Reggaeton (sony - bmg)
"Yo quisiera decirte cosas lindas, pero no me sale" , le canta el doctor en insultos y referencias escatológicas Residente a la Mala Rodríguez, otra que no se queda para nada atrás en esas cuestiones. El reciente suceso de este dúo puertorriqueño de reggaetón en nuestra región de la mano del recontrahit Atrévete-te-te confirmó la llegada de un género en principio meramente comercial y hasta cierto punto equiparable a otras invasiones nefastas (recordar el "merengue hip hop" de bandas como Sandy & Papo y Proyecto 1) provenientes de las islas centroamericanas. Afortunadamente, es precisamente en el caso de Residente y Visitante (encargado de musicalizar los versos) que vemos, al menos, algunas ambiciones artísticas.
Subestimados y controvertidos como prácticamente la mayoría de los exponentes del reggaetón, con este Residente o visitante, su segundo disco, abordan el género con diferentes e interesantes adiciones: Santaolalla y el Bajofondo Tango Club prestan cuerdas y samples para su Tango del Pecado, aparece la bossa nova en Un beso de desayuno y también incluyen las voces de Tego Calderón, Vicentico y la mencionada rapera española. Ah, y se dan el lujo de agregar una apertura de ópera en el bizarro primer track que abre el disco.
Pero dejando de lado los insultos y obscenidades presentes en algunas canciones, justo es decir que otras abordan temáticas que incluso se centran en la propia escena del reggaetón (Algo con sentido), la situación en su país (La crema), o una mañana con una mujer a la que nunca se le falta el respeto (la mencionada Un beso...). Dentro de las raíces del hip hop, Residente emerge como un Eminem en franco crecimiento. De hecho, la canción La era de la copiaera tiene varios puntos de contacto con la canción The real Slim Shady, que el rapero de Detroit lanzara hace ya casi siete años. El original y complicado estilo de rima del cantante (un estilo apresurado y similar a un trabalenguas) es otro punto llamativo y definitivamente a favor.
Estos factores evidencian un crecimiento en las aspiraciones musicales de los boricuas, y sus intenciones sorprenden a aquellos que estamos acostumbrados al pop (y a mucho rock) prefabricado que varias discográficas venden hoy en día. Eso, sin mencionar que el contagioso ritmo de las canciones sigue pegándosele como chicle a cualquier reprimido musical, más si está dentro de algún boliche.
Sebastián Auyanet