Los Titanes, los Rial y los cuarenta

POR LUIS VENTURA

MIRADAS

En febrero de 1968, siendo un niño, mi tío Alberto en un Fiat 1100 destartalado pero gauchito, que manejaba nuestro entrañable amigo Juan Azanza, nos llevó a aquel balneario chiquito y perdido en la Costa de Oro uruguaya. ¡El glorioso Los Titanes! Han pasado 40 años desde aquella noche imborrable en la que pisé por primera vez lo que sería mi mejor lugar en el mundo.

Ahí, crecí a la par de los eucaliptos y de los pinos. Ahí vi pasar veranos, desfilaron amigos, ahí fui feliz, y muy feliz, ahí me enamoré, ahí me emborraché por primera vez, ahí vi llegar mi adolescencia, ahí me hice hombre, ahí llevé a mi primera novia, ahí acerqué a mi mujer, ahí presenté a mi esposa y a la madre de mis hijos, Facundo y Nahuel, y hoy sigo gozándolo.

Los Titanes nunca dejó de estar, su encanto no es para muchos. Mi amigo Rial me llamó para decirme que Rocío, su hija menor y también mi ahijada, y su hermana Morena querían venir "al ranchito del tío Luis". ¡Qué sorpresa inesperada! Y así fue.

Kilómetro 64 y medio de Interbalneria, ahí tenés a El Comanche, la casita de los Ventura. Simple, humilde y generosa. Un aljibe de agua fresca al fondo, un parrillero inmenso sólo para los amigos, ¡y esto es así!, un horno de barro, muchos árboles y flores, y eso sí, una hamaca paraguaya imposible de no probar.

Stellita corría, para que no faltara nada en la mesa: "¿Y a las nenas qué les compramos…". Fácil, una bolsita de 15 pesos de bombitas de agua, para jugar al Carnaval, y una cajita de pinturitas y fibrones… Mucho color. Con eso sólo la van a pasar muy bien.

Nos juntamos, un domingo, cerca del mediodía, mallas, shores y muchas ganas de compartir. Una vez más, Los Titanes se convirtió en el ombligo de mi mundo. Comimos, reímos y brindamos por los que estábamos, por los que no estaban y queremos, y por los que se marcharon pero los seguimos extrañando…

¡Cómo nos reímos! También hubo paletas, agua y un paso por el club de Los Titanes, el mejor del Uruguay, y me peleo con el que opine lo contrario. El club del que Rocío y Morena no se querían ir. ¡Qué bien lo pasamos lejos de la farándula, desvestidos un ratito de la tele y sumergidos en nuestros afectos! Pensar que estábamos a kilómetros del universo complejo de los Gaby Álvarez, de los desfiles glamorosos y eventos copetudos. En fin, no quería pasar por alto este momento como tampoco el desafío playero a la familia Scheck, especialmente al Pato, a Carlotino y al Mungo, que la barra titanense con el Nano, Carloncho, Motta el Flaco Carlos y Trabal espera para atenderlos contra el mar por la birra y hasta que haya ganador. Chau, hasta el Sábado… Show.

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