Por: Enric González - El País de Madrid
Acaba de protagonizar Valiente, una película sobre una mujer que sufre un asalto brutal, compra una pistola y empieza a cometer homicidios. ¿Cuál es el tema? ¿La venganza? ¿El miedo?
-Hay muchos sentimientos primarios en esa historia. El ansia de justicia, por ejemplo, en el sentido de ajustar cuentas con la realidad. También la venganza. Pero sobre todo el miedo. Más exactamente, la necesidad de convertir el miedo en ira a través de un arma.
-Usted es actriz, directora y productora. Casi nada se escapa a su control. Y, curiosamente, varias de sus películas más recientes, La habitación del pánico, Plan de vuelo o Valiente, giran en torno a una mujer que tiene miedo.
-Decidí que, después de todos estos dramas, haría una comedia. En pocos días viajo a Australia para empezar el rodaje de mi nueva película. Es la historia de una mujer que escribe novelas de aventuras, con personajes muy valientes y masculinos. Ella, sin embargo, no se atreve a salir de casa. Todo la asusta. ¿Se da cuenta? Otra vez el miedo. Es cierto, me atraen de una forma irresistible los personajes que tienen miedo.
-¿Y eso le ocurre desde siempre? ¿Influye el hecho de ser madre?
-No vivo como una persona miedosa. No voy acompañada de guardaespaldas y viajo con mi familia por todo el mundo, incluyendo lugares no del todo seguros. No soy asustadiza ni, creo, hiperprotectora con mis hijos. Y, al mismo tiempo, sé que el miedo me consume. Soy una persona extremadamente organizada y propensa a controlarlo todo. Pienso antes de hablar. Planifico. Eso probablemente quiere decir algo.
-¿Es el miedo un elemento central en la sociedad estadounidense?
-Estoy absolutamente convencida. Especialmente desde los atentados del 11-S, que nos marcaron de una forma profunda. Nueva York es una ciudad segura, con un policía en cada esquina. Aun así, el miedo resulta perceptible. Se trata de miedo a algo abstracto, irreal. El miedo es una emoción insoportable, hace falta transformarla. Y nosotros, tras el 11-S, de forma típicamente americana, lo transformamos en ira. Cuanto más miedo, más poder necesitamos. Es lo que pasa con las armas: compras una, te la metes en el bolsillo y te sientes poderoso.
-Lo que acaba de decir podría ser también una explicación de la guerra de Irak y de ciertas actitudes de la Casa Blanca.
-Posiblemente. Pero ya sabe usted que no me gusta hablar de política.
-Usted es famosa desde los tres años. ¿Cómo ha logrado sobrevivir?
-No lo sé. De verdad, no lo sé. Supongo que, al menos en parte, por mi personalidad. También ayudó mi madre, que, pese a todo, consiguió educarme de forma más o menos equilibrada. Y mi capacidad para compartimentar mi vida y distinguir el trabajo de la realidad. Desde muy pequeña soy consciente de que puedo pasar horas yaciendo sobre un charco de sangre, maquillándome como una prostituta o recitando discursos como si supiera de qué hablo, pero a las seis de la tarde dejo de ser actriz y soy una persona.
-Hablaba del éxito en la adolescencia. Todas las niñas actrices pasan por crisis, y algunas no las superan.
-He hecho mis travesuras. Ocurre que no soy nada autodestructiva.
-¿Disfruta de la fama?
-En todos estos años no le he encontrado ninguna ventaja. El respeto es estupendo. Y todos queremos que la gente nos considere guapos, inteligentes, buenos profesionales. La fama es otra cosa, una cosa estúpida que hace que la gente crea conocerte cuando en realidad no sabe nada de ti. Yo estoy dispuesta a hacer cualquier cosa para proteger mi vida privada. Aprendí desde pequeña que la fama puede robarte la vida.