EE.UU. ya no es la Roma republicana peleando sus guerras púnicas contra los soviéticos de Cartago. La Roma imperial está herida por dentro y rodeada por rivales menores pero peliagudos.
En la Roma imperial hubiéramos tenido al alcance de la mano todo ese arte, el propio y el saqueado de otros países. Y los desfiles triunfales, y el pan y el circo, los gladiadores y las carreras de carros onda Ben Hur, y los banquetes esos de comer recostados.
Capaz que hasta alguna orgía que otra.
Pero seguro que el transporte público era pésimo, la salud pública inexistente y la policía tendría la mano bastante pesadita. Más o menos como en Chicago. Todas no pueden ser ventajas.
La Roma de los emperadores también mantenía un Senado.
Y ésta también es una república bastante aristocrática, donde en vez de la sangre es el dinero el que permite el acceso a los cargos electivos, como el Senado, el Congreso y las gobernaciones.
Como en la Roma imperial, donde teóricamente los emperadores eran electos pero en la práctica constituían clanes familiares, en la Nueva Roma tenemos la dinastía Bush, el clan Kennedy, la dinastía Clinton (si "Espartaco" Obama los deja).
En Chicago, para no ser menos, tenemos la dinastía de los Daley. El actual alcalde, Richard Daley, es reelecto sin oposición, a la Fidel Castro, desde hace casi 20 años. Y va en camino de romperle el récord a su padre, que se hizo reelegir durante 21 años, desde 1955 a 1976.
El viejo Daley fue el que hizo votar hasta los muertos para que el venerado John Kennedy le pudiera ganar la elección al deplorable Richard Nixon. Esto no lo inventaron los Bush.
Su hijo, Richard II, disfruta de control casi absoluto en un régimen de democracia feudal. Sus vasallos, los miembros del Consejo de la Ciudad, le votan lo que él quiera. Y si no se lo votan, él va y lo hace igual.
Una vuelta se descubrió que dos de sus amigotes habían obtenido, sin licitación, la multimillonaria concesión de las cafeterías y la limpieza del aeropuerto O`Hare, uno de los más grandes del mundo. La respuesta del Alcalde Daley fue: "Y bueno, un amigo que no ayuda a sus amigos, es un mal amigo". Y no pasó fanta. Como si estuviéramos en Maldonado.
Dicen que al menos las avenidas de la Roma imperial eran un billar. Las de Chicago se parecen a un campo bombardeado, donde rompés amortiguadores y cubiertas a lo bobo. El motivo son los leoninos contratos a empresas privadas que se forran usando hormigón y bituminoso de cuarta, que la municipalidad paga por bueno. A cambio de cuantiosas contribuciones de esas empresas a las campañas políticas del Alcalde y sus vasallos los concejales. Quienes a su vez otorgan permisos de construcción en sus zonas, a cuenta de más donaciones.
Otra dinastía chicaguense es la del folclórico Jessy Jackson. Este inveterado luchador por los derechos civiles, visto de cerca no es tan impoluto y heroico como los ingenuos del mundo quisieran creer.
Jackson lucha por los derechos de los negros, sí. Pero la caridad bien entendida empieza por casa.
Jackson organizó un boicot porque no había negros en el negocio de la distribución de cerveza. Y ganó. Ahora DOS DE LOS HIJOS de Jackson tienen prácticamente el monopolio de la distribución de cerveza en Chicago. Y el otro es congresista en Washington.
Su organización, la llamada "Coalición Arcoiris", en la que solo hay negros, le consiguió a una agencia negra y amiga los contratos de publicidad de Toyota para TODAS las minorías raciales. Y eso después que personalmente me encargué de aclarar en una reunión pública con Toyota que el Reverendo Jackson no representaba a los latinos. Se la dieron igual por miedo al boicot. Como tiene mucha carpeta, igual cuando me lo encuentro me dice brother Elbio.
El otro día me preguntaron cómo titularía un libro sobre los Estados Unidos. Pensé en La Democracia Feudal. O tal vez A Great Idea Going Bad, que en español no suena ni ahí.
Pero dije: La Nueva Roma.
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