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Rajemos. Alguna vez la Caja Bancaria fue el refugio con mejores beneficios para un retiro. Hoy nadie quiere subirse a ella.
La Caja Bancaria, uno de los estandartes de aquel Uruguay que soñaba con ser bancario, tiene tantos problemas que gremios cercanos a su área influencia se niegan a aceptar su cobijo. El gobierno quiere que los trabajadores de casas de crédito aporten a esa caja, pero estos dicen que no van a una institución desfinanciada. Muchos coinciden: el dinosaurio estaría al borde del precipicio.
Clásico. Los directores de Aduanas, siempre anuncian fórmulas para combatir un mal crónico y que parece incombatible.
Si no fuera tan desalentador sería hasta simpático. El nuevo director de Aduanas, Ricardo Prato, que asume el jueves, anuncia que intentará darle un "perfil policial". Ojalá sirva de algo, pero lo cierto es que, desde siempre los jerarcas de Aduana anuncian su propia impronta a la gestión y terminan renunciando sin muchos avances y después de un tropezón mayúsculo. Buenas intenciones.
Ruina. El hotel Carrasco sigue allí como símbolo enorme de que en Uruguay las cosas siempre se pueden hacer de la manera más difícil.
Convendría revisar si no está construido sobre un cementerio indio. El Hotel Carrasco no solo era parte de una estructura de casinos en los que siempre perdía la banca, sino que desde que se lo intenta abrir al mercado privado no ha sido más que un problema. Cuando todo indicaba que se acercaba una solución todo se llena de dudas, disputas y sospechas. Da un poco de pena verlo ahí parado tan lleno de posibilidades y con aspecto cansado.
Sitiados. Ambientalistas que andan las piñas, es cosa poco vista. El conflicto de unos pocos se podría estirar, dicen, hasta 2010.
Teniendo en cuenta que el fallo de La Haya recién estaría pronto para 2010 y que entonces el gobierno argentino se dispondría hacer algo contra los piqueteros de Gualeguaychú, es de esperar mayores trifulcas. La testarudez que revelan las imágenes de un hombre sangrando y con una venda de historieta, deja claro que el conflicto sólo le importa a tres tipos pero de los que pegan. Es el problema de tener los vecinos más locos del mundo.
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