Estamos de acuerdo. La hinchada de Boca Juniors es una desgracia. Es un forúnculo en el rostro de la humanidad. Un tumor canceroso en el organismo de la Argentina.
Dicen que la culpa no la tiene el chancho, sino el que le da de comer. Este tal Macri ha venido dándoles de comer a las barras bravas de Boca por largos años.
Y ahora va a ser el alcalde de Buenos Aires. Es para temblar.
Los pueblos tienen los gobernantes que se merecen. Y después de todo, PODRÍA SER PEOR.
Marcelo Tinelli podría ser el alcalde de Buenos Aires, o algo más.
Un país que apoyó a Menem y que idolatra a un pobre muchacho enfermo, como Maradona, bien puede llegar a votar por Tinelli para presidente.
La decadencia tenebrosa de la cultura popular de nuestros vecinos podría ambientar una administración de ese tipo.
Con Gerardo Sofovich de Ministro de Relaciones Exteriores, las payasadas del actual canciller argentino quedarían a la altura de un poroto.
Moria Casán podría ir de Ministra de Cultura. La recauchutada ídola de los cholulos representaría a las mil maravillas esa cosa tan baja a la que, gracias a la televisión, está quedando reducida la un día gloriosa cultura argentina.
O tal vez Nazarena Vélez sea una candidata incluso mejor, mas emblemática, como Ministra de Cultura.
Las prepotencias de Kirchner, los dislates de su canciller, las guarangadas del gobernador entrerriano, quedarían salvadas ante la historia por una presidencia de Tinelli.
Primero las paradojas del peronismo y luego las andanzas de Galtieri y de Menem, esas figuras grotescas de la política parecen haber preparado a la Argentina para aguantar y aceptar cualquier cosa.
Y votar cualquier cosa.
La inconcebible abulia del gobierno uruguayo y la afición de Kirchner por ir de pesado han creado el tole tole de las papeleras.
No le saquemos a nuestros mandamases sus culpas: estaban durmiendo la siesta y se despertaron dentro de una pesadilla.
Mercedes Sosa, que acaba de presentarse ante 3 mil personas en Chicago con un espectáculo magnífico, estuvo en el Festival de Durazno. Hacía muchos años que no cantaba en Uruguay. Me contó que la recibieron maravillosamente, pero que unos pocos empezaron a cantar cosas sobre las papeleras.
Los uruguayos no podemos ir por ese camino de patrioterismo y xenofobia, que tampoco es querido por la mayoría de los argentinos.
Recordemos que la Argentina de Kirchner, de Maradona y de Tinelli es también la Argentina de Borges, de Cortázar, de Piazzolla.
Ese agonizar entre lo más refinado y lo más grueso es el precio que la Argentina paga por su contradicción no resuelta entre civilización y barbarie. ZAPATILLAS SÍ, LIBROS NO, cantaban en 1951 las turbas peronistas.
La fascinante, hermosa Buenos Aires es la capital de América del Sur. Junto con Nueva York son las dos perlas urbanas de este lado del Atlántico. Pero Buenos Aires es también una ciudad salvaje, bestial, donde los trogloditas de azul y oro se masacran mutuamente con los de rojo y blanco.
Los uruguayos asistimos, dóciles y adormilados, a ese desbarranque.
Somos una colonia televisiva de Buenos Aires y tragamos todo ese veneno pensando tal vez que la frontera, la bandera y nuestro sobrio orgullo nacional van a ser antídotos suficientes.
Y estamos equivocados.
Podemos hacer bromas acerca de Marcelo Tinelli entrando a la Casa Rosada como Excelentísimo Señor Presidente de la Nación Argentina.
Pero el enema cotidiano de estupidez, vulgaridad y anticultura también lo sufrimos en nuestras vísceras.
La decadencia de ellos es también la nuestra. Así que la consigna de hoy es BORGES SÍ, TINELLI NO.
Y que vayan a cantarle a Gardel.