UNDER THE BLACKLIGHT
ROCK, POP | (WARNER)
Una de las externalidades que genera el negocio de la distribución de discos a nivel mundial es que, hasta que el éxito de una banda anglosajona no esté probado y asegurado al cien por ciento, es difícil que llegue a las bateas locales. Es cierto, siempre tendremos Internet, pero en lo que a aspectos formales respecta, este disco es el verdadero debut de Rilo Kiley en Latinoamérica.
Y es necesario destacar ese detalle porque el ingreso "formal" de Rilo Kiley al mercado regional llega con el disco menos esperado por sus fans. Es el cuarto álbum de esta banda formada en 1999 y precisamente el más desmarcado de su discografía. Los fanáticos todavía rechinan por las canciones nuevas de una banda que siempre estuvo más orientada hacia un sonido siempre pop pero quizá un poco más áspero e inaccesible.
Alguno podrá decir que esta banda de Los Ángeles decidió resignar experimentación para ganar distribución (es su primer disco con una multinacional) pero en lo que son los hechos, nos encontramos con una banda en su punto justo. Con un liviano e inocente pop rock guitarrero, la voz de Jenny Lewis es la joya del disco. En función de ella giran los arreglos musicales que pueden ser más o menos country rock, con más o menos sintetizadores, pero casi siempre exquisitos y simpáticos. Close call y Moneymaker son un ejemplo de esto y también de ciertas contradicciones: si bien un escucha que se centra en la música podría decir que es un entretenido disco primaveral y romántico, Lewis puede contar historias de prostitutas o rupturas amorosas en la era digital. En muchos casos, como el de Breakin´ Up, es el viejo chiste de la canción "popera" apta para cualquier pista de baile en la cual entran variables oscuras como el desamor y la venganza. Dreamworld justifica que la banda lleve el mote de "los nuevos Fleetwood Mac", aunque en todas las canciones ese sello está presente de forma más o menos sugerida.
Más adelante, Déjalo es una canción de doble filo. En ella, Lewis se pone en plan Gloria Estefan para cantar un estribillo en un español mal traducido. Es el chiste más gracioso del disco, aunque realmente no se pueda saber si es una tomada de pelo o un homenaje de la banda a la cubana más yanqui. En fin, un disco lleno de pequeñas y variadas gemas prontas para endulzar cualquier oído.
THE HIVES
THE BLACK AND WHITE ALBUM (UNIVERSAL)
Es como si hubiesen reaccionado con una divertida furia. ¿Quieren rock bien guitarrero? Pues rock de guitarras entonces es lo que hacen los Hives. Y hace bastante que lo hacen bien, salvo la lamentable excepción de Tyrannosaurus Hives, hace unos años. ¿Qué los diferencia del resto de las casi setenta bandas que deben haber editado dentro del mismo género en el año? Que ellos lo saben hacer sin tomárselo demasiado en serio. Adrenalínicos y veloces, los primeros tres temas del disco son como un planchazo en la nuca que se prende como chicle al lado derecho del cerebro. La base de este disco son los monstruosos riffs, aunque luego hayan dejos de funky, new wave o punk ramonero. Y el descontrol de unos suecos drogones que cantan en inglés.
SHINE
JONI MITCHELL (UNIVERSAL)
Jazzero como en anteriores épocas de esta cantautora canadiense, este nuevo disco de Mitchell (el primero en nueve años con composiciones propias) documenta como ninguno el paso de los años. Eso es lo que se nota en la voz de este verdadero ícono de la canción que quizá vivió su mejor época en los años sesenta, su etapa más folk.
MALDITOS BANQUETES
ETÉ & LOS PROBLEMS (SONDOR)
Este disco es la prueba de que la letra con buen rock entra. Eté no canta arengas ni canciones que digan "nena" dos veces por estrofa y sin embargo esos versos son acompañados por un rock estón algo denso y frontal, salvo algún country rock efectivo, probablemente culpa de Andy Adler, productor de la banda. El engaño entre música "alegre" y letras depresivas resulta y surte su efecto. Las canciones se repiten en torno a la soledad de las fiestas de amistades que se terminan con la última cerveza o sobre la misma nada, pero la verdadera diferencia es que Eté sabe usar las palabras que pegan, demostrando que en todo género se puede respetar a quien escucha.