SABADO 8 de febrero de 2003- Año 85 -Nº 29276
Internet Año 7 - Nº 2386 | Montevideo - Uruguay
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El verano trae los mariscos
El amplio mantel del mar

Hugo García Robles

Poco a poco ha venido creciendo el interés de los uruguayos por los pescados y mariscos. Quizá esta reacción, que nos amplía el menú fundamentalmente carnívoro, tenga explicaciones diversas que van desde lo dietético hasta el mero y tardío descubrimiento de cuanto manjar se obtiene con redes, palangres o cañas.

En todo caso ya no es excepcional que los peces propios, como la deliciosa brótola o los mejillones, que han sido siempre respetados en la clásica fórmula Provenzal, se vean en mucho sitios acompañados de otras especies que son importadas, como el salmón y la sorpresa de disponer de esturión y caviar elaborados en el país, en las instalaciones del Río Negro.

La experiencia de Sebastián Elcano con los frutos del mar es muy antigua y se remonta a la traidora espina de merluza que lo alejó por años de los productos marinos, espina que se clavó en su garganta oculta en el delicioso escabeche materno. Pero el padre rápidamente conjuró el tropiezo con un trozo de miga de pan que operó como un "sésamo ábrete" en el dolor agudo, borrándolo en un segundo.

Luego fueron las costas venezolanas del Caribe y las costas gallegas, sumadas a las marisquerías españolas, donde los mejores pescados y mariscos del mundo se dan cita. Esta verdad indiscutible, que sólo Chile puede disputar, se ha visto golpeada por el derrame de petróleo que es un verdadero drama ecológico, social y económico.

Pero el verano y las playas del Este ofrecen siempre una muy buena oferta de mariscos y pescados que sin duda encuentran su temporada en estas fechas.

Desde que el hombre existe, los frutos del mar han sido una de las primeras fuentes de alimento. Antes que la caza y aún que la pesca estricta, las orillas de lagos y mares en tiempo prehistóricos aseguraron sustento sano a nuestros antepasados. La prueba de ello son las montañas de valvas de moluscos (ostras, preferentemente) que se encuentran en las costas de América desde Alaska, pasando por Columbia Británica, Chile, California y Perú.

El comercio de estos alimentos era ya tan intenso en el Paleolítico Superior que se encuentran huellas de mariscos en lugares apartados del mar, como la estupenda vieira descubierta en la gruta de los Tres Hermanos en Ariege.

La fragilidad de los frutos del mar desde el punto de vista de su conservación movió algunas culturas y religiones a precaverse, tomando disposiciones que acercaban la teología a la cocina. Pero los griegos y romanos fueron ávidos consumidores de la fauna marina en general, tanto peces como moluscos y crustáceos.

En el libro de cocina de Apicio se encuentran recetas para preparar la langosta, aunque la gran pasión de Roma fue el universo de las ostras, de las cuales existen variedades numerosas. El naturalista Plinio cita a un experto llamado Muciano que distinguía en el Mercado del Foro los sabores de una docena de ostras de diferente procedencia. Las valvas limpias de las ostras servían para votar y por ello cuando la sentencia implicaba la expulsión del acusado se originó la palabra ostracismo.

Los crustáceos son dentro de los mariscos aquellos que tienen patas y una caparazón articulada, formada con el calcio del agua donde viven. Langostas, camarones, cigalas, bogavantes, camarones y langostinos integran esta denominación popular que los separa del pulpo y la jibia que, con las ostras, mejillones y almejas, son moluscos.

Veamos en una rápida recorrida que se ofrece a los comensales de algunos lugares que cultivan la preparación de los mariscos, tanto moluscos como crustáceos.

El Palenque (Mercado del Puerto, teléfono 9170190).

De acuerdo con la tradición gallega de los Portela, el mejor "pulpo a feira" de Montevideo se elabora allí. Tierno pero en su punto exacto, muscular y con el pimentón, el aceite de oliva y la clásica papa hervida, no tiene rival.

Al mismo tiempo dispone de Cigalas españolas que sirve en abundante porción, llevando a la mesa un brasero que las mantiene calientes. Las cigalas son semejantes a los langostinos pero con pequeñas pinzas. Es preciso tener la habilidad de hurgar en su caparazón o mejor succionarlo para obtener todo el sabor del mar.

Restaurante "Arcadia" (Piso 25 Hotel Radisson Victoria, Pza. Independencia).

En el excelente "buffet" que brinda a mediodía el "Arcadia", en el piso 25 del Radisson Victoria Hotel, es posible disfrutar de estupendas ostras chilenas.

Como se sabe, la manera ideal de comerlas es con un poco de limón y nada más. Días pasados Sebastián incurrió en ellas. Por su tamaño bastan con tres o cuatro para lograr una entrada deliciosa que se entiende muy bien con el Riesling 2000 de Los Cerros de San Juan. A pesar de que cabe la posibilidad de acompañarlas con el "wasabe" japonés, haga la experiencia de sorberlas directamente de la valva, animadas solamente con el cítrico y el propio jugo del Pacífico que traen esas ostras.

Y no olvide la frase de Jonathan Swift: "hombre audaz el que engulló por primera vez una ostra". De acuerdo con la historia se pierde en la noche de los milenios ese atrevido antepasado que nos reveló un manjar que no ha perdido su prestigio.



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