Castigando el esférico

| Alegan que el gol en contra tampoco fue de Vanzini sino un Soplo Divino. Las reglas del fútbol no contemplan este tipo de intromisión desde lo Alto.Proponen prohibir plegarias en el vestuario.

El ariete aurinegro Silvio Mendes castigando el esférico con inusitada violencia introdujo el útil en la valla del equipo del Parque Central, alzando en vilo a su parcialidad y sumiendo en desazón a los del bolsillo.

El referido artillero, al traducir en la red sendas acciones ofensivas, retrotrajo la memoria a otro goleador clásico y brasileño, aunque en tiendas opuestas: el letal Celio Taveira Filho, que supo perforar la valla de los carboneros en reiteradas ocasiones a lo largo de su rutilante trayectoria en nuestro medio.

Sería prematuro, además de inapropiado, arriesgar una opinión o vaticinio en el sentido de que el punta bahiano podrá emular, o siquiera aproximarse, a la dimensión que Celio Taveira ha tenido en la historia de sus rivales de siempre. No creemos en las bolas de cristal.

Sin embargo, permítasenos unas palabras sobre los comentarios emitidos por el referido futbolista de la gran nación norteña. Ante el justificado asedio de la prensa, el afortunado scorer dijo que "antes del partido le pedí a Dios que me ayudara y por suerte Dios se acordó de mí".

La AUF, incluso la FIFA, que es la institución rectora del balompié mundial, deberían tomar medidas ante la intromisión en el juego de fuerzas superiores o exógenas.

Las deposiciones públicas del futbolista llevarían a suponer que la victoria carbonera ha estado teñida de ilegalidad por la intromisión de una Voluntad Superior que habría conducido el esférico como un letal misil teleguiado desde el momento en que fue impactado por el botín del fervoroso Mendes, hasta que se introdujo en la portería alba.

De haber estado en antecedentes de los hechos, el árbitro del encuentro no hubiera tenido más remedio que invalidar la conquista. Como es sabido, en el fútbol los de afuera son de palo, y eso reza para todas las divinidades habidas y por haber. Y, sino, recuerden aquel gol "espirita" que Renato marcó casi desde el banderín del córner, para desazón de todos los uruguayos.

Es más, la institución del Parque Central podría protestar el resultado del match clásico ante El Vaticano, dada la dudosa legalidad de un tanto convertido por Acción Divina.

Consultada la sede apostólica, se ha indicado que una apelación de ese tipo debería ser ventilada ante el Tribunal para la Doctrina de la Fe, que antes de emitir cada fallo teológico suele tomarse unos quinquenios de análisis, debates y disquisiciones.

Por este camino, los partidos internacionales serán un descontrol total: Buda teledirige un gol japonés, Dios empata para Italia. Jehová marca para Israel, Oxalá le regala cinco a Brasil y de lujo.

Volviendo a la escena local, supongamos que cada futbolista, antes del match clásico, hubiera elevado las mismas oraciones.

Si idéntico favor le hubiera sido democráticamente concedido a todos ellos y no tenemos por qué pensar que el Ser Supremo fuera a andar con favoritismos, el partido hubiera culminado 20 a 20. Y eso descontando que a los cuidavallas no se les hubiera ocurrido la peregrina idea de pedir la merced de convertir dos goles también ellos.

O la hipótesis contraria: Dios decide escuchar a los porteros y no llevarle el apunte a los demás. Entonces nos hubiéramos retirado del Centenario con un CERO a CERO tan grande como el propio coloso de cemento.

Para ser honestos, la conclusión más que probable es que, entre los futbolistas que militan en nuestro medio, en fija el Creador tiene una marcada preferencia por las plegarias de los arqueros.

barilarius@yahoo.com

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