Desde el estallido del terrorismo internacional, los atentados suicidas han sido una constante en la vida pakistaní, un país que aparece en las noticias por los muertos que resultan de estos ataques y por la preocupación estadounidense a raíz de su frágil frontera con Afganistán. Pero hay otra cara de Pakistán. La cara de la vida diaria. En Lahore, la ciudad más poblada de la provincia de Punjab, las mujeres caminan entre la niebla, los niños juegan sobre una lona y los hombres de mercado siguen vendiendo sus productos. A pesar del caos y del terror, la gente sigue su rutina.