FERNÁN R. CISNERO
El hombre obeso que terminó su vida entre publicidades de vinos, películas por compromiso y decenas de proyectos inconclusos, fue alguna vez un niño prodigio. Es que Orson Welles ya sabía de precocidad cuando apenas veinteañero le dio al mundo, una lección de cine disimulada en un largometraje: El ciudadano. Por eso cuesta imaginarlo así enorme y desinteresado, que fue como lo alcanzó la muerte el 10 de octubre de 1985. Fue un genio y a los de esa estirpe no se les pide explicaciones.