Quizá aquellos que no están demasiado metidos en la música de los White Stripes tengan como única carta de presentación de la banda la canción Seven Nation Army, esa cuyo aplanador riff se metió de lleno en radios, pistas de baile y un sinfín de remixes hace ya varios años. Lo cierto es que este dúo surgido de la ciudad de Detroit está desde sus orígenes mucho más volcado a la experimentación que a la realización de canciones como la mencionada. Si bien repetir la fórmula les hubiese allanado el camino al éxito mundial, ellos siguen buscándole la vuelta a su combinación de dúo, disco a disco. La fusión en lo-fi (baja calidad de sonido) de punk, garage y hard rock con algunos aires incluso a country y folk, sumada a la crudeza que implica la formación de la banda (apenas un dúo de guitarra y batería, sin bajos) les da suficiente cancha como para seguir escarbando en su propia propuesta y creando nueva música. Ah, y al planeta lo conquistaron de todas formas.
En este caso puntual, Icky thump mantiene algunos rasgos distintivos de discos como White blood cells, segundo álbum de estudio de los Stripes, más que nada en el hecho de que ambos son discos poco accesibles. Sin embargo, Icky... suena aún más áspero y rebuscado que este anterior. De todas formas, su música siempre se plantea un doble juego: quizás a primera escucha ninguna canción pegue demasiado, pero luego de uno o dos intentos más, los riffs de Jack comienzan a surtir efecto. Es así que en Icky thump encontramos hasta cuatro o cinco canciones que funcionan, no sólo un par. Como ejemplos, el tema que da nombre al disco o Conquest, que parece concebida para una película de Tarantino. Además, éste es un disco que suena a "hecho sin miedo". Acá entran gaitas, trompetas y otros instrumentos, y de a poco vamso viendo que todo encaja bien. Pero es necesario insistir y dejar que los nerviosos arreglos y distorsiones vayan haciendo su trabajo luego del primer sacudón, porque éste es un disco de más de una vuelta. De todas formas, escuchado Icky thump, la conclusión es la misma: White sigue inquieto. Su cabeza no descansa y ya está instalado entre los compositores de rock alternativo más prolíficos y talentosos que hayan aparecido en los últimos veinte años. Es simple: dentro de una cantidad similar de tiempo vamos a seguir hablando del gordito Jack.