Daft Punk: Alive

Sebastián Auyanet

Electrónica, house | (EMI)

Imaginate que sos un tipo al que no le gusta la electrónica, o le resbala. Entonces un día vas a un festival de estos "de tendencia" y te dicen que lo cierran los Daft Punk. Los conocés por aquel video de coreografías de la canción Around the world que tanto pasaba MTV y poco más. Ves los conciertos que ibas a ver y llega la hora del supuesto gran evento. Bajan las luces, y una voz distorsionada y robótica te hace temblar hasta la columna. Llamado de atención. Se abre una pirámide como la que ves en la foto y un riff de guitarra sampleado va haciendo mover algunas manos. Una pirámide hecha de pantallas de video rodeada por una especie de panal de tuboluces que cambian de color se abre y adentro aparecen dos... ¿robots? que van anticipando algo explosivo. Te metés entre la gente queriendo estar más cerca para ver de qué va la cosa y una especie de robót bebé empieza a decir varias palabras de corrido que se proyectan tras esos robots que pinchan discos, bailan y arengan desde la pirámide. La música para y una palabra desata los saltos: "Technologic". Para ese entonces, estás adentro. Te van a seguir amagando con el Around the world que por ahí conocés cada cuatro o cinco minutos mientras cuelan otros temas y cuando ese momento llegue te vas a dar cuenta de que lo que viste probablemente no lo vuelvas a presenciar jamás.

Y este registro de esa gira mundial que el dúo francés viene haciendo desde hace dos años (y que el año pasado llegó al festival BUE de Buenos Aires) va a llegar a fin de mes a nuestro país. Y no importa que no hayas estado allá, porque este disco, a los volúmenes adecuados, transmite al menos parte de esa energía que Thomas Bangalter y Guy Manuel De Homem-Christo pueden crear en un set de dos horas que es bastante más que dos tipos pinchando discos. El concierto sigue, sonó el tema conocido, pero en el camino te diste cuenta de que Burnin también te sonaba a tema que escuchaste en alguna radio y que ese otro que está por venir... ¿Cuál es? ¡Ah, sí, el del video con los dibujitos animé japoneses! Cuando la voz canta "¡One more time..!" volvés a bailar y te sentís dentro de una de las más intensas experiencias en vivo, probablemente de la década. Sos un pre-converso a la electrónica. Poco espacio hay aquí para hablar de la proclama robótico-humana del dúo y del significado de muchas de esas canciones que la gente baila como loca mientras música, luces e imagen pegan en casi todos los sentidos hasta desatar la euforia. Mejor empezá con este Alive y rezá para que vuelvan.

Graduation

Kanye West (Universal)

Para aquellos a los que se nos complica seguir el tren de las presurosas y cerradas rimas de los raperos estadounidenses, música y el sonido significan un plus que decide la preferencia por un artista. En ese punto, este disco de Kanye West es de lo mejor que salió en el año. Usando bases musicales que van del pop a las baladas (el caso de las canciones Champion, The glory o I wonder) y con la excepción de alguna pifia (el uso de un sampleo de Harder, better, faster, stronger, de la banda destacada en esta misma página), el disco es parejo, consistente y disfrutable. Quizá la clave sea que West no tiene que hacerse el gángster ni samplear tiros para imponerse. Y si se logra conectar con lo que dice, la cosa mejora más aún.

Lección de vuelo

Aleks Syntek (EMI)

A veces, el pop mexicano nos sorprende con cosas interesantes (el caso de Julieta Venegas). Pero hay otros en que se abusa de la cursilería y lugares comunes no sólo trillados, sino de una liviandad e intrascendencia brutal. Como si la superproducción de sonidos fuera a suplir el trabajo que tienen que cumplir melodía y letra. Todo el regocijo de Syntek por la hija que acaba de tener puede ser una buena puerta de entrada, pero las letras empalagan demasiado y no hay demasiada novedad. Y se supone que el músico tiene que aprender a contar y exteriorizar sus sentimientos sin repetir esquemas que escuchemos desde la oscuridad de los tiempos ¿no?

Curtis

50 Cent (Universal)

Muchas veces se han trazado paralelismos entre el hip hop estadounidense y algunos exponentes de la cumbia en la región. El uso de cierto lenguaje sucio y fácil (que ahora aparece también en varias bandas de rock) con pretensiones de "autenticidad y denuncia" es un recurso más que abusado y este disco de 50 Cent cumple con todo eso, desde el librillo hasta el último track: es hip hop, pero es cumbia. Tiros de fondo, actitud de "cafishio" ("pimp" le dirían allá) y una musicalidad tosca, poco pretenciosa y con demasiados intentos de parecerse a Eminem. Si encima el disco sale al mismo tiempo que el reseñado aquí arriba, lleva todas las de perder.

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