Por Luis Ventura
Cuando estas líneas estén llegando a tu mano, para ser leídas, es bien posible que este material haya pasado antes por otros ojos. Entre vos y yo hay alguien que nos observa desde otro lugar, y todo el tiempo. Me pasa desde hace meses, quizás años. Lo tengo asumido, incorporado y me obliga a no sólo tratar de ser honesto, sino también a parecerlo. Una desprolijidad, un descuido, podrá ser utilizado como un elemento en mi contra.
Ese elemento saldrá a relucir cuando mi mensaje periodístico no responsa a los intereses de ese alguien que me mira y está pendiente de mis movimientos. Pero también sé que debo ser un individuo para ser tenido en cuenta. En algún momento, este humilde laburante puede causar problemas. Meter sus narices en zonas que no debe, pensar un poco más allá del límite o dar información que pueda molestar. Por eso estoy bajo la lupa. Lo mismo que Jorge Rial, o gente como nuestro productor de Intrusos, Julián León, que por juventud y falta de fogueo está muy mal.
Pero el miedo no puede ni debe paralizar a un periodista y es lo que trato de manejar para no dejar de hacer lo que corresponde. Hace unos años, en un fallo judicial, me comunicaron que me habían pinchado mis teléfonos a través del Servicio de Inteligencia durante 4 meses. Después me cansé de perder mensajes en mi contestador automático. Lo mismo que con mi casilla de correo electrónico donde no me robaron menos de 500 documentos. Hablo de información, fotografías, videos, hasta fotos de mi familia. Ese alguien se queda con todo, como si fuera una esponja gigante que todo lo absorbe. Hace unos días, ese alguien apareció en los teléfonos de Rial y León, y los amenazó. Les dijo que los tenía arrodillados ante él, que sólo estaba por debajo de Dios. Se dijeron de todo… Se presentaron las denuncias, hasta entró a participar el Ministerio del Interior de Argentina, para preservar los derechos y la seguridad de los denunciantes. Desde ese mismo momento, "Ernesto", que es el nombre del espía, "hacker" o como quieras llamarlo, está en mi celular.
Me llama seguido, dice respetarme y yo trato de convencerlo para que deje en paz a mis compañeros y amigos, y él se mantiene en su historia. Hace poco me envió parte de los mails que me habían robado y me los reenvió desde un mail que Julián León había dejado de utilizar hace años. ¡Qué momento!
¿Qué hacer en estos casos? ¿Escondernos? No. Por lo pronto seguir cumpliendo con nuestra vida y quehaceres de la mejor manera. Alguien nos espía y esto no es Gran Hermano. Chau hasta el Sábado… Show.