Ignacio Quartino, desde Buenos Aires (*)
Cada vez que No te va gustar o La vela puerca agotan las localidades de un estadio de Buenos Aires cientos de adolescentes, a modo de ritual, apelan a un cántico de hinchada para aclarar que a argentinos y uruguayos "las papeleras no nos van a separar". Estos mismos chicos, que deliran con los temas del grupo de Emiliano Branccari, también cantan "somo´ argentinos, somo´ uruguayos, pero chilenos no", lo que provoca la inmediata -y criteriosa- reacción del cantante que pide tolerancia y respeto por los que no tienen esa condición de rioplatense.
Diego Forlán presentó en Madrid el libro, ¡U-ru-gua-yo! ¿Hay que explicar que el título de esta biografía se debe a un reconocimiento que los hinchas del fútbol argentino les hacen a los futbolistas uruguayos que se convierten en ídolos de sus clubes? ¿Qué chico que alguna vez aspiró ser jugador de fútbol en Uruguay, no soñó con que le canten eso desde la tribuna? Santiago Silva, delantero de Vélez Sarsfield, gracias a sus goles ya sabe de memoria esa canción que suena como música para sus oídos.
Ari Paluch es conductor de El exprimidor, un referente de la radiofonía argentina. Su programa tiene un segmento para los chicos cuyos padres escuchan la radio mientras viajan rumbo al colegio. La propuesta es jugar con los chicos que deben responder preguntas sin decir ni sí ni no, ni blanco ni negro. El juego comienza al escuchar la orden que dice: "al botón de la botonera, chin pum fuera". A quienes les suena conocida esta frase, seguramente habrán escuchado un cassette de Canciones para no dormir la siesta. Increíblemente, este tema que animó a generaciones que ahora rondan los 25 o 30 años, en la década de 1980, ahora lo escuchan los escolares argentinos.
Otro asunto que interesa es el Plan Ceibal que estuvo en la agenda de todos los medios argentinos incluyendo la foto en la que el ex presidente Vázquez hizo entrega de la última ceibalita que generó sana envidia al otro lado del río.
El mensaje llegó a las autoridades argentinas. Esteban Bullrich, ministro de educación porteño (funcionario de confianza de Mauricio Macri), anunció que iniciaría gestiones para mantener un encuentro con su actual par uruguayo, Ricardo Ehlrich. Por su parte, la presidenta argentina, Cristina Fernández, anunció el 6 de abril que iniciaría la entrega de tres millones de computadores a todos los liceales. "El sueño de igualdad fue largamente perseguido en estos 200 años de historia. Este programa, en este mundo contemporáneo, es un absoluto instrumento de igualdad para superar la brecha digital", indicó la presidenta el día que hizo el anuncio.
Dos semanas después de que José Mujica participara del almuerzo de empresarios organizado por Juan Carlos López Mena, ante más de 400 hombres de negocios argentinos, en el hotel Conrad, Fernández también convocó a empresarios a participar de un almuerzo en la residencia de Olivos. Una vez que se autorizó el ingreso de cámaras para que documentaran la disertación de la mandataria, esta no dudó en tirar algunos dardos a la prensa (considerada por su marido, Néstor Kirchner, la principal fuerza opositora de su gobierno) por no reflejar que ella siempre está afín a mantener instancias de similares características a la que tuvo Mujica en el Este.
Pero evidentemente lo uruguayo, sobre todo en el ámbito político, parece estar de moda en Argentina. Hace 10 días, cuando José Mujica asistió a la asunción de las nuevas autoridades de Ancap e hizo su discurso sobre el rol que los funcionarios públicos deben ejercer ante las empresas estatales, no faltó medio que elogiara sus palabras. Marcelo Longobardi, periodista y conductor de uno los programas más escuchados de Radio 10 (la líder en audiencia) cerró su editorial con el discurso de Mujica, para dejar en evidencia el modo de proceder de la clase política argentina.
La sociedad uruguaya también quedó muy bien parada cuando el año pasado CQC realizó una cámara oculta en la que se ponía a prueba la honestidad de los reparadores de aire acondicionado. En el informe se mostraba cómo la producción desconectaba una pieza del equipo para que el mismo dejara de funcionar. Hecha la trampa, convocaron a cinco técnicos para detectar la falla y presupuestar el arreglo. Cuatro de ellos eligieron abusarse del cliente y estimaron que el arreglo costaría arriba de 100 dólares. Sólo uno dijo que el equipo de aire acondicionado no tenía nada. Era uruguayo. Para colmo, esta misma cámara oculta se hizo después en Uruguay y el saldo de operarios honestos fue de 4 a 1.
La mayoría de los casos citados parten de personajes que "consumen" lo que llegó de Uruguay y no precisamente se trata de vedettes que se instalan en los programas de chisme de la tarde para pelearse.
Una lectura simple de todo este rejunte de historias sería que mientras los uruguayos consumimos "lo malo" de los argentinos, ellos eligen "lo bueno" de nosotros.
Sin embargo, no hay que obviar opiniones de aquellos argentinos que vivieron la experiencia de trabajar en Uruguay y después regresaron a Argentina.
En ese sentido, me quedaron grabadas las declaraciones de Jorge Lanata cuando lo entrevisté en 2007, dos años después de su paso por la televisión uruguaya. El periodista se llevó opiniones que difieren con la imagen de país, honesto, culto y educado (un clásico nuestro).
Para Lanata trabajar en Uruguay se convirtió "en una asignatura pendiente", pero gracias a esa experiencia se sintió en su derecho de ser crítico con lo que vivió: "Uruguay me parece más hipócrita y provinciano de lo que pensaba. Lo que pasa es que los uruguayos tienen buena prensa de sí mismos. Se venden bien. (…) pero después resulta que tiene tres amantes y roban en el trabajo, y nadie dice nada. Igual me siento cerca de Uruguay hasta por razones familiares. Mi bisabuelo era uruguayo. Pero nunca pude laburar bien".
Pero Lanata no es el único argentino que tiene una visión crítica. En otros ámbitos, que exceden al periodístico, se me hizo recurrente escuchar testimonios de argentinos que vivieron y trabajaron en Uruguay, a los que les impacta la capacidad de algunos de conformarse con lo que se tiene. No cabe en la cabeza de un argentino (mucho menos de un porteño) esa habilidad del uruguayo medio de decir "para qué tener más, si así estamos bien".
Nos guste o no, para la mayoría de los argentinos, así estamos bien.
La cuestión. ¿Cómo nos ven ahora los argentinos a los uruguayos?
Ignacio Quartino
Es desde hace cuatro años el corresponsal de El País en Buenos Aires. Además es el redactor responsable de la publicación mensual nacional, Freeway.