POR BERNADETTE LAITANO
El teatro es uno de los pocos productos uruguayos que no corre el riesgo de ser un enlatado argentino más. Mientras en Mar del Plata o Villa Carlos Paz el furor son los espectáculos con vedettes (aunque habría que revisar esa definición, para actualizarla), en Punta del Este, en esa punta donde el glamour y la frivolidad parecen ser lo que más brilla, los espectáculos son de otra calidad, ya sean teatrales o musicales. El fin de semana pasado se presentaba (¡en el Conrad!) ¡Qué noche Bariloche! con Diego Capusotto y Fabio Alberti. No es que Mar del Plata esté cubierto de lentejuelas, pero ya lo decía Hugo Arana en una entrevista con SÁBADO SHOW: una periodista argentina, al inicio de la temporada, dudaba sobre el público que pudiera haber para Filomena Marturano, la obra que protagoniza junto a Virginia Lago en Carlos Paz. Pero el motivo de esta columna no se limita al verano. En Mar del Plata, las Chicas Rial De Tinelli conviven con otras obras, como Giordano lo hace con el Festival de Jazz de Lapataia. Lo que aquí se quiere destacar -y agradecer- es la existencia de espectáculos con contenido, donde por fin podemos festejar algo que no tenemos: revistas. Con que aparezca Boom cada tanto y nos visiten títulos como El champán las pone mimosas o Graciela Alfano con Cualquier gato callejero (sigue el título pero lo terminamos otro día) vengan de visita todos los años, tenemos nuestra cuota cultural y apertura intelectual más que asegurada. El teatro en Buenos Aires es excelente. En Montevideo, también. Y todo es producción nacional.