POR ANALÍA FILOSI
La televisión, como medio que se mete en nuestra casa casi sin pedir permiso, exige como código que sus protagonistas definan roles: el periodista, el cómico, el informativista, la modelo... Esa definición permite que muchas cosas queden implícitas y que la sola presencia de la figura ya nos informe de qué va la cosa. El tema se complica cuando esa figura no tiene claro -o no la dejan tener claro- su papel en la pantalla chica. En Canal 12, hay tres ejemplos. El más notorio es el de Victoria Rodríguez, que un día entrevista a Laura Bush abordando tanto temas políticos como cotidianos, y una semana después conduce Miss Universo Uruguay. ¿Cuál es Victoria? ¿La que se juega al periodismo comprometido o la que pone la cara en un certamen frívolo? El segundo es Christian Font, que debutó en Planta Baja como el notero chistoso y eso lo llevó a Bien despiertos donde es... también el chistoso, pero que al mismo tiempo se sienta al lado de Gastón Solé para entrevistar a la Ministra del Interior luego de los violentos incidentes en una marcha contra Bush. ¿Qué hace ahí cuando minutos antes había titulado una noticia desde el lado del humor? Y el tercer caso es el mencionado Solé, que entró a Bien despiertos como un notero serio, "ascendió" a la conducción y a partir de allí pasó a la indefinición. Mientras se esfuerza por mostrarse como periodista serio, cosa que intenta también en Telemundo, en el magazine no dejan de tomarle el pelo. El problema es que en televisión, como en muchos órdenes de la vida, no sólo hay que ser, sino también parecer y, en lo posible, una sola cosa.