Bernadette Laitano
Vivir, morir y nunca haber protagonizado una "gran historia de amor". Eso le pasó a la actriz canadiense Giséle Schmidt. Falleció en 2005 y su colega, Julie Vincent, escribió seis historias para que tenga para elegir.
A pesar de ser poco conocida en este lado del mundo, Giséle Schmidt fue una diva en Canadá que alguna vez confesó ser capaz de entregar su carrera entera a cambio de vivir un gran amor. Al año siguiente de la muerte de la artista, Julie Vincent estrena El vestido de novia de Giséle Schmidt, obra en la que Schmidt (personaje) presencia como espectadora seis historias cargadas de pasión y erotismo. Hace unos meses, la misma directora viajó a Uruguay para trabajar la obra con un elenco local que se presenta en el teatro Victoria hasta fin de mes.
La creación tiene un carácter muy personal para la autora, primero, y para quienes conocen de cerca la carrera de Schmidt, después. No es tan arriesgado afirmar, entonces, que la experiencia de la obra no será la misma para el público uruguayo, que la vivirá desde otro lado.
Interesa cómo se resolvió el trabajo de los actores en el espacio teatral, presentes todo el tiempo a un lado del escenario, a la vista del público. También es visible la manipulación que hacen de la escenografía, mediante el mismo sistema que se empleó en Arlequino, servidor de dos patrones (en la que también actuó Ismael da Fonseca), en donde con cuerdas subían y bajaban elementos del decorado.
Pero más allá de aspectos técnicos, interesa la carga emotiva de la obra. Gisella Marsiglia interpreta a una Giséle Schmidt que mira, desde un sillón, las seis historias que se le dedican. Y si bien su interpretación es la más breve del elenco, reafirma aquello de que no hay papeles chicos para un gran actor. Ella no participa de ninguna de las historias más que como espectadora, pero no como cualquiera, sino como la primera destinataria, incluso con guiños a su trabajo en Ivanov, de Anton Chejov.
Con respecto al vestido de novia, de nuevo Vincent nos hace un truco. Primero, porque en ningún momento el vestido en cuestión aparece como pertenencia de la actriz. Segundo, porque pierde tanto su sentido de símbolo (castidad y pureza) como la utilidad primera que tiene (vestir el cuerpo de la novia). Acá es un disfraz, un escondite de sustancias prohibidas, el último regalo de un hombre a su enamorado recién fallecido.
En el juego que propone Vincent conviven múltipes realidades. La de Schmidt homenajeada, personaje y espectadora. La conciencia del origen de la obra. Y la del espectador protagonista o no de "una gran historia de amor".
Datos de la obra
Nombre: El vestido de novia de Giséle Schmidt.
Autora: Julie Vincent (Canadá).
Dirección: Julie Vincent.
Elenco: Alicia Alfonso, Daniel Bérgolo, Cecilia Cósero, Ismael Da Fonseca, Gisella Marsiglia, Estela Medina (voz en off) y Gustavo Di Landro (acordeón).
Teatro: Victoria (Río Negro 1477).
Días y horarios: Martes y miércoles a las 20:30.
Entradas: $ 130 (hay descuentos).
Salvataje
La historia empieza con una fantasía devenida cliché: naufragar en una isla desierta con un único acompañante del sexo opuesto. Ni Harold ni Bety eligen naufragar y casi seguro no se elegirían el uno al otro como única compañía pero, como en muchas historias, lo que empieza en odio termina en amor (y el amor en odio, y así sucesivamente), sobre todo si pasan los años y las opciones son siempre una y la misma.
El espectáculo fue seleccionado por el MEC Programa, convenio entre el Ministerio, El Galpón y el Circular, por el que se subvenciona a los espectáculos seleccionados. Se presenta como un melodrama con salpicaduras de comedia y absurdo. Es de Verónica Perrota y Pablo Albertoni, y también son ellos quienes actúan bajo la dirección de Ramiro Perdomo.
Ante la aparente frivolidad de las obras que consiguen la risa del público, se advierte: no tiene que existir una gran revelación a la humanidad para que un texto sea aplaudido y en Harold y Bety pasa esto, con el ingenio en función del todo. Ese mismo ingenio es el que hace que las actuaciones sean el plato fuerte de esta creación isleña, potenciada por el aporte de Carolina Besuievski en el trabajo corporal de Perrota y Albertoni. (El Galpón, miércoles a las 21 horas).