Fabián Muro
Luego de 13 años de columnas e intervenciones en el debate político desde las páginas de El Observador, uno de los más notorios representantes del pensamiento liberal en Uruguay, Ramón Díaz, se retiró momentáneamente de la discusión pública. Pero dice que pronto volverá a escribir regularmente sobre los temas que lo apasionan: la política, la economía y la historia. Desde su nueva vivienda en la rambla de Pocitos, entre un montón de libros de popes del liberalismo, el ex presidente del Banco Central dice que volvería a ocupar ese puesto si su amigo Luis Alberto Lacalle se lo pide. Y que no se toma en serio lo que dice José Mujica.
-¿Por qué cree que la actual crisis económica mundial se produjo?
-Porque se hicieron las cosas de una manera disparatada. Estos episodios son inevitables en la economía y forman parte de sus patologías. De todas formas, no lo estudié a fondo, es lo que me surge de la información que tengo.
-Existe una noción muy extendida en el mundo de que esta crisis, con las repercusiones que tuvo -entre ellas la intervención estatal en la economía- es una suerte de certificado de defunción sino del capitalismo, sí de algunos de sus aspectos.
-Tonterías. No hay alternativa al capitalismo. El mundo no tiene nada más que eso: economía de mercado espontánea. ¿O usted conoce algún socialismo que funcione? No lo hay, obviamente. Rusia, con la ayuda de Estados Unidos, derrotó a Alemania. Y luego dejó de existir por sí sola. Porque no tenían ni para comer. ¿Cómo se puede comparar eso con Estados Unidos? Claro que Estados Unidos no es perfecto, pero ¿por qué habría de serlo? Sé que muchos reclamaron y siguen reclamando que el Estado intervenga, que se meta a manejar aspectos de la economía de mercado. Ese es un camino que llevará a que las cosas empeoren. ¿Qué hicieron los chinos? Dijeron: "Un país, dos sistemas". Un sistema político y otro económico. No hay nadie que pueda evitar ir en esa dirección. Si fuese posible ir por otra, ya se habría hecho.
-¿Entonces el buen funcionamiento de una economía de mercado no es un requisito necesario, imprescindible, para garantizar una sociedad democrática y que asegure libertades?
-No, claro. Es lo que demuestra el caso chino. No hay democracia, es una dictadura. Pero la economía funciona y es muy exitosa.
-¿Cómo ha lidiado Uruguay con los efectos de esta crisis?
-Acá el impacto fue menor. No hemos sufrido las consecuencias que sí afectaron a otros países. Tuvimos repercusiones, pero el máximo daño que hemos tenido es una pequeña contracción. Creo además que todo el mundo está recuperándose de esta crisis. Aquellos que piden intervención estatal en la economía lo hacen porque quieren acceder al poder. Pero nadie que tenga una noción de lo que es el funcionamiento de los mercados puede pensar que estos episodios desordenados que hay de vez en cuando puedan evitarse.
-Usted fue presidente del Banco Central. ¿Ha seguido la gestión de los que lo sucedieron?
-Sí. No tengo ninguna crítica. Han hecho lo que tenían que hacer, incluso los actuales jerarcas de izquierda. También es cierto que este gobierno no se ha caracterizado por ser muy socialista que digamos en lo que se refiere a las políticas que ha llevado a cabo.
-Mucha gente de izquierda lo ubica a usted como un claro representante de lo que es la derecha en este país. ¿Usted qué piensa de eso? ¿Se siente demonizado por la izquierda?
-No me preocupa mucho. Puede ser, pero no me entero. Decididamente, soy partidario de un sistema con economía de mercado. Me dicen neoliberal, y eso no existe. Soy un liberal, punto.
-¿Le pareció bien que José Mujica haya dicho que en materia económica iba a entrar lo más a la derecha posible?
-Es un personaje. No se puede tomar muy serio lo que dice. Lo que opine ese señor me tiene sin cuidado. Respecto a la política económica de este gobierno hay que tener en cuenta que de los cinco años de gestión, cuatro de ellos fueron de una bonanza extraordinaria. No recuerdo en mi larga vida -tengo 83 años- un período de tanto crecimiento económico como éste. ¿Es mérito del gobierno eso? No lo creo. Pero tampoco creo que sea un demérito del gobierno lo que ocurrió después.
-¿Y la idea de que algunas empresas públicas puedan participar de las actividades de la Bolsa de Valores?
-Eso me parece muy positivo. Más positivo, sin embargo, sería deshacerse de esas empresas. ¿Qué sentido tiene que el Estado tenga a Ancap, que siempre dio pérdidas? ¡Ninguno! Excepto perder plata y hacer negocios desastrosos. Esto es algo que viene desde hace mucho tiempo en nuestro país. El Estado no tiene que meterse en la economía, es un disparate.
-Volviendo a la bonanza que se terminó. El futuro gobierno, sea cual sea, va a tener que enfrentar una situación económica menos favorable. ¿Qué le parece imprescindible hacer?
-Dos cosas: una es deshacerse de las empresas públicas, como dije recién. Otra, abrirse más y más. Uruguay fue un país sumamente próspero, y abierto, en el siglo XIX. Estamos en un rincón del mundo entre dos gigantes, uno de los cuales, Argentina, es insuperable en cuanto a los errores que comete. Recuerdo muchos gobiernos argentinos malos, pero como el actual, ninguno. Si gana Lacalle ya sabemos a qué atenernos, ya lo conocemos. Lo otro es un misterio. Pero creo que si gana el Frente en el primer round podría ser desastroso. Porque podría llegar a ser algo similar al actual gobierno argentino.
-¿Le pareció que Luis Alberto Lacalle cometió un error al hablar de la motosierra y cortar el gasto público?
-Todos cometemos errores. Pero si vamos a lo esencial, el recorte del gasto público, la idea que expresó es correctísima. Tenemos una cultura de lo público en Uruguay que es muy mala. Su presidencia fue la mejor que tuvimos en muchos años. No soy blanco ni colorado, pero si Lacalle me necesita lo voy a ayudar en lo que pueda.