Buitres para todos
"Ya las flores están puestas para esta noche perfecta", dice Gabriel Peluffo en "Invitación", tema que comienza a calentar la fresca noche del Velódromo Municipal, mientras las tres pantallas que integran la novedosa puesta en escena muestran a cada uno de los músicos. Después de la "tranquila" intro, llega el momento del pogo...
"Un, dos, tré, va..." el primer grito de Parodi hace que todo el Velódromo Municipal salte mientras la fiesta buitrera se desata. Son aproximadamente las 21 horas, y con el primer acorde llega el momento de dejar atrás tanto nerviosismo e incertidumbre y disfrutar: Buitres sale al escenario de un Velódromo a punto de explotar, para volver a escribir la historia del rock nacional. Esta vez, con un concierto que incluyó sorpresas pero sobre todo un sonido y puesta en escena muy buenos. Como no podía ser de otra manera, su público respondió como se esperaba: diez mil piedras de sudor saltando, apretujadas sobre el escenario y otras miles atrás, todos participando con el orgullo de ser parte de un nuevo acontecimiento del rock nacional.
Sobre la desgastada superficie del Velódromo se congregaron seguidores de todas las épocas: desde los que inflan el pecho para decir "yo estuve en el de los diez años", o los que reclaman temas de Los Estómagos, pasando por los seguidores más chicos, los del "Mientras", que hoy han hecho suya a la banda, siguiéndola toque donde toque. Todos juntos y hermanados por una pasión que -como en los últimos tiempos del rock rioplatense- adquiere ribetes futboleros. Rock de remera y bandera en alto, con las gargantas al cielo para cantar "Soy del montón" o "Calaveratur", según el período de preferencia pero con el infaltable "olé, olé olé oléeee..." a coro, después de cada tema.
Sobre la mitad del concierto, las luces se apagan y quien aparece sobre el escenario es Hugo Díaz, guitarrista de Trotsky Vengarán: "mientras los Buitres descansan, le pedí a unos amigos que vengan a hacer unos temas", avisa. Cuando las luces se prenden, Cuico, Héctor y, obviamente, Guillermo ya estaban en el escenario para un breve set de temas increíbles de la banda como "Canción de Navidad", "Lucas Terry" o "Torturador".
Después de unos diez minutos de descanso -anunciados por Kairo Herrera y el interminable Varo- Peluffo, Parodi, Rambao, Villar y el recientemente incorporado Orlando Fernández regresaron a escena para cerrar el show. Un final a todo banderazo y con colegas-amigos acompañando —Chirola Martino, Sebastián Teysera, Chamaco y la gente de Trotsky se sumaron para el "toooooca Buiiitres..."—marcó el cierre de tres horas de festejo, que no terminaron sin unos cuántos bises que la gente pidió con insistencia, hasta que los músicos volvieran. Así son los Buitres. Así es la gente que los sigue. Como desde hace 17 años, con una insaciable sed de rock.
Sebastián Auyanet
Omar en Morini
Fiesta del Yoru-house
La atmósfera, a las puertas del ex-restaurante Morini, era bizarra: un carrito de chorizos rebautizado con el nombre del dúo, daba la bienvenida a la presentación del disco debut de Bonilla y Benedetti en plena puerta del lugar del evento. Sin duda, una muestra de lo que ambos componentes de Omar buscan: vincular elementos de identificación nacional como el canto popular o la murga con los sofisticados ritmos modernos que procesan en sus computadoras. Pese a lo extraño de la mixtura, Omar no se queda solo en eso. La cosa de verdad funciona. En vivo, sus composiciones adquieren la suficiente intensidad como para dar paso al baile, y el evento sea algo más que ver a dos tipos saltando y manejando sus computadoras. Fuera del escenario, si bien era poca la gente que se animaba a soltarse, pese a las arengas del dúo, el buen ambiente marcaba que Omar estaba teniendo una muy buena noche, que sobre el final se cerró con la certeza de que lo que proponen estos precursores de la electrónica nacional tiene un auspicioso futuro.
S.A.