Eloísa Capurro
En el taller que lleva su nombre en la Facultad de Arquitectura, el arquitecto Conrado Pintos propuso un ejercicio a sus estudiantes: hacer otra Biblioteca Nacional. "Es casi uno de esos edificios que se juegan en contra. Es terriblemente deprimente", opina. Eso le valió que el ex director de la Biblioteca, Tomás de Mattos, hablara de su cátedra como la de "edificios patológicos". Desde su estudio, Pintos opina sobre qué otras cosas le faltan a la capital.
-¿Qué edificios de la ciudad habría que reformar?
-Uno recuerda los edificios a los que habría que defender, que son los primeros que suelen ser maltratados y que son los que más pérdidas generan. Mucha de la arquitectura a proteger lo está. Pero todavía falta echar una mirada más rigurosa sobre edificios contemporáneos.
-¿Cómo evalúa el desempeño de la Comisión de Patrimonio en ese sentido?
-En general está muy limitada por una ley, que es muy difícil de manejar, y ha protegido edificios pero en general son de la década de 1940 y 1950. Es difícil encontrar edificios más cercanos que gocen de una protección y son los que en general con más facilidad se los arruina o con más frivolidad.
-¿Podría dar algunos ejemplos?
-Seguimos sufriendo el caso de la Solana del Mar (parador turístico en Punta Ballena que fue reformado en 2008), de nivel mundial de calidad que fue desnaturalizado groseramente por una actuación ignorante permitida no se sabe cómo. Hace poco tuvimos que ver el edificio del Sindicato Médico del Uruguay, al cual un banco le metió una agencia a prepo, calzada al nivel del volumen bajo, arruinándolo gratuitamente. Hay cosas que no logro explicarme. Cuando veo por ejemplo al Instituto de Profesores Artigas absolutamente maltratado, inutilizado, usado como soporte de una cartelería que no tiene por qué estar pintada directamente sobre un edificio. Degradado. Y eso es el Instituto de Profesores. Los edificios universitarios están todos impecables y allí cuando estudiantes o docentes tienen algo que decir, cuelgan carteles que luego se sacan y el edificio no sufre.
-¿Es culpa sólo de los graffitis?
-Creo que no. Si te fijás, los graffitis no sólo han aumentado su calidad gráfica exponencialmente, sino que están metidos en muros que no son propiamente de edificios valiosos, o por lo menos no lo son de edificios valiosos. En general se graffitean tapias de baldíos o muros que ya están en ese tipo de cortocircuito.
-¿Hay suficientes oportunidades para los arquitectos nacionales?
-La mayor parte de las oportunidades provienen de un circuito de encargos privados que se mueven con un determinado tipo de pautas en las cuales hay una respuesta profesional que no es demasiado extendida. Hay una concentración fuerte en algunos sectores. Algunos son muy buenos. Otros no tanto.
-En el ambiente estatal, ¿cuán usado está el instrumento del concurso?
-Sería bueno que determinados sectores como es la obra estatal usaran con más frecuencia este instrumento. Por más que en términos arquitectónicos sea una autoexplotación porque tenés 40 o 50 personas trabajando para una oportunidad. De cualquier manera tiene aquello de que se trabaja sobre normas que son comunes a todos, se compite lealmente, hay jurados especializados y como es a nombre tapado, se elige por el producto. El año pasado y el anterior empezaron a haber más, pero hacía tiempo que estaba en desuso. Podría ser una figura mucho más frecuente.
-¿Qué ejemplo pondría usted de una obra estatal que se haya adjudicado por medio de un concurso?
-El año pasado estuvo el caso del Brou, en una actitud ejemplar. Entre el directorio del Brou y el de Antel -que en su momento procesó la adjudicación de la Torre de las Telecomunicaciones, que se hizo por adjudicación directa- hay 180 grados de diferencia en al actitud. Y no estoy hablando del profesional elegido.
-¿Hay en la ciudad un boom de la construcción?
-Por suerte no hay un boom, que son situaciones absolutamente deformadas, que terminan mal y generan mucha basura. Se construye mucha porquería. Creo que se está construyendo normalmente y espero que surjan situaciones que sean estables.
-¿Qué necesita la arquitectura de Montevideo hoy?
-Uno escuchaba los programas durante las elecciones municipales y uno extraña una cierta cuota de audacia, de pensar una propuesta que no sea lo que ya todos sabemos. Todos sabemos que la basura hay que recogerla, que el alumbrado y que la seguridad... Acá hubo gente con el coraje político y con la visión como para haberse jugado a construir una rambla estupenda, que además en su primer tramo es de una calidad material que cuesta encontrar en el mundo y que le dio la cara a Montevideo. Nadie está pidiendo una obra de esa magnitud, pero sí que se vean ejemplos.
-¿A qué cosas deberíamos prestar más atención?
-Rompimos el Centro, acumulamos basura sobre basura, no de los contenedores sino de marquesinas, y equipamiento urbano mal hecho. En todos lados eso se ha revertido. Ciudad Vieja es un ejemplo clarísimo. Fue una discusión eterna hacer tres cuadras de una peatonal, y acá está con la gente pidiendo más, con la ciudad recuperándose. Creo que hay oportunidad y hay que saberla ver. Hay que recuperar la generosidad.