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Hay algo profundamente equivocado y perturbador en esta sociedad estadounidense donde universidades, liceos y hasta escuelas primarias son el blanco permanente de terroristas suicidas espontáneos y solitarios.
Estos desquiciados que irrumpen en las clases queriendo matar y morir, ni siquiera lo hacen por una causa, como los infelices que se vuelan por los aires a diario en el Medio Oriente con la excusa de la religión y el combustible del odio.
Receta fatal: depresión, soledad, frustración y, por cierto, la posibilidad de un acceso sin límite y sin control a todo tipo de armas y municiones.
DeKalb está a unas dos horas de Chicago. Allí enseña Fareed Haque, un extraordinario guitarrista medio chileno, medio pakistaní, que ha tocado con todo el mundo desde Dizzy Gillespie para abajo. Con Fareed hemos compartido momentos inolvidables con la orquesta de Paquito D`Rivera.
Cuando escuché las primeras noticias de la masacre en la Universidad, el primer pensamiento fue para él.
Afortunadamente, aunque estaba en el campus en esos instantes, el ataque ocurrió en otro edificio.
La hija de Gustavo Leone, un gran compositor argentino que vive aquí, fue compañera de varios de los presentes en el tiroteo. Una de sus mejores amigas resultó herida por el rebote de una bala. Fue de las que tuvo suerte.
La sociedad estadounidense se sacude por unos días entre estertores de dolor televisivo. Y luego se adormece enseguida, hasta la próxima vez.
Siempre hay una "próxima vez". Pero se siente de manera muy distinta cuando eso ocurre tan cerca como en este caso, en un lugar donde uno tocó, y donde le pudo tocar.
Hay algo estremecedor acerca de una sociedad que engendra a estos terroristas espontáneos y solitarios.
A veces dos o más de estas almas perdidas se juntan y los resultados son tan macabros como en Columbine.
Y hay algo aún más terrible acerca de una sociedad que no tiene NINGUNA respuesta ante el fenómeno.
Los políticos sólo invitan a rezar por las víctimas.
Que Dios las ayude.
A más de veinte años del comienzo de estas sangrientas incursiones, no hay ningún estudio serio a nivel nacional.
La locura y las armas siguen buscándose mutuamente y encontrándose con total impunidad y saldo escalofriante.
Los mercaderes de armamento y su fachada institucional, la National Rifle Association, continúan chantajeando y coimeando a los legisladores de ambos partidos para que no se modifiquen las leyes sobre venta y posesión de armas.
El gobierno de Washington, bajo el fiscal general John Ashcroft, hizo incluso aún más débil el control de antecedentes para los que quieren comprar un arma. El gobernador demócrata del estado de Illinois, por la plata baila el simio, sigue insistiendo en aprobar una ley que baje de 21 a 18 años la edad para comprar rifles. Como si ya no hubiera suficientes armas al alcance de jóvenes traumados.
El tiroteo en la Universidad de Northern Illinois en DeKalb fue el cuarto en una semana. Así como lo oyen, el CUARTO en una semana dentro de los Estados Unidos.
La naturaleza súper competitiva de esta sociedad basada en el éxito individual produce extraordinarios resultados en la cima, eficientes ganadores siempre en busca de fortuna y fama. Pero en el camino esta sociedad también produce terribles efectos colaterales, psiquis y vidas destruidas que quedan al borde del camino.
La mayor parte de esos "perdedores" se conforma con una existencia gris matizada con los oropeles pagados en cuotas de una sociedad superficialmente opulenta.
Otros incuban el odio y la neurosis hasta que estallan como bombas de tiempo sincronizadas por un relojero demente.
Una sociedad que, como ninguna otra en el mundo contemporáneo, rinde culto a la violencia, hace el resto, armando hasta los dientes a estos hijos de la frustración, el desafecto y la derrota.
Mientras tanto, iremos olvidando. Hasta la próxima vez.