El rock es un género que evoluciona, es verdad. En ese sentido, escuchar la música de Doberman puede ser recibido con cierta ligereza por parte de algún fanático. ¿Por qué? Simplemente porque Doberman no aporta nada nuevo al género en sí mismo. Es más, su música denota un cúmulo de influencias que deambulan entre el hard rock y el heavy de más de veinte años de antigüedad. Es más, si Doberman hubiese surgido a principios de los años noventa no nos llamaría la atención.
Entonces, la cuestión es ¿justifica su existencia una banda con estas intenciones? La respuesta está en este nuevo disco de la banda. Y la respuesta es sí. ¿La clave? La sinceridad. Mientras que a nivel mundial bandas como la mexicana Moderatto o la inglesa The Darkness basan su éxito en una parodia del género, Doberman sigue indagando en sus fanatismos y consigue una versión más pulida y mejorada de su música, probando que aún pueden seguir saliendo cosas buenas de este tipo de música.
Sin ser unos innovadores (ni proponerse serlo), cada canción de El último en pie es reflejo de una pasión y una contundencia a las que todavía se les puede reclamar algunas cosas en el apartado de las letras. Por lo demás, ahora las cosas suenan "a segundo disco": hay menos solos, menos ruido, menos gritos. Y ubicados donde tienen que estar, el caso de canciones como Rock Boulevard, o Para recordar. Si bien las baladas suenan más potentes y aceitadas, una especie de reposo entre tanto rock a paso de aplanadora, es cuando pisan el acelerador que Doberman se convierte en el verdadero Dóberman. Perro fiel y Veneno, canciones que llevan el ritmo arrollador que viaja entre el ritmo parejo de AC/DC y el heavy de Bruce Dickinson, son dos de las mejores canciones del disco. También Solo es un buen intento por sumar nuevos sonidos (como un órgano hammond) y proponer algo que se desmarque de lo que se espera de ellos.
En síntesis, Doberman es una banda que aprovecha el paso del segundo disco como un verdadero salto de calidad, sin pretenciosidad alguna, y haciendo de las voces y los punteos un sello propio de autenticidad. Fieles a su esencia, sus rocanroles llevan la marca de cuatro tipos que, en una escena llena de imitaciones, salen sin problemas a tocar lo que les gusta, sin renegar del lugar de donde vienen.
Basta | Las Pelotas
Como un buey es apenas una prueba más del crecimiento que Las Pelotas ha tenido desde su anterior Esperando el Milagro, hasta la fecha. Ya sin tener que recurrir a sonidos más emparentables con su predecesora Sumo, la alternación de Sokol y Daffunchio en las voces funciona cada vez mejor. Así, entre melodías dulces con voces que no pierden la ternura se abren paso estallidos de guitarras (Matrimanicomio) que definen un sonido más que apto para avasallar audiencias en el vivo.
Si el despliegue musical cumple incluso en los "rocanroles", hay que decir lo mismo de las letras. En una época de cierta chatura para el rock argentino, un nuevo disco de Las Pelotas es una noticia muy buena.
An ancient muse | Lorena Mckennit
Ya lejanos están los años en que la compositora canadiense aprovechaba la ola new age que invadía las discográficas y desempolvando viejas tradiciones europeas reinaba en disquerías y programas de radio matinales.
Su último disco de estudio The book of secrets data de 1996 y desde entonces su producción había mermado en cantidad pero ganó en exploración de otras referencias musicales de los Alpes al sur.
Así en este nuevo trabajo aparecen los tradicionales aires celtas del norte mezclados con influencias de la Europa mediterránea, en una conjunción más original que vistosa.
Call me irresponsible | Michael Bublé
Este crooner canadiense, especialista en versiones de viejos clásicos llega a su tercer disco de estudio convertido en una estrella en toda norteamérica. Luego de su anterior disco It´s Time, con el que estuvo nominado a los premios Grammy, saca un tercer disco que incluye canciones en clave Frank Sinatra de Leonard Cohen (nada menos que I´m your man) y una más que interesante revisión de Wonderful tonight (Eric Clapton), junto al brasileño Iván Lins. Pese a que todo suena lindo y muy relajante, casi todos esos temas suenan a disco de covers ya propuesto infinidad de veces en los últimos años, y uno termina esperando más composiciones propias.