-¿Qué sintió el martes en el homenaje a su marido, el ex presidente Jorge Pacheco, en la Junta Departamental?
-Mire: la gente es inmortal mientras haya quienes lo recuerden. Diez años después de muerto sigue levantando polémica, y hay gente que lo venera y lo respeta. Hay otros que lo conocieron y fueron informados de otra forma, claro.
-Hubo ediles oficialistas que hicieron sentir su profunda disconformidad con el homenaje...
-La consigna en 1982 era "dentro del Partido Colorado, liquidar a Pacheco", como el Dr. Tarigo, y después fueron reconociendo su figura. Él ayudaba al que gobernaba. Gobernó en tiempos difíciles, en situaciones extremas y ahí hay que tomar medidas extremas. Me llena de orgullo que diez años después se sigan intercambiando impresiones. Hay gente que ha evolucionado en su forma de pensar. Y otros que escucharon una sola campana.
-¿Ayer se sintió incómoda en algún momento?
-No, no, en ningún momento. Al contrario, le agradecí al presidente de la Junta la presencia de quienes lo acompañaban. Y saludé a cada uno de los ediles, a los que hablaron a favor y en contra. Aún en la disconformidad, esos últimos dieron su opinión. Me encantarían que escucharan la otra campana.
-Si escucharan su campana, ¿qué les diría de Pacheco?
-Que fue un gran estadista, un gran líder y como tal la mitad del país lo quería, y la otra mitad no. Él gobernó como gobernó porque pensó que era lo mejor para el país, y con la Constitución en la mano, como lo reconoció Líber Seregni. A medida que fueron asumiendo distintos gobiernos, los apoyó: desde Sanguinetti, Lacalle y hasta a Vázquez como intendente.
-Por lo visto, usted reivindica la figura política de su difunto marido, ¿no?
-Por supuesto, yo soy super pachequista. Antes de conocerlo ya era pachequista. Fue lo mejor que le pudo pasar al Uruguay en aquel momento. Gobernó en el momento justo, cuando se necesitaba una persona fuerte, pero firme. Una persona con coraje para tomar decisiones.