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Las secuelas de cuatro décadas de comunismo
una herencia maldita en Europa del este

En Hungría, la enésima crisis acaba de dejar en minoría a los socialistas en el gobierno. En República Checa, la actividad parlamentaria está paralizada desde hace casi dos años. En Bulgaria, el fracaso en la lucha contra la corrupción y el crimen organizado ha terminado con la destitución de cuatro ministros. En Lituania, está en el poder el Ejecutivo número 14 de los últimos 16 años. Mientras tanto, los enfrentamientos entre presidente y primer ministro en Polonia y Rumania marcan a diario la agenda política.

Casi dos décadas después del fin del comunismo, los países de Europa del Este aún no alcanzan sistemas democráticos estables. En realidad, la vida política de la región vive en agitación casi permanente desde 1989, cuando cayó el Muro de Berlín. Las cuatro décadas de totalitarismo dejaron secuelas difíciles de borrar. "Todavía no se ha desarrollado una cultura política democrática", afirma Jiri Pehe, director de la Universidad de Nueva York en Praga.

Las causas son múltiples: escasez de formaciones políticas fuertes tras años de reinado de un partido único; ausencia de líderes fuertes; sistemas políticos que fomentan el enfrentamiento entre jefes de Estado y de Gobierno; mayores desigualdades y la eterna corrupción. Las turbulencias se han reactivado paradójicamente desde la entrada de estos países en la Unión Europea. "Entrar en la UE era un objetivo que unió a todos, pero ahora hacen falta reformas que no siempre son populares y la cosa se complica", explica Peter Balazs, de la Universidad Central Europea en Budapest.

La profunda transformación experimentada dejó muchos perdedores: "Los que no se han hecho ricos con las privatizaciones, los que no están calificados para los nuevos trabajos, los que han visto cómo el padre Estado ya no reparte cheques para pagar la calefacción aunque siguen cobrando pensiones de miseria… todos esos perdedores son caldo de cultivo para el populismo y el nacionalismo", explica Piotr Maciej Kaczynski, del Centro de Estudios Políticos Europeos en Bruselas. En los últimos años del comunismo y los primeros de la transición, surgieron movimientos que contribuyeron a la vuelta de la democracia, como el sindicato Solidaridad de Lech Walesa en Polonia. Todos ellos con una única cosa en común: la oposición al comunismo Cuando se disolvieron a mitad de los 90, dejaron un vacío que fue llenado por partidos de todo tipo e ideología.



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