El mundo gira y los tiempos cambian las formas. Internet y la TV fueron mutando los hábitos y las elecciones humanas. De la escritura tallada en piedra, pasamos a que hoy todo nos llegue por e-mails. Y justamente, en este presente cibernético, todo lo que trasciende se cocina en pantalla. Desde la intimidad en Gran Hermano, hasta la lucha obrera que antes se plasmaba en una marcha frente a los edificios oficiales, con oradores incluidos, y que hoy prefieren los cortes de rutas y bailar en pantalla compitiendo por un sueño. Ni siquiera quiero plantearlo como una queja o que suene como un rezongo, pero me hace ruido ver a Nina Peloso, una líder de los trabajadores desocupados, o si preferís la mujer del piquetero Raúl Castells, participando de un reality o talk-show, como se ha convertido la última edición de "Bailando por un sueño" (ShowMatch). Raro, ¿no? Al menos, poco previsible. Y en esto lo quiero felicitar a Tinelli, o a su producción, porque con su poder de convencimiento logró la expectativa y el efecto buscados. ¿Quién no habló de la presentación de Nina bailando?
Pero espacios populares como el que ofrece Tinelli, lleno de caricaturas, bloopers, frivolidades, ¿deben ser los lugares de batalla de los líderes obreros? Me pregunto si está bien que Peloso haya planteado aspectos de la lucha en un programa de diversiones. Me parece perfecto que le dé masividad a su pancarta ideológica, que el dinero que gana bailoteando lo destine a comedores infantiles y que en el medio de la parodia saque fotos de mártires muertos en la lucha obrera. Pero ¿está bien? Las arengas piqueteras suelen rezar que la sangre derramada no será negociada, pero que Peloso aparezca floreándose entre parodias y conventillos en los bailes de Tinelli no me deja de parecer raro. Aunque meta un millón de puntos de rating. El año pasado también se planteó, con la participación del uruguayo Javier Rojas, que hizo pareja con Evangelina Carrozo, uno de los símbolos de la lucha por las papeleras entre Fray Bentos y Gualeguaychú, y también me hizo ruido. El tema era mucho más serio que la humorada que se trataba de plantear.
Algunos dirán que echarle un manto de humor a este tipo de conflictos ayuda a flexibilizar posiciones, pero me sigue pareciendo raro y me hace mucho ruido para que nadie lo plantee y la mayoría prefiera mirar hacia otro lado. La idea televisiva y el efecto buscados por Tinelli salieron perfectos, pero insisto que a mí me enseñaron que la lucha social se debía plantear en el espacio real y no en el virtual. El hambre y las necesidades de la gente pasan en la vida y no en la pantalla, que es una cajita de humo y, como tal, se diluye pronto. Chau, hasta el Sábado… Show.