SABADO 1 de marzo de 2003- Año 85 -Nº 29297
Internet Año 7 - Nº 2407 | Montevideo - Uruguay
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Se estrenó "Pandillas de Nueva York", nominada a 10 Oscar
La epopeya de Martin Scorsese

NUEVA YORK. Erase una vez en esta ciudad un lugar llamado Five Points (Cinco Puntas), centro de un submundo de miseria, violencia y corrupción que por 1863 amenazó con acabar con los sueños de grandeza de Nueva York en momentos en que los mismos Estados Unidos debatían en la Guerra Civil su capacidad de supervivencia.

Fue allí -en lo que hoy es Chinatown- donde se instalaron los cientos de miles de inmigrantes irlandeses que escaparon de la gran hambruna en sus tierras. Venían cargados de ilusiones y esperanzas, pero la realidad con la que se encontraban era igual o más dura que la que dejaban atrás; la población nativa de origen británico los detestaba y bastaba una sola provocación para desatar una batalla entre ambos grupos desesperados por mejorar su posición.

"Fue el nacimiento traumático de una ciudad que llegaría a ser la más cosmopolita y abierta del mundo. En ese entonces, todo estuvo al borde de irse al diablo", asegura Martin Scorsese, de 61 años, que con su grandiosa "Pandillas de Nueva York" busca retratar un momento clave en la historia de ésta, su amada ciudad. "Cuando era chico, vivía en la calle Elizabeth, entre Prince y Houston, muy cerca de lo que fue Five Points y donde, irónicamente, están los tribunales" —relata Scorsese, sosteniéndose sus gruesos anteojos mientras habla a ese ritmo frenético que lo caracteriza en una sala del hotel Essex House—. "Era un barrio ítalo-americano, centrado en la antigua catedral de San Patricio, donde iba a misa todos los domingos y donde empecé a conocer las dolorosas experiencias de los primeros inmigrantes. Entendí que los ítalo-americanos éramos tan sólo una nueva ola de inmigración; los primeros fueron los irlandeses, ellos tuvieron que soportar los mayores sufrimientos para ser aceptados por este país. Si se quedaban en ese momento en Irlanda, con la hambruna, se convertían en caníbales; entonces, cientos de miles decidieron venir a Estados Unidos, pensando que sería fácil, que podrían tener libertad de religión, oportunidades ilimitadas y no ser discriminados. Pero eso era un ideal, la realidad era muy distinta, más parecida al Lejano Oeste, donde lo que valía era quién tenía las armas, el poder."

Protagonizada por Leonardo DiCaprio, Daniel Day-Lewis y Cameron Diaz, "Pandillas de Nueva York", cuenta la historia de Amsterdam Vallon (DiCaprio), hijo de un inmigrante irlandés asesinado por el líder de las pandillas nativas, el británico William Cutting, conocido como Bill, "el Carnicero". Tras 16 años en un orfanato, Amsterdam regresa a Five Points para vengar la muerte de su padre con su pandilla, los Conejos Muertos.

La película, basada en el libro homónimo que Herbert Asbury escribió en 1928, se convirtió en una obsesión para el director desde que descubrió la obra en la casa de unos amigos, a los 7 años. Su desafío más grande era recrear fielmente la Nueva York de mediados del siglo XIX. Y fue ésta la tarea más difícil en esta superproducción que costó 100 millones de dólares y estuvo plagada de problemas financieros y de libreto. Scorsese y un ejército de diseñadores encabezado por Dante Ferreti decidieron montar gigantescos sets en los legendarios estudios romanos de Cinecitta, que sirvieron para recrear tanto el constante movimiento del antiguo puerto neoyorquino como la decadencia del submundo de Five Points y las elegantes mansiones del Uptown.

Es, por lejos, la película más grande que he hecho. El costo, los días de filmación, los extras, los decorados, todo eso fue mucha presión, mucho tiempo, y desde la primera semana hubo retrasos y frustración, cuenta Scorsese, que según la prensa tuvo fuertes peleas con su productor, Harvey Weinstein (Miramax). "Nuestras personalidades ciertamente no ayudaron y magnificaron todos los problemas, lo que hizo que muchos pensaran que la película se nos estaba yendo de las manos", apunta.

–¿Siente el resultado final como una creación suya o como un compromiso con el estudio?

–No, creo que es mi bebé, pero todavía me siento demasiado cercano a él como para decir que está terminado. No estoy seguro de que haya terminado el filme y tampoco sé si quiero terminarlo, me gusta demasiado, me obsesiona. Lo amo, me enojo, lo gozo; no sé, estoy demasiado sumergido en él. Hay muchísima energía invertida en este filme. No creo que 30 años de sueños puedan condensarse en casi tres horas; yo quería más. Tenía más historias que contar, pero no hubiera podido, no me habrían dejado; esto es lo mejor que pude hacer bajo las circunstancias.

–Al final del filme, avanza hasta la Nueva York de la actualidad, pero termina con una toma de Manhattan con las Torres Gemelas incluidas. ¿Por qué decidió acabarla ahí y no con una imagen de la Nueva York sin las torres, como es hoy?

–Cuando terminamos de filmar no habían ocurrido los atentados del 11 de setiembre. En la edición lo pensamos, pero lo que quería mostrar en la película es lo grandiosa que terminó siendo esta ciudad. El sufrimiento, los valores y las acciones de mis personajes fueron los cimientos para levantar la Nueva York que conocemos. Lo que hagamos con ese hueco creo que nos definirá a nosotros, no a ellos.

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Por Alberto Armendáriz

(La Nación, GDA)



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