NUEVA YORK. Erase una vez en esta ciudad un lugar
llamado Five Points (Cinco Puntas), centro de un
submundo de miseria, violencia y corrupción que por
1863 amenazó con acabar con los sueños de
grandeza de Nueva York en momentos en que los
mismos Estados Unidos debatían en la Guerra Civil su
capacidad de supervivencia.
Fue allí -en lo que hoy es Chinatown- donde se
instalaron los cientos de miles de inmigrantes
irlandeses que escaparon de la gran hambruna en
sus tierras. Venían cargados de ilusiones y
esperanzas, pero la realidad con la que se
encontraban era igual o más dura que la que dejaban
atrás; la población nativa de origen británico los
detestaba y bastaba una sola provocación para
desatar una batalla entre ambos grupos
desesperados por mejorar su posición.
"Fue el nacimiento traumático de una ciudad que
llegaría a ser la más cosmopolita y abierta del mundo.
En ese entonces, todo estuvo al borde de irse al
diablo", asegura Martin Scorsese, de 61 años, que con
su grandiosa "Pandillas de Nueva York" busca retratar
un momento clave en la historia de ésta, su amada
ciudad. "Cuando era chico, vivía en la calle Elizabeth,
entre Prince y Houston, muy cerca de lo que fue Five
Points y donde, irónicamente, están los tribunales"
—relata Scorsese, sosteniéndose sus gruesos
anteojos mientras habla a ese ritmo frenético que lo
caracteriza en una sala del hotel Essex House—. "Era
un barrio ítalo-americano, centrado en la antigua
catedral de San Patricio, donde iba a misa todos los
domingos y donde empecé a conocer las dolorosas
experiencias de los primeros inmigrantes. Entendí que
los ítalo-americanos éramos tan sólo una nueva ola de
inmigración; los primeros fueron los irlandeses, ellos
tuvieron que soportar los mayores sufrimientos para
ser aceptados por este país. Si se quedaban en ese
momento en Irlanda, con la hambruna, se convertían
en caníbales; entonces, cientos de miles decidieron
venir a Estados Unidos, pensando que sería fácil, que
podrían tener libertad de religión, oportunidades
ilimitadas y no ser discriminados. Pero eso era un
ideal, la realidad era muy distinta, más parecida al
Lejano Oeste, donde lo que valía era quién tenía las
armas, el poder."
Protagonizada por Leonardo DiCaprio, Daniel
Day-Lewis y Cameron Diaz, "Pandillas de Nueva York",
cuenta la historia de Amsterdam Vallon (DiCaprio), hijo
de un inmigrante irlandés asesinado por el líder de las
pandillas nativas, el británico William Cutting, conocido
como Bill, "el Carnicero". Tras 16 años en un orfanato,
Amsterdam regresa a Five Points para vengar la
muerte de su padre con su pandilla, los Conejos
Muertos.
La película, basada en el libro homónimo que Herbert
Asbury escribió en 1928, se convirtió en una obsesión
para el director desde que descubrió la obra en la casa
de unos amigos, a los 7 años. Su desafío más grande
era recrear fielmente la Nueva York de mediados del
siglo XIX. Y fue ésta la tarea más difícil en esta
superproducción que costó 100 millones de dólares y
estuvo plagada de problemas financieros y de libreto.
Scorsese y un ejército de diseñadores encabezado por
Dante Ferreti decidieron montar gigantescos sets en
los legendarios estudios romanos de Cinecitta, que
sirvieron para recrear tanto el constante movimiento
del antiguo puerto neoyorquino como la decadencia
del submundo de Five Points y las elegantes
mansiones del Uptown.
Es, por lejos, la película más grande que he hecho. El
costo, los días de filmación, los extras, los decorados,
todo eso fue mucha presión, mucho tiempo, y desde la
primera semana hubo retrasos y frustración, cuenta
Scorsese, que según la prensa tuvo fuertes peleas con
su productor, Harvey Weinstein (Miramax). "Nuestras
personalidades ciertamente no ayudaron y
magnificaron todos los problemas, lo que hizo que
muchos pensaran que la película se nos estaba yendo
de las manos", apunta.
–¿Siente el resultado final como una creación suya o
como un compromiso con el estudio?
–No, creo que es mi bebé, pero todavía me siento
demasiado cercano a él como para decir que está
terminado. No estoy seguro de que haya terminado el
filme y tampoco sé si quiero terminarlo, me gusta
demasiado, me obsesiona. Lo amo, me enojo, lo gozo;
no sé, estoy demasiado sumergido en él. Hay
muchísima energía invertida en este filme. No creo que
30 años de sueños puedan condensarse en casi tres
horas; yo quería más. Tenía más historias que contar,
pero no hubiera podido, no me habrían dejado; esto es
lo mejor que pude hacer bajo las circunstancias.
–Al final del filme, avanza hasta la Nueva York de la
actualidad, pero termina con una toma de Manhattan
con las Torres Gemelas incluidas. ¿Por qué decidió
acabarla ahí y no con una imagen de la Nueva York sin
las torres, como es hoy?
–Cuando terminamos de filmar no habían ocurrido los
atentados del 11 de setiembre. En la edición lo
pensamos, pero lo que quería mostrar en la película
es lo grandiosa que terminó siendo esta ciudad. El
sufrimiento, los valores y las acciones de mis
personajes fueron los cimientos para levantar la Nueva
York que conocemos. Lo que hagamos con ese hueco
creo que nos definirá a nosotros, no a ellos.
.
Por Alberto Armendáriz
(La Nación, GDA)