Pensando en volver

Tras ser el sector más importante en el primer gobierno de la izquierda, el Partido Socialista intenta mantenerse apelando a Vázquez, discutiendo su renovación y en medio de una disputa con el MPP.

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Eloísa Capurro

De las reuniones de la bancada frenteamplista no todos salen contentos. Los socialistas se van con el mal gusto de saberse meros espectadores en la obra del Movimiento de Participación Popular (MPP).

En vísperas de su centenario, el Partido Socialista (PS) se encuentra en un segundo plano, habiendo sabido lo que es acaparar la atención. De asumir la mayor parte de la responsabilidad política en el primer gobierno del Frente Amplio, la fuerza ahora ve llegar los proyectos de ley "ya cocinados" entre el MPP y Asamblea Uruguay o, peor, entre el MPP y Alianza Nacional (Partido Nacional). Todo gracias a un diálogo que se da fuera del Parlamento. Y, confirmaron fuentes que prefirieron el anonimato, hay resquemores.

No sólo bajaron sus números en el Ejecutivo (el hoy presidente José Mujica dijo que el PS era una "máquina de conseguir puestos" y quedó marcado a fuego). También se las tienen ver con las críticas que se levantan contra sus más importantes figuras, como el ex secretario de Presidencia, Gonzalo Fernández. Dicen ser las víctimas de una campaña política.

Pero algunas cosas son oportunidades. En el marco de los festejos de sus cien años, los socialistas comenzarán una serie de actos y charlas. Y, por qué no, tener un acercamiento con Vázquez, quien terminó su mandato devolviendo el carné de afiliado por diferencias con respecto al tratamiento de la ley que despenalizaba el aborto. La invitación ya está cursada para que el ex presidente dé una conferencia en un partido que sigue pretendiendo que vuelva a sus filas.

En ese panorama las peleas internas, con una lucha entre los llamados "renovadores" (conducidos por el actual secretario general Eduardo "Lalo" Fernández) y los denominados "ortodoxos" (liderados por el ex canciller Reinaldo Gargano), quedaron en segundo plano. Esas corrientes se partieron a su vez en otros pequeños grupos y hoy no hay un número preciso de cuántos sectores integran el PS. Además, ante los ataques de afuera, los socialistas se unen.

de hoy y de ayer. "Quizás el partido debería reflexionar cómo se manejó la relación entre la dirección y el presidente. No debería haber pasado de forma tan intempestiva", dice José Nunes, miembro del Comité Central y del Comité Ejecutivo del PS y afín al ala "ortodoxa". Los adjetivos se repiten entre los socialistas: "dolor", "golpazo", "frustración".

Optimista, Lalo Fernández se limita a contestar que "los tiempos permitirán un acercamiento". Sentado en su oficina de la sede del PS, luce cansado. Acaba de salir de la convocatoria parlamentaria a Daniel Olesker, ministro de Salud Pública y socialista -uno de los dos que hay hoy en el Ejecutivo, además del ministro de Industria, Roberto Kreimerman-. En la larga mesa de madera descansa sólo una foto: él y Tabaré Vázquez, oficina de la residencia de Suárez, año 2005. Abrazos, sonrisas. Hoy la relación personal se mantiene; la partidaria va por otro camino.

"No hemos hablado con él", aclara sobre los planes todavía pendientes para que en 2014, si es que el ex presidente se vuelve a presentar como candidato, lo haga con el carné socialista. Y rápido contesta que tiene también una foto con Mujica, pero todavía no la ha enmarcado.

No tendría por qué. En el gobierno de Vázquez hubo cinco socialistas en el gobierno (Gonzalo Fernández; Daisy Tourné y José Díaz en el ministerio del Interior; Reinaldo Gargano; Azucena Berrutti en Defensa; además del presidente). Eso sin contar los cargos ejecutivos y de dirección que tuvo el partido. Aunque ellos dicen que muchos cargos fueron por capacidad de gestión y no en respuesta a orientaciones políticas. Y aunque cuando hacen los números aseguran que sólo el 15% de los cargos de confianza eran socialistas.

De todas formas, hoy son apenas dos ministros. "No podemos decir que fuimos discriminados", asegura Fernández. "Quizás aspirábamos a que compañeros con buena gestión pudieran estar. Pero el que decide es Mujica". Fernando Nopitsch (ex director de Casinos) o Alicia Torres (Dinama) son sólo dos ejemplos entre los que se mencionan en la interna partidaria.

Así, lo quieran o no, las diferencias se van sintiendo. Cuando la senadora Lucía Topolansky (MPP) presionó públicamente a Vázquez para que definiera si sería candidato en 2014, los socialistas fueron los primeros en contestar que eso ahora no se discute. Ahora el gobierno, dijeron. "Cualquier planteo que se haga en esa línea no va a caer bien", agrega el secretario general del PS desde su despacho.

En la discusión presupuestal también el Partido Socialista (junto con el comunista) salió a plantear sus modificaciones, como los retoques al artículo 4° del Presupuesto.

Aunque ante todo, está la unidad. "Podemos tener diferencias, pero no adrede para enfrentar al MPP", dice Fernández.

pato que se asoma. "Hay que romper la boleta de facturas", dice Daniel Martínez. Desde su despacho de la Cámara de Senadores, se lo ve enérgico; dice tener muchas ganas de construir, que trabaja esté donde esté, que hay que ser frenteamplistas ante todo. Pero responde "dolor" cuando se le pregunta qué sintió con su frustrada pre-candidatura.

A la interna del PS todavía recuerdan que él era "el candidato de la gente", el popular, el que le aseguraba a la fuerza una votación histórica. Ese que todavía admite sentir el "reconocimiento" de la ciudadanía durante las giras que hace siete meses lo llevan por el interior del país junto al senador del Espacio 609 Jorge Saravia.

Y así se ven también las diferencias internas. El dirigente Nunes recuerda la falta de apoyo que hubo desde la dirección a la candidatura de Martínez. "En algún momento se debería reflexionar sobre las diferencias que hubo entre el congreso (del PS) y la dirección".

"Hubo cosas que fueron desviaciones. Los partidos son instrumentos, no fines. Y eso es algo a debatir en el Frente Amplio", dice por su parte Martínez. Habla de las trabas que tuvo en los congresos frenteamplistas. Para la Presidencia, debió retirarse; nadie quería una tercera candidatura. Para la intendencia no pudo contra la alianza entre MPP y PCU.

Su actual compañero de ruta, Saravia, tiene otra interpretación: "pato que asoma la cabeza, llama a los cazadores". Así recuerda las críticas de sectores del Frente Amplio que hablaban de que el PS se cortaba solo, con candidatos establecidos por fuera del Congreso. "La decisión de volver a ser candidato lo dirá la vida y la gente", dice hoy Martínez.

Pero no fue el único en problemas. A partir de la derogación del artículo 76 de la ley 2.230, el nombre de Gonzalo Fernández es centro de dos investigaciones políticas. Las diferentes versiones de lo que ha sucedido acapararon la prensa y despertaron también la preocupación de la militancia socialista, que se ha encargado de preguntar qué sucedió.

El partido da dos explicaciones. En voz alta aseguran que Fernández todavía tiene su confianza, que les "duele" la situación, que no cuestionan su ética. En voz baja hablan de que todo es una campaña política organizada para pegarle al partido y, por elevación, a Vázquez.

Pero el conflicto también reeditó el debate acerca de si las figuras públicas deberían o no mantener sus trabajos en la actividad privada. Nunes, es uno de los que ha planteado esta discusión a la interna de los órganos de dirección. El debate quedará pendiente hasta que terminen su trabajo las comisiones que analizan la conducta de Fernández.

Tradición, renovación. Los socialistas prefieren no hablar de corrientes ideológicas o sectores. Los llaman "sensibilidades". Pero reconocen que por lo menos hay tres: los "ortodoxos", los "renovadores" y los agrupados alrededor del ex secretario general del partido, Manuel Laguarda. Con el tiempo, cada una se ha partido en sectores más pequeños.

En la dirección son los "renovadores" quienes dominan (aunque tienen la necesidad de negociar), luego de ganar la secretaría general en el último congreso. Reinaldo Gargano (líder de los "ortodoxos") quedó relegado a la figura de Presidente, aunque su parecer todavía pesa. "Su opinión es muy considerada aunque en la dirección muchas de sus posturas no tienen la adhesión que tuvieron en otro momento", reconoció Nunes. Él, de hecho, le planteó Lalo Fernández la necesidad de un rol más activo de Gargano.

Pero esas pujas de poder comenzarán a verse recién ahora y durante el próximo año, cuando el PS emprenda un nuevo Congreso (este fin de semana tendrán uno departamental). Allí discutirán una moción de la dirección para renovar el "proyecto de democracias sobre nuevas bases", un documento escrito en la dictadura y que plantea la relación entre el partido político y la sociedad. También debatirán actualizar las tesis del partido.

Más en lo práctico, el PS emprende un proceso de expansión. "Hay algunas debilidades que el partido definió priorizar. Hay que renovar la presencia en el entramado social, destacó el diputado Julio Bango. Se refiere a la necesidad de expandirse en el movimiento sindical, las organizaciones base y el movimiento cooperativo. "En gobierno de Vázquez hubo una gran migración de cuadros del Partido Socialista y del Frente", agregó.

En los demás sectores los socialistas se mantienen fuertes. Tienen 11 legisladores, son la tercera fuerza electoral en Montevideo (votaron apenas un 2,4% menos que Asamblea Uruguay en las elecciones de 2009) y son la segunda fuerza con mayor número de ediles en los 19 departamentos del país. Por eso muchos hablan de un buen momento para la fuerza.

Pero en Montevideo, el interior y el Ejecutivo, gana el MPP. Algunos, como Nunes, hablan de la posibilidad de construir alianzas no sólo con el MPP sino con el resto de las fuerzas que aspiran al socialismo en la izquierda. "Sería interesante convocarlas para delinear las características de ese proyecto común. Pero ahora no está previsto un foro nacional", dice.

Otros quieren ahondar la renovación. "La fuerza, sobre la base de principios, debe ser capaz de renovarse constantemente para comprender y transformar la realidad que vive, aunque sin tirar atrás el legado", señala Bango.

Los números

Según el secretario general del PS, la cantidad de afiliados al partido se ha mantenido estable. Sus votos crecieron. En Montevideo en 2004 la lista 90 sacó el 12,13% de los votos; en 2009 fue el 14,62% del total.

El debate que fue rojiverde

Para conmemorar su aniversario, el Partido Socialista decidió cambiar su logo. En la Casa del Pueblo, sede de la organización política, aparece por todos lados un puño que toma con fuerza una rosa. Los colores que prevalecen son dos: rojo y verde. Aunque la decisión fue unánime, se discutió qué color privilegiar: si el rojo de la Internacional Socialista o el verde que ha caracterizado a las listas de la 90 desde siempre. Igual, aclararon fuentes de la dirección, no fue nada en comparación con la discusión que se dio en 1994 cuando el partido entró en un debate de cómo incorporar los colores frenteamplistas (rojo, azul y blanco) a su lista verde.

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