Muchas veces me replanteo cosas y las vuelvo a analizar para ver si estoy equivocado. Para pedir disculpas, si caben, pero regreso a la misma conclusión: Hay que pagar con la misma moneda. ¡No hay otra! Es la única forma que existe para que te den el lugar que corresponde y que te valoren y respeten.
Yo nací, crecí y vivo respetando al de enfrente, al de al lado y al prójimo… porque lo aprendí en mi casa, lo mamé de mis viejos y soy así. Decir gracias no me cuesta, no me incomoda abrirle la puerta a una dama, no me perturba mirar a los ojos sin esconderme, tampoco llevar una flor a la dueña de casa, a la mujer que me cuida a un hijo o a un sobrino, mantener la palabra empeñada contra viento y marea. En fin, es mi estilo, mi norma. A esta altura del partido no vamos a cambiar las formaciones del equipo.
Por eso me rebela la gente y puntualmente la pendejada que no entiende lo que es dar un abrazo al que le tiende una mano, una atención para aquel que los favorece o potencia sus proyectos. Y de vez en cuando, aunque no sea la norma, bañarse, peinarse y ponerse ropa y calzado limpio, no digo nuevos. Digo limpios. Pomada, jabón y desodorante. Sólo por respeto a ellos mismos y a los que deben estar cerca o frente a ellos.
Es más, me pasa hasta con mis rivales y enemigos. Hasta para la pelea debería haber códigos. Y me detengo en estos actorcitos que no salen del cascarón, que no saben del éxito propio y orillan la vecindad de la fama, que se cagan en sus colegas, en la prensa y en quienes se preocupan por darle oportunidad a sus trabajos.
Y en esto hablo de los Luciano Castro, de las Dolores Fonzi, de los Nicolás Cabré, de los Iván González, de los Antonio Birabent, de los Vicentico… Son los grandes rebeldes que no te dan nada, porque se llevan todo para ellos y te exigen todo, como si fueran los genios de la Humanidad. El caso de Luciano yendo a almorzar a lo de Mirtha y destratando a la conductora que le permitía promocionar su historia y su trabajo… ¡Fue lo máximo! ¿Si no le importa el producto en el que labura, para qué lo acepta? ¿Sólo para cobrar? ¿Por qué no se va a trabajar a un iglú en la Antártida y no le manga prensa ni favores a nadie?
A gente como él hay que hacerle pedazos el trabajo y lo que lo rodea, en lugar de andarle buscando lo positivo del contenido para no crucificarlo. ¡Por favor, por lo menos un poco de respeto aunque no se acostumbre! ¡Aunque estemos afuera de tiempo o de época! Basta de darle margaritas a los chanchos… Agua, jabón y respeto, muchachos, así no miramos lo que realmente son. Chau, me calenté, hasta el Sábado… Show.