La Duda

| Cuestionar. Sospechar. Titubear. Observar. Escuchar. Un camino puede llevar a la certeza. El otro, a la acusación sin pruebas. En el medio, una víctima. O muchas.

Por: Bernadette Laitano

La duda tiene muchas cartas de presentación. Benefició a su autor, el norteamericano John Patrick Shanley, con un premio Pulitzer en 2005 y cuatro Tony. Todavía se puede ver en Nueva York bajo su título original, Doubt. También es posible verla en Buenos Aires, con Fabián Vena y Gabriela Toscano (aunque estrenó con Susú Pecoraro), donde ganó dos premios Clarín y dos ACE. Con Vena y Toscano se presentó el año pasado en Montevideo, en el teatro La Gaviota. Los otros datos que se pueden aportar y que explican el porqué de esta nota, es el estreno de la obra en Uruguay, con la dirección de Mariana Wainstein y las actuaciones de Álvaro Armand Ugón, Susana Groisman, Ana Rosa y Adriana Do Reis.

Pero más allá de todos los datos, el argumento mismo de La duda es suficiente para despertar la curiosidad del espectador. En una escuela primaria, la directora sospecha de ciertas actitudes de un profesor, creyendo que está ante un posible caso de pedofilia. Acusadora y acusado son monja y sacerdote. Una es superiora como directora del centro de enseñanza, en tanto el otro es superior en la jerarquía de la Iglesia. El título de la obra responde a que todo se basa en sospechas y se desarrolla en un entorno de intrigas, donde cada quien deberá demostrar que es dueño de la verdad. De ella hablamos con Wainstein.

-¿Cuáles fueron los trámites para obtener los derechos de la obra? ¿Hubo participación de la Alianza, la sala donde se estrena?

-No. En este caso, a diferencia de otros, la obra la compramos en forma directa, privada, Susana Groisman y yo. Fuimos a Agadu, nos contactamos con la agencia que representa a Shanley, pagamos los derechos y tenemos la propiedad de los mismos por lo que dure el 2008. Creo que fue en junio de 2007, con tiempo suficiente como para armar toda la pre-producción, conseguir la sala y todo.

-¿Ya sabías quiénes formarían parte del elenco?

-No. Pero fueron convocados. El casting es importantísimo porque es una obra con cuatro personajes de una relevancia muy grande, con unas historias y unos textos y subtextos muy… Es muy importante encontrar cuatro actores de primer nivel, que puedan encarar los personajes y trasmitir ese mar de fondo que hay debajo de cada uno. Los personajes tienen mucha tensión entre ellos, son muy complejos y realmente fue una satisfacción trabajar con Álvaro Armand Ugón, Ana Rosa, Susana Groisman y Adriana Do Reis. Fijate que Adriana tiene una escena, pero esa escena es determinante. Cada escena está muy bien escrita, aumenta la tensión entre los personajes, desarrolla la historia. Por algo ganó el Pulitzer. Está escrita de una manera muy profesional y muy bien pensada, porque tampoco es una historia de las típicas, es interesante.

-¿Cómo manejás la expectativa del público, ante un Pulitzer y cuatro premios Tony?

-Es una obra que estuvo muy expuesta en los medios. Yo no vi nunca ninguna puesta, así que me encantaría que quien la vio en otro país la viera y saber su opinión.

-Desde el argumento se puede prever que habrá varias capas de lectura.

-Al decidir dirigir una obra o pensar un texto también hay algunos conceptos que te interesan más que otros. A mí, por ejemplo, me interesa mucho el tema de la duda, poner en duda el prestigio del otro. Creo que acá lo que menos importa es lo que pasa por lo superficial, que es el tema religioso.

-La religión es una de las lecturas que hay en la superficie.

-Yo creo que es el marco y está muy bien elegido. Es un marco que tiene el tema educativo, el tema jerárquico. La jerarquía porque la persona que sospecha, lo hace de una persona que es profesor en su escuela, pero por otro lado, jerárquicamente, es su superior porque es un hombre, en la Iglesia Católica, y ser un cura es más que ser una monja, aunque la monja sea la directora de la escuela. Ya sólo con eso tenés un tema fascinante, qué significa para el personaje de la monja asumir, aceptar su lugar en esa organización jerárquica que es la Iglesia. A la vez, tenés el tema educativo, que es la responsabilidad de la directora frente a la posibilidad de que un cura, profesor, haya cometido o fuera a cometer un abuso o un acto inmoral en su escuela. ¿Qué hace ella ahí? ¿Por las dudas lo sacás, lo desprestigiás? ¿O tenés que tener también la responsabilidad de estar seguro de lo que estás haciendo?

-Así que como directora te centraste en la duda a la hora de trabajar con los actores.

-Como directora, me parece lo más fascinante. De que no todo es blanco o negro, que se ve también en la escenografía, en el piso. Juego con esa ilusión óptica; todo lo que fuera ilusión óptica y duda me gustó. El hecho de que estéticamente las monjas estén de blanco y negro, y que el lugar sea tan austero también ayuda a pensar en eso.

-¿Cómo partiste de lo que me estás explicando a mí ahora, para trabajar con ellos?

-Hace 20 años que trabajo en ello y creo que cada vez más el tema de la duda tiene mucho que ver con la forma en que me gusta encarar un proyecto. Cada vez más, llegar con más dudas que certezas. Quizá es más fácil organizar una propuesta y hacerla, encontrar la gente que la haga, pero partir de una verdadera duda, de preguntas, enfrentarse a una serie de ensayos. En este caso fueron más de dos meses de encontrar ese código donde el texto se abre y tener la puesta correcta, en lugar de probar una cosa, hacerla y chau. Entonces fuimos buscando y la verdad que me encuentro satisfecha en ese sentido. Llegamos a una fórmula que abre el texto, lo desarrolla, lo despliega y me parece que el público se va a ir también con dudas, pensando, entretenido y a la vez formando parte de todo el espectáculo. Con ellos también tuvimos que plantearnos el tema religioso porque evidentemente hay un marco y lo planteamos desde el lado de la meditación más que nada. Tratamos de tomar el tema de la meditación como la base para la puesta en escena. Trajimos una instructora de yoga, hablamos de la meditación, de encontrar el silencio, la paz, de apagar la radio.

-¿No hicieron hincapié en la religión católica?

-Hubiera sido muy absurdo dedicarnos a ser católicos durante dos meses. En realidad, ninguno de los cuatro lo era. Nos informamos al máximo del tema, trajimos gente que sí conoce al pie de la letra los rituales para no cometer ningún tipo de error, que uno puede no saberlo. Por ejemplo, cuando un cura entra, las monjas se paran, pero si el cura está sentado y entra una monja, no se para; uno tiende a pensar que el caballero se para… Es fascinante y parte de la profesión investigar, saber cómo es una misa. Acá hay dos sermones. Pero para ser realmente auténticos partimos de la meditación, de la paz interior, para crear ese ambiente de contacto con un dios, con un poder, porque también la duda es la duda de la fe. El otro gran tema es el de la verdad, ¿cuál es la verdad? Porque cada personaje tiene su verdad. Cada uno de estos cuatro personajes que está en escena tiene su lado oscuro y su lado a la vista. Una de las cosas que les pedí a los actores fue que pensaran en un secreto propio y no se lo contaran a los demás, que en algún momento me lo contaran a mí, si fuera necesario. Pero eso, el secreto, ayudó mucho al ambiente. Sin explicar la obra, creo que en estos meses el máximo de duda que trabajamos fue la duda de la fe. La duda de alguien que siempre creyó y en determinado momento descree. Como todas las obras, tiene que ver mucho con el teatro mismo porque también el teatro es un acto de fe, entre el público que viene a creer en lo que le cuentan y entre los actores, que de alguna manera son los sacerdotes de ese ritual que es el teatro. Es lindo porque todo se conecta y todo tiene que ver con todo.

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