Por: LUIS VENTURA
Como la fruta madura, las cosas al final caen por su propio peso. ¡Ayyy, la fuerza de gravedad! Como la rivalidad irremediable que siempre separó a Pamela David y a Silvina Luna, y viceversa, no vayan a ser que alguna se enoje por el orden de aparición. ¡No es nueva! Jamás se pudieron ver. Es así. Aunque se toleraran para hacer aquellas producciones fotográficas en las que las morochas más explosivas del Río de la Plata salieron celestiales y mostraron los dientes con sus mejores sonrisas.
Por eso se les cayó las caretas y la que aflojó los piolines para que esto ocurriera fue Pamela. Un buen día se despertó y supo que no aceptaría más los vedettismos de Silvina, abrevados en todas sus inseguridades artísticas, profesionales y personales. ¡Pamela se cansó, se aburrió!
La memoria no olvida su convivencia en la etapa con Sofovich. Y ahí, Luna fue la que la puso adentro de la misma bolsa de sospechosas, cuando a ella le había desaparecido un portaligas de su camarín. Gran escándalo titulado como "robo", que días después, cuando se supo que la desaparición del elemento de lencería había sido una broma pesada de Florencia de la Ve, jamás le pidió disculpas a David, que se la ató de un dedo.
Lo mismo que las excusas para demorar los ensayos, sus temores a exponer un topless en la revista de Gerardo obligando a que fuera Pamela quien lo hiciera y las llamaditas lacrimógenas para sacar algunas ventajitas escénicas, llenaron el vaso de Pamela que hoy le sacó tarjeta roja a Silvina, que quedó desnuda ante la opinión pública.
Es tiempo de salir a poner el pecho y mostrar las fichas de una y de otra, y en este comparativo Pamela demuestra que ha armado un camino más comprometido con su profesión sin subirse en las espaldas ni en la historia de nadie.
Por eso, en esta guerra sin treguas de las grandes morochas, Silvina sale a pedir explicaciones que se están dando, pero que también dejan al descubierto todo lo que fuimos publicando para ser desmentidos y hoy la verdad queda grabada a fuego en los ojos y los oídos de la gente, que incrédula en su momento no se animaba a creer que entre estas chicas tan bonitas hubiesen tantos odios y rencores.
Las cosas son como son y no hay cirugías, maquillajes, ni terapias que las puedan cambiar. Con Pamela en Córdoba queda claro que llegó la hora de que Silvina empiece a buscar su propio camino, porque sino el horizonte le parecerá muy oscuro. Chau, hasta el Sábado… Show.