Agonia de la lluvia

San José padece una de las más severas sequías de las que sus habitantes tengan memoria. El sol se lleva el agua y también el optimismo de un departamento que hace un año imaginaba un futuro pujante y próspero.

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El País

Fabián Muro, en San José

Luis Minini saca un par de peces enlodados de la escasa agua que aún queda de lo que era un pequeño arroyo al lado de un camino en la zona de Guaycurú. Los peces se convulsionan un rato en la tierra y luego son devueltos al charco, que sigue encogiendo bajo los rayos de sol. "Pobres bichos", dice Minini y sube de vuelta al camino.

Arriba lo esperan otros bichos, para los cuales también se emplea el mismo adjetivo por estos días: pobres. Son unas pocas vacas a las que sacó a pastorear. En sus once cuadras de campo, ubicado tras un repecho en el camino, no queda mucho pasto. Y aunque tuviera con qué comprar forraje, ya no quedan muchos que quieran vender algo que puede ser la diferencia entre mantener la vaca o mandarla al frigorífico por un precio bastante menor al que la compraron (como ejemplo, varios productores dijeron que llegaron a pagar hasta mil dólares por un animal que hoy se vendería a 300).

Las vacas de Minini se ven, por ahora, saludables aunque no están precisamente gordas. "Y lo peor está por venir, cuando llegue el invierno", se lamenta, aunque lo hace entre risas. Está pensando en que no tendrá mucho para alimentar a sus vacas cuando lleguen los fríos si la sequía sigue.

Además, debe hacerse cargo de una deuda. Hace poco, obtuvo un préstamo de 3.700 dólares en el Banco República para hacer un pozo, pero la flamante construcción da cada vez menos agua. Jura que si zafa de esta será la última vez que se endeude. Como todos, espera que llueva.

Un poco más adelante por el mismo camino, otro pequeño productor, Alejandro Montes de Oca, sale a ver a sus vacas, que junto a las de otro propietario se metieron en el arroyo Paso del Rey. Entre bostazos y chorros de orina, las vacas toman y se refrescan mientras Montes de Oca las observa. También él, que arrienda unas pocas hectáreas cerca del arroyo, lamenta lo poco que le ha dado el cielo en los últimos 14 meses. "Las opciones son cada vez menos. Si esto sigue, no voy a poder quedarme a trabajar acá porque la renta a pagar sigue siendo la misma, cuando el litro de leche bajó de 9 a 4 pesos. Podría ir a trabajar en un frigorífico, pero como está la situación, no sé si me van a contratar".

En el kilómetro 108 de la Ruta 3, campo adentro, vive Juana Mercedes Silva, conocida entre algunos vecinos como la Nena. Su rancho fue destruido por un temporal hace ocho años, el mismo año en el cual murió su hermano, la única persona que la acompañaba.

Ahora, con 70 años, vive rodeada de animales: 18 gatos, tres perros, unas cuantas gallinas y nueve vacas, a las que dejó ir hasta el Paso de las Piedras, una corriente de agua que antes de la sequía era peligrosa para vacunos y humanos pero que hoy no inspira respeto alguno.

Silva tiene un pozo a unos cien metros de la construcción de lata en la que vive desde aquel temporal. Va con unos cacharros a buscar agua y muestra las marcas del nivel del pozo antes que empezara la sequía y el actual. La diferencia será de unos tres metros hacia abajo, aproximadamente. "Ya no tomo de esta agua porque se formaron unos hormigueros cerca del pozo", dice y explica que el movimiento de las hormigas hizo que cayeran varias hojas al pozo, que fermentan. Ahora depende de algunos vecinos, y del terrateniente al que todavía le cuida el campo, para abastecerse del líquido.

LA ESPERA. La campaña, en el departamento de San José, tiene por estos días un único tema de conversación y preocupación: la sequía. Y aunque todos esperan por el agua, nadie mira esperanzado hacia arriba. Todas las miradas van hacia el suelo, cada vez más duro y seco. Varios días antes de que el presidente Vázquez interrumpiera su licencia y saliera a recorrer el sur uruguayo en helicóptero, el jefe de bomberos del departamento, José Ribeiro, había hecho junto a otros un vuelo similar. La vista para él era predominantemente amarilla.

La espera por la lluvia, además, tampoco genera comentarios sobre el futuro. Al contrario. Todos hablan del pasado y recurren a su memoria. "Nunca habíamos tenido una seca como esta", dice entre otros el director departamental de OSE, el ingeniero Álvaro Roland. "Hace veinte años que trabajo acá. El año que vine hubo una sequía y nos preparamos para algo similar a lo que está ocurriendo ahora, pero esa vez llovió antes y nos salvamos", comenta mientras señala hacia el Río San José, cada vez menos caudaloso. "Antes, el agua entraba a nuestras instalaciones por la fuerza de la gravedad, pero ahora tenemos que usar tres bombas para sacar los 400.000 litros de agua que extraemos por día". Eso, dice, le genera más fragilidad al sistema, dado que hay más chances de que algo se rompa. Y como tampoco hay repuestos, la tarea de Roland y los 10 trabajadores de la planta no da lugar para el optimismo.

Si fuera por él, las restricciones al suministro de agua para la ciudad ya se hubiesen implementado, pero hasta el cierre de este artículo eso no había ocurrido.

Lo que sí determinó OSE en el departamento fue disminuir la presión con la que el agua sale de la canilla, además de enviar menos litros de agua potable hacia la ciudad: de 10 millones de litros por día a aproximadamente ocho millones. "Como esto es una situación excepcional y crítica, tuvimos que tomar medidas como esas. Y estamos haciendo todo por cuidar al máximo el agua", afirma el ingeniero, quien minutos antes de charlar con Qué Pasa había salido a cortar el suministro para una persona que estaba recibiendo agua potable y la vertía en un tajamar para darle de beber a sus vacas. "El agua que se entrega para los animales es una, y la que se entrega para consumo humano, es otra", explica Roland.

El argumento no satisface al hombre que no quiere dar su nombre, y que arrienda una parcela de tierra frente a su casa. "Acá tuve una pérdida de agua durante meses. Un vecino, lo mismo. Y OSE no hizo nada. Claro, en estos días salen con todo", dice indignado antes de retirarse del pequeño tajamar.

CONFLICTOS. Ahora que el agua escasea, los reproches se hacen oír en cada conversación. Que el gobierno no previó, que OSE no hizo lo suficiente, que los productores no tomaron recaudo, que la entrega de agua se coordinó demasiado tarde, que es muy poco lo que se entrega. La queja, a diferencia de la lluvia, no escasea.

Sin embargo, como todos los consultados repiten, hace más de un año que el cielo no arroja la suficiente cantidad de milímetros de agua sobre el departamento. Una de las dificultades para enfrentar la ausencia de lluvia tiene que ver con el fenómeno mismo de la sequía. Un documento elaborado por la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO, por sus siglas en inglés) y publicado el año pasado, establece que la sequía difiere de otros peligros naturales por varios factores. Entre ellos, que no existe una definición universal y que tampoco hay un único indicador que identifique con precisión cuándo comienza.

Además, el informe agrega que los impactos son difíciles de cuantificar y los efectos son acumulativos, lo que magnifica el daño a la tierra con el paso del tiempo. "La ausencia de una precisa y universalmente aceptada definición puede llevar a la confusión respecto a si hay sequía y cuán severa es (…) Esta confusión a menudo afecta el proceso que determina si se toman medidas o no".

Aún así, cuesta creer que alguien puede haberse sorprendido o sentido desprevenido por algo que se viene gestando desde hace más de un año. Y que probablemente vuelva a ocurrir: "A menudo, una vez que termina la sequía cae en el olvido. Consecuentemente, los gobiernos vuelven a estar mal preparados cuando ocurre la próxima vez", de acuerdo al mismo informe.

El presidente de la Asociación Rural del departamento, Andrés Camy, contempla parte de un campo suyo sembrado con maíz. La vista no es alentadora: unas plantas enanas que serán cosechadas antes de tiempo para rescatar lo que se pueda. "Ahora, todo da pérdida", dice y agrega que la situación de la industria lechera es la más severa.

Camy admite que los productores rurales tienen fama de quejosos. Tal vez por eso hace lo posible por no incurrir en la misma actitud. Repite que tiene como para aguantar todo el verano, dado que tanto él como otros integrantes de su familia cuentan con una estructura de negocios que les permitirá sobrellevar la situación.

Agrega que para otros, como aquellos que no pueden poner un "pastor eléctrico" (alambre electrificado que impide que la vaca entre a buscar agua a un tajamar donde puede quedar atrapada por el barro y morir), la situación es bastante peor. "Hasta ahora se me murieron ocho animales y yo, como decía, tengo una situación algo más privilegiada. Por supuesto, nadie se imaginaba que esto iba a ser tan grave. En aproximadamente un año, pasamos de un extremo a otro. De la mejor situación que podía imaginarse, a la peor. A esto hay que tomarlo como una guerra: atrincherarse y esperar que pase el verano. Los que somos creyentes, además, nos reafirmamos en nuestra fe".

POLÍTICA. Sergio Quian, cuya estancia queda camino hacia el pueblo Mal Abrigo, es otro de los productores afectados. En su destartalada camioneta recorre su extenso campo, "uno de los que tiene más pasto", comenta entre carcajadas mientras contempla un suelo al que le faltarían algunas rayas negras para ser idéntico a la bandera de Peñarol.

A él se le murieron más de 50 vacas, cuenta, muchas de ellas preñadas. Cuando llega al encuentro, Quian ya hace un buen rato que está sudando la camisa. Sube a cronista y fotógrafa a la camioneta y comienza el recorrido. A todo trapo y a los saltos conduce hacia tajamares casi secos, muestra vacas muertas, grita, ríe, lanza diatribas y se detiene un momento para ver el trabajo de la excavadora que contrató para agrandar y profundizar otro tajamar. El tour concluye en menos de diez minutos. "Muchas gracias", dice, se sube a una moto y sigue, al mismo elevado ritmo que ofició de "guía de sequía". Como muchos otros productores de la zona, también él pide intervención gubernamental.

Camy, quien tiene legisladores por el Partido Nacional en su familia, lamenta que la situación se haya politizado tanto: "Nos dificulta las gestiones de las gremiales", dice. Al lado de una 4 X 4 muy sucia, señala la "planchada de espera", el lugar donde esperan las vacas antes de ser ordeñadas y donde la bosta es reina. "Antes la lavaba, ya no. El agua es oro puro ahora. No se puede gastar en limpiar la planchada o la camioneta".

Aunque la reacción vino tal vez demasiado tarde -el 21 de noviembre se empezó a distribuir agua potable para las familias más afectadas y la Junta Departamental trató el tema por primera vez el 29 de diciembre- el comité de emergencia formado por intendencia, Policía, Bomberos, Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (Mgap), OSE y Ejército, ya coordinó varias acciones. Al último le tocó el reparto de agua potable. Todos los días, menos los domingos, llega un fax de la intendencia al Batallón N° 6, con el destino y la cantidad de litros a entregar.

Como todos los pedidos están centralizados en las oficinas municipales, se comenta por lo bajo que el agua se está convirtiendo en una herramienta política, dado que la directora de la Unidad de Desarrollo del municipio, Mercedes Antía, será candidata a diputada. "No me ha llegado ningún tipo de crítica, y si me llegara la pelearía, porque acá no se le pide fidelidad política para entregar un recurso que es de todos", sostiene Antía.

El edil frentista Horacio González, en tanto, acusa al intendente Juan Chiruchi de haber politizado la situación que se vive en el departamento, además de afirmar que las intendencias nacionalistas siempre se manejaron en base a un accionar clientelístico y discrecional. González reclama, basándose en una declaración de todos los ediles, que se le deje participar a la Junta Departamental en el comité de emergencia, algo que hasta ahora no ha tenido en cuenta el intendente. "Pero en lo que hace a la gestión de Antía para el reparto de agua potable, no tengo elementos para afirmar que la distribución se haga con un criterio así".

El teniente coronel Arturo Merello, encargado de distribuir el agua potable desde el Batallón N° 6, afirma que el reparto es equitativo y que se intenta cumplir con todos. "Aunque no somos los que decidimos a quién sí y a quién no, se está trabajando conjuntamente con otras autoridades, algo que es positivo. Además nos han enviado otro camión cisterna, con el cual podemos aumentar la cantidad de agua que se reparte por día".

Por lo general se entregan de mil a 1.500 litros de agua potable. En cada destino, la gente intenta aprovechar y pide más agua para poder darle a los animales, aunque sepa que para el ganado está el camión de Vialidad, del Mgap. "A veces, hay que ser rigurosos y decir que no", comenta el alférez Carlos Marín, uno de los soldados que ese día realizó parte del recorrido .

Y siempre surgen imprevistos. En el viaje seguido por Qué Pasa, a uno de los dos tanques de 2.000 litros se le salió la gruesa manguera y el agua salía a raudales. El otro se partió y hubo que improvisar un parche para tapar el agujero. El destinatario del agua la miraba correr impotente, mientras los soldados subían y bajaban del camión para frenar la pérdida. Mientras, el sol seguía convirtiendo en amarillo aquello que era verde. u

(Colaboración: José Luis Álvarez)

Las culpas de la seca

Así como algunos se encomiendan a la fe para encontrar fuente de esperanza, otros buscan las razones para explicar el momento de desazón que se vive en San José. Hay quienes opinan que lo que está ocurriendo actualmente en el departamento es el resultado de un "combo letal", una combinación de factores que responden a causas diversas. Una es el cambio climático, una anomalía ecológica consecuencia, entre otras cosas, del calentamiento global, que afecta y afectará de distintas formas a la producción de alimentos. Otra son los grandes vaivenes en los precios internacionales de los alimentos y combustibles durante el año pasado, que hoy determina que los altísimos precios de granos, carnes y otros alimentos que generaron disturbios y muertes en varias partes del mundo, se hayan desplomado. Los fenómenos económicos, son de difícil comprensión para cualquiera. El presidente de la Asociación Rural, Andrés Camy, expresó el desconcierto de muchos: "Dicen que la información es vital para el mundo globalizado, pero esa información te lleva a cosas como esta. Invertís en una vaca un día y al otro día esa vaca vale mucho menos que la mitad del precio inicial. Tengo un amigo economista que me dijo el otro día `gracias a Dios que hay meteorólogos, no somos los únicos que le erramos`.

Hacer como hacen en Israel

La directora de la Unidad de Desarrollo de la intendencia Mercedes Antía, encargada de recibir los pedidos de agua, también es productora rural. Tiene un tambo, pero a diferencia de muchos otros, sufre menos las consecuencias de la ausencia de agua, ya que desarrolló el riego como método de mantener el pasto verde. "Estuve becada en Israel para aprender cómo se desarrolla este método y creo que tenemos que aprovecharlo acá. Hasta ahora, los productores locales que usamos este método somos minoría y hubo una resistencia inicial a incorporarlo. Pero veo que hay cada vez menos interés en depender exclusivamente de la lluvia. Me gustaría que muchos adopten el riego para sus establecimientos. Esta sequía nos tiene que dejar una enseñanza".

Disputas por los espacios políticos

Campañas

Las guerra de declaraciones entre autoridades municipales y nacionales por la sequía, volvió a ubicar al intendente Chiruchi en el centro de la atención. Desde la oposición local, en tanto, se le reclama que se efectúe la compra de la máquina perforadora que fue aprobada en el presupuesto de 2005.

Litros repartidos por los verdes

Delivery de agua

De acuerdo al teniente coronel Arturo Merello, del Batallón de Ingeniería Mecánica N°6, hasta el 2 de enero se habían entregado más 170.000 litros de agua a distintos pobladores y productores del departamento y apenas 132 fardos de forraje para alimentación animal.

Carencias

Aliado de la seca

Los incendios en el campo son los acompañantes naturales de la sequía. Sin embargo, hasta el cierre de este informe, tanto los bomberos como los militares, que asisten en la lucha contra las llamas, destacaron la precaución con la que se había manejado la población del departamento. "Se entendió que el riesgo es muy grande y aunque hemos tenido varios incendios, la situación no ha sido hasta ahora tan grave como la que se registró en otros departamentos", afirmó José Ribeiro, jefe del destacamento de bomberos de San José.

Fardos codiciados

No solo el agua es ansiada en el campo de San José. Con el pasto cada vez más seco y escaso, los fardos de forraje para alimentar a las vacas también se codician. Éstos no solo subieron de precio. Uno de alfalfa o cebada, que son los que aportan nutrientes, puede llegar a costar hasta 50 dólares la unidad, cuando hasta hace pocos meses costaba 25. Algunos productores que pensaban vender fardos ya cambiaron de opinión y se los guardan para sus propias vacas, mientras otros, de acuerdo al tambero y edil frentista Antonio Castro aprovechan la sequía para agrandar su caja.

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