Hace poco leí en EL PAÍS una brillante pieza periodística de Jorge Abbondanza sobre la necesaria y saludable separación de Estado y religión.
El columnista estaba absolutamente en lo cierto, de Indonesia a Marruecos y de Irán a Arabia Saudita, pasando por los barrios ultra-ortodoxos de Jerusalén.
Pero, viviendo en los Estados Unidos, conviene agregar que en este país la lucha por mantener la separación de Estado y religión es también el pan nuestro de cada día.
Lo que ellos llaman los Padres Fundadores, que hicieron la revolución y escribieron la Constitución, fueron muy claros en este aspecto: Estado e Iglesia TIENEN que estar separados, para el bien de ambos.
Ni la Iglesia debe interferir con el Estado, ni mucho menos, el Estado interferir en los asuntos de la fe.
Pero amplios e influyentes sectores evangélicos fundamentalistas nunca han aceptado ese precepto y durante 200 años han tratado de abolirlo.
La tendencia del Congreso y la Justicia ha sido defender la separación, pero no siempre.
En la jura de lealtad que se hace en circunstancias oficiales y en las escuelas, hasta la década de 1950 la palabra Dios no aparecía para nada. Fue recién en plena Guerra Fría, y en pleno macarthismo, que el Congreso aprobó el agregado de UNDER GOD, "una nación bajo Dios...".
Viola claramente la Constitución, pero seas religioso o no, tenés que jurar bajo Dios.
Los trogloditas políticos, como Newt Gingrich, toda la fauna de telepastores fanáticos y los mussolinis televisivos y radiales de las cadenas FOX y CNN, insisten en algo todavía menos verosímil.
Según ellos, los Estados Unidos nacen por un Pacto o Convenio con Dios, igualito al de Jehová con Moisés.
Y por eso es que los Estados Unidos tienen el deber de salvar al mundo.
La idea de que Setiembre 11 fue un castigo de Dios por los pecados de los homosexuales, las lesbianas y el aborto, es popular entre esos extremistas de la religión...
Hasta 1968, sí, leyeron bien, 1968, enseñar la Teoría de la Evolución de las Especies de Darwin estaba explícitamente PROHIBIDO por la ley de varios Estados.
Luego se inventó el llamado "diseño inteligente" y comenzó una serie de batallas legales para imponerlo en la enseñanza.
El Presidente Bush II, que ha hecho todo lo posible por terminar de destruir la educación pública en beneficio de las escuelas privadas y religiosas, apoya calurosamente esta idea.
También la apoyan tres de los candidatos republicanos, que han confesado públicamente que NO creen en la evolución.
En el año 2005, un sabio juez federal dio una firme parada de carro a la pretensión de las autoridades escolares de Kansas de disfrazar el "diseño inteligente" como ciencia. Una cosa es una cosa, les dijo, y otra cosa es otra cosa. Ciencia es ciencia y religión es religión.
Pero la campaña no cesa. Hay canales trasmitiendo las 24 horas y con tono pseudo científico que el mundo se creó hace 4 mil años. Siempre que puede, la cadena FOX saca en cámaras a un padre ofendido porque a la nena en clase le hablaron de los monos.
El History Channel, nada menos, pasa un día si, un día no, programas pseudo científicos sobre el Apocalipsis, los exorcismos, los milagros y la "verdad" de las profecías.
Una parte del ELECTORADO de los Estados Unidos está convencida de que una teocracia evangélica es la solución para este país. La expresan individuos como el candidato presidencial republicano y senador Tom Tancredo, que además de no creer en Darwin dice que si llega a la presidencia va a deportar hasta el último de los 10 ó 12 ó 16 millones de inmigrantes sin papeles. También afirma que como Presidente estaría preparado para tirar bombas atómicas en La Meca y en Medina, las ciudades santas de Arabia, para terminar de una vez por todas con el problema islámico.
Como diría mi abuela Carmen: ¡Dios nos libre y nos guarde!