Por Gonzalo Sobral
Está comprobado. En Uruguay es poco habitual que pase algo entre el 20 de diciembre y principios de marzo. Y puede extenderse hasta mediados de abril, de acuerdo a la fecha de Semana Santa. Eso implica a casi todos los ámbitos y, como la televisión es reflejo de la sociedad que la engendra, es natural que los programas de actualidad, aquellos que van más allá de la coyuntura, desaparezcan en diciembre para regresar, con suerte, pasado abril. Pero ¿qué pasa si la lógica cambia? ¿Qué pasa si en medio de un enero soporífero a alguien se le ocurre, por ejemplo, reflotar el tema de la reelección presidencial? ¿Quién podrá en TV darle al tema el enfoque esperable, hacer la entrevista extensa? Unos dirán que quedan los informativos, pero todos sabemos que no es lo mismo, entre otras cosas porque carecen de análisis político o porque sus analistas políticos están de licencia. Con la excepción de Poder ciudadano (Canal 5), todos los periodísticos televisivos desaparecen, como si los temas desaparecieran. Pero la realidad es rebelde y decide instalarlos en el momento menos pensado. Entonces, aún en vacaciones, gobierno y oposición tratan de mostrar sus mejores argumentos. Y del otro lado sólo encuentran micrófonos.