Viernes de tarde en la explanada del Teatro Solís. Más de 30 personas mueven su cuerpo guiados por la música de un saxofón y un acordeón. Están haciendo una intervención urbana como muestra final de un curso que les llevó un mes y los "recibió" de docentes en esa materia. El proyecto se llama DanceAbility.
La danza no es sólo de personas. También participan sillas de ruedas y muletas, aquellos "objetos que les facilitan el movimiento y que también están en el espacio físico", explicó Florencia Martinelli, directora de DanceAbility en Uruguay. Cuatro o cinco de los bailarines de esa tarde sufrían alguna discapacidad motriz, y sin embargo, participaban igual. Es que se trata de un "movimiento abierto a todo el mundo" e "inclusivo", en el que se busca "la diversidad de conciencia en el trabajo", señaló Martinelli.
En pequeños grupitos se abrazaban, se empujaban, se levantaban "a caballito" o se acostaban en el suelo. Interactuaban y formaban figuras con las sillas de ruedas. "Lo que permite DanceAbility es bailar, comunicarse a través del movimiento, desarrollar conciencia corporal y dialogar con la diversidad", destacó la encargada.
Algunos se detuvieron por la calle a mirar. Otros eran familiares con cámaras de fotos. En total, unas 50 personas observaron la muestra, que se basó en gran parte en la improvisación. Según Martinelli, la improvisación "aumenta la percepción del tiempo y el espacio".
DanceAbility es un proyecto internacional que hace tres años trabaja en Uruguay. Acá tienen un grupo de investigación, brindan talleres de formación y clases regulares en la escuela Roosevelt. El año pasado obtuvieron un lugar en los fondos de incentivo del Ministerio de Educación y Cultura. Eso les permitirá exponer algo similar a lo que hicieron el viernes 26 en el Solís, pero en escuelas y liceos de Montevideo, y con financiamiento empresarial.