demás los que deben entender que uno es el mejor. Y si ellos no se dan cuenta, que se embromen. No es trabajo de uno andar avivándolos.

Como parte de esta renovación espiritual, uno es capaz de reconocer errores.

Uno no ha cometido errores, pero la diferencia es que ahora uno, si los cometiera, que no creo, sería capaz de reconocerlos.

A Carrasco ya no le irrita que los demás técnicos pongan el ómnibus adelante del arco y se cuelguen todos del travesaño. Ahora lo que le irrita, simplemente, es que los otros técnicos no lo reconozcan.

Me siento re-identificado. A mí me critican porque en mis estudios sobre la Caja Boletera le doy mucha importancia al rollo. Sostengo que la Caja Boletera, sin el rollo de boletos adentro, igual hubiera sido una idea maravillosa, pero una idea meramente Platónica, una idea ideal.

Resumiendo, cuando uno sabe que es el mejor, y no lo anda diciendo, uno es todavía mejor. Y que viva la modestia.

Mientras tanto, desde la Nueva Roma les cuento que el gobernador de Nueva York renunció porque se supo que andaba con prostitutas caras. Su mujer, a la que le prestan trato como una víctima de guerra, salió a reconocer que durante años cada uno ha tenido fatos por su lado.

Entonces, el anterior gobernador, que un día se declaró gay, decidió hacer público que con su Sra. Esposa, la Gobernadora, mientras estaban en el poder mantenían tríos con un joven asesor del sexo masculino.

Ya en tren de deschave, el nuevo gobernador, que es el segundo gobernador negro y el primero que es ciego, reconoció en conferencia de prensa y con su esposa al lado, que él había tenido un romance extra marital, una escapadita digamos, de apenas dos años.

Qué diablos tendrá esto que ver con la capacidad de los gobernadores para gobernar, es algo que escapa a mi uruguaya indiferencia por la vida privada del prójimo, pero acá andan todos de lo más alborotados.

En la misma semana, el presidente Bush volvió a defender la práctica de la tortura, vetando un intento de los legisladores por prohibirla. Hay submarino para rato.

En fin, a ver si alguien me consigue la letra de la canción de Pilán. Yo siempre entendí que decía "pórtate bien, porto apurato". Así, les juro, PORTO APURATO.

Quizás restituir la letra original me compense por el shock que ha sido el descubrir que las ardillitas Chip y Dale en realidad no eran ardillas. Eran otro animal, llamado chipmunk.

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