"En Uruguay no se comparte la información"

| El experto de la ONU habla de sus trabajos en África y sobre lo que nos falta aprender.

 20101029 345x230

Paula Barquet

Hace 17 años Máximo Halty partió a Mozambique contratado por Naciones Unidas. Allá ideó y dirigió un programa de desarme de ex combatientes que la organización por la paz mundial adoptó y replicó en una decena de países africanos. Doce años después le encomendaron la ejecución del mismo programa en Sudán, y se negó. Faltaba un paso previo que Halty entiende como "clave": la información. Sudán no tenía mapas, de modo que no se sabía dónde estaban sus pueblos, sus servicios ni sus conflictos. La propuesta del uruguayo fue montar un sistema de georreferenciación que los estudiosos de Harvard hoy catalogan como uno de los más innovadores del mundo.

De paso por Uruguay, el experto opina que nuestro país integra "el top 20 en cobertura de información", pero el problema es que la información no se comparte. Y asegura que un coordinador departamental como el que propone el presidente José Mujica, en estas condiciones, "está muerto antes de empezar".

-¿Cuál es su trabajo en Sudán?

-El proyecto nuestro es armar un sistema de información para la planificación y coordinación del gobierno y toda la cooperación internacional. Primero: dónde están los principales servicios, los mapas básicos. Y después, todo un proceso de identificación de las prioridades. Entender cuáles son los temas críticos, cuáles son las dinámicas de los actores locales, para poder definir bien las prioridades de intervención. Eso es lo que estamos haciendo ahora, y ese es un trabajo que está causando bastante impacto en Naciones Unidas, entre otras cosas porque hay creciente interés de implementarlo en otros lados, como Irak o Afganistán.

-¿Es un proyecto ideado por usted?

-Sí. Yo me inspiré en un trabajo que vi en Colombia. Ellos aplicaron un sistema de tecnologías de georreferenciación al tema de la reducción de la violencia. Empezaron en Bogotá hace unos 10 años, siguieron en Medellín. Bogotá pasó de ser de las ciudades más peligrosas de América Latina a ser una de las menos peligrosas. Y lo que se hizo fue un sistema de seguimiento epidemiológico de la violencia.

-¿La clave es la información?

-La clave no es sólo la información, sino también el comprender un fenómeno como la violencia en su complejidad, y no responder con las clásicas respuestas simples: "hay que poner más policías" o "hay que meter presos a todos los niños". Son las clásicas recetas fallidas, que no dan respuesta al fenómeno porque éste no se conoce. Armar la política desde el conocimiento completo del proceso permite un impacto mucho mayor. Pero además, el mismo sistema sirve para la coordinación de los distintos actores, y para medir impactos casi en tiempo real.

-Usted señala que la solución no es poner más policías ni encarcelar adolescentes, y ambas cosas suenan conocidas acá. ¿Uruguay debería pensar en algo similar a la respuesta colombiana?

-Sí, sí. Absolutamente. Yo trabajé, hace muchos años, con políticas sociales acá. Desde ese entonces sigue faltando la capacidad de generar sistemas de información para la toma de decisiones que puedan abarcar las realidades a través de los distintos sectores. Y que sean, además, capaces de entregar la información lo más parecido a tiempo real.

-Pero hace años que en Uruguay se habla de lo intersectorial, de resolver los problemas en red… ¿Y?

-Y no pasa. En eso, una de las cosas que viví al hacer este trabajo en Naciones Unidas es que se gastan dinerales locos en armar sistemas de información, oficinas de información, sistemas nacionales de información, gabinetes de coordinación y coordinadores, como ahora se está discutiendo acá. El tema es que si no tenés montados los sistemas de información, la regla simple que me dicta la experiencia es que la cantidad de coordinación que se logra es inversamente proporcional al presupuesto de la coordinación. Cuanto más presupuesto, menos coordinación. Porque todo el mundo huye despavorido de la coordinación.

-¿Por qué?

-Porque la coordinación sin información es, en realidad, simplemente otro nivel de autoridad. Lo que trata de hacer cualquier coordinador sin información es gobernar por dictamen. "Ustedes tienen que hacer tal cosa y ustedes tal otra". Y ese coordinador suele ser más ignorante en temas específicos que cualquiera de los que está en el sector. Por lo tanto, casi siempre se equivoca en las recomendaciones que hace. Entonces todos huyen e intentan hacer las cosas por separado sin que el coordinador se entere. Lo primero que tenés que montar es una plataforma común de información.

-¿Qué es una plataforma común de información?

-Bueno. La técnica de cómo juntar y distribuir la información es tan importante como el concepto. Vos podés decir que lo importante es tener toda la información. Pero en la época en que la información eran libros o cuadernos, o incluso ahora que en muchos casos son archivos de Excel en distintas computadoras, nadie puede juntar toda la información. Juntar información en masa arriba de una mesa no sirve si nadie la puede ver, comprender y utilizar. Entonces, muchos de los esfuerzos que se han hecho en ese sentido no han servido porque no tenían las herramientas adecuadas. Hoy uno de los temas clave es la utilización de sistemas de georreferenciación, o mapas de soporte digital, donde tú podés presentar bases de datos completas y las podés ligar al soporte geográfico. Ponés en relación las distintas bases de datos, entonces tenés una masa de información pero vinculada y ordenada territorialmente.

-Y una vez que se tiene la información georreferienciada, ¿qué sigue?

-Al poder visualizar el problema en el mapa, rápidamente lo podés relacionar con una serie de dimensiones sociodemográficas, de estructura urbana. La respuesta será una sumatoria de las distintas respuestas. Y la coordinación será consecuencia de haber compartido la información. No se trata de un coordinador que se supone que todo lo sabe diciendo a los demás lo que tienen que hacer. No existe el iluminado.

-¿Pero sí tiene que haber una figura por encima del sistema?

-Claro, pero ahí la coordinación se convierte en un sistema de apoyo y monitoreo de los acuerdos programáticos que se van haciendo, y parte del sistema de información. Porque además, el sistema se debe alimentar constantemente.

-Esas herramientas, ¿son caras? ¿Son difíciles de conseguir o manejar?

-Son baratas, simples, fáciles de manejar, y cada vez más fáciles de conseguir. Lo que está pasando es que es un área extremadamente dinámica. Para cualquier país del mundo es una oportunidad.

-¿Cómo ve a Uruguay en ese campo?

-Lo potencialmente magnífico del Uruguay es que debe ser de los países con mejor información sobre su realidad en el mundo. Es el país más fácil de conocer y el que más se conoce. Porque cada centímetro cuadrado de Uruguay está clasificado, mapeado, disponible. Es apabullante en términos relativos. Hay pocos países que tengan el cuadriculado informativo del Uruguay.

-¿Entonces estamos bien?

-Estamos muy bien, no bien. Estamos excelente. El gran problema está en las herramientas con las que se junta esa información y sobre todo con las que se transmite. Los sistemas de información están totalmente cerrados a todos, incluso a los usuarios locales. La Policía junta información pero no hace casi nada con esa información, o muy poquita cosa, porque la junta de mala manera. Y no está diseñada para ser compartida en tiempo real con los actores con los que sería importante compartirla. Lo mismo pasa con el sistema médico. O con el Instituto Nacional de Estadística, que tiene una información que se utiliza en una fracción de su potencialidad. Vos mirás el sector educativo y tiene información de todo. Salón por salón, cuántos niños, quiénes son los profesores. ¡Todo! Lo que pasa es que muchas cosas todavía están en cuadernos, o nadie sabe bien dónde. Y el 99% de la información no sale de ANEP. Entonces, no se usa como se debe utilizar, pero la información está. No hay que empezar de cero.

-En ese sentido, ¿cómo interpreta la iniciativa de los coordinadores departamentales?

-Creo que es un síntoma de que seguimos encarando los viejos problemas de la misma manera. Tenemos problemas de coordinación, entonces nombramos coordinadores. Ese no es el encare. O sea, tenemos problemas de coordinación porque no tenemos sistemas de información complejos, intersectoriales, modernos y en tiempo real. Y vamos a seguir teniendo esos problemas hasta que montemos esos sistemas. No hay otra alternativa. No sirve armar coordinadores y sistemas de coordinación. Las oficinas de Naciones Unidas tienen todas el mismo problema: no funcionan. El quid del asunto es tener esos sistemas y herramientas. Porque hacen que lo que conceptualmente venimos diciendo hace tiempo -porque nada de esto es novedoso, y todos sabemos que el desafío está acá-, finalmente se resuelva. Hoy se trata de cuestiones técnicas.

-¿Cuánto salió el trabajo en Sudán?

-Todo el proceso, unos siete millones de dólares. Sudán es 10 o 15 veces más grande que Uruguay. Y no tiene ni cerca la misma información. No son cifras grandes dentro de la relación impacto potencial y costo. Es una eficiencia altísima.

-¿Sabe si alguien ha tenido iniciativas a nivel nacional?

-Mi experiencia en Uruguay es que cada vez que pensás en algo novedoso, ya hay alguien que lo está haciendo. Uruguay es un país muy moderno en muchos sentidos. El mayor drama es que todo el mundo funciona en sus pequeñas chacritas. Cada uno está paradito ahí y quiere información para su chacrita sin saber nada de la de al lado. Ahí viene la intención, que cada tanto pasa, de "necesitamos un coordinador de chacritas". Pero el coordinador de chacritas está perdido, está muerto antes de empezar. Porque nadie le va a dar la información, entonces se va a dedicar a gritar. Y los dueños de las chacritas se van a dedicar a esconderse. Ese approach no sirve. Ya lo probamos mil veces y siempre fracasó. Lo que hay que montar es un sistema inter-chacritas de información. Cuando lo tenés montado, se acabó el problema de coordinación porque, de hecho, ya nadie controla la información. Entonces planificamos juntos, porque no tenemos más remedio.

-¿Es viable que esto se aplique en Uruguay en el corto o mediano plazo?

-Es una decisión de gestión, que en sector privado la toma el manager y en el sector público, el Ejecutivo. Es una decisión, hay que tomarla. Nosotros lo implantamos en seis meses.

-Pero no necesariamente el Ejecutivo está al tanto de esto, ¿no?

-Lo primero es, claro, que se sepa que se puede. Y además, que es fácil.

Evitar conflicto

Máximo Halty, uruguayo de 54 años, ha trabajado como consultor para varios organismos internacionales (entre ellos el BID y el Banco Mundial) para más de 40 países. Desde 1993 se ha desempeñado como diseñador y director de programas de post-conflicto, en la Organización Internacional de Migraciones y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. A nivel mundial es considerado experto en temas de desarme, desmovilización y reinserción de ex combatientes, y en reducción de la violencia armada. Ha gestionado programas de esa índole en Mozambique, República del Congo, República Centroafricana, Somalia, Islas Solomon, Macedonia y Sudán. Hace tres años lleva adelante un programa de sistemas de información para la planificación estratégica de Naciones Unidas en Sudán. Dirige un equipo de 40 personas, más de la mitad sudaneses, que en seis meses recabó la información de seis estados de ese país. En Sudán, uno de los principales conflictos proviene de la actividad pastoril. Los pastores son grupos itinerantes que mueven su ganado en función de las lluvias, generando resistencia con los agricultores establecidos y las comunidades locales. Se supone que hay reglas de por dónde deben pasar, y a lo largo de esos caminos hay puntos de agua. Pero no todos los pozos funcionan, entonces tienen que ir por otros, invadir zonas de cultivo o usar los del pueblo. Eso se suma a los problemas tribales y al contexto de guerra entre norte y sur, con un frágil acuerdo de paz firmado en 2005. El equipo comandado por Halty tiene como objetivo relevar cuántos pozos de agua hay que hacer para aliviar la tensión y en qué lugares. Lo que la ONU ofrece al gobierno sudanés es la metodología y la herramienta, no el contenido de la política. El proyecto ha sido adoptado por las autoridades sin mayor resistencia y los documentos elaborados se consideran oficiales.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar